El aplauso continuaba retumbando en sus oídos, pero Elisa ya no podía escuchar nada más que el frenético latir de su propio corazón. La sonrisa perfecta en su rostro comenzó a temblar ligeramente mientras sus pensamientos se arremolinaban en su mente. *"Esto no es lo que quiero. Nunca lo quise."* Le comenzaba a faltar el aire ella sabía que estaba apunto de tener un ataque de pánico y que tenía que salir de ahi
De manera casi instintiva, su mirada buscó una salida. Las puertas principales estaban demasiado lejos, pero una pequeña puerta lateral, apenas visible tras una cortina, llamó su atención. Sin pensarlo dos veces, comenzó a caminar hacia allí, sus pasos rápidos pero elegantes, aún bajo el escrutinio de decenas de ojos curiosos.
—¿Elisa? —Victoria notó su retirada—. ¿A dónde vas?
Pero Elisa no respondió. Sus manos temblaban ligeramente cuando empujó la puerta y salió al pasillo. El aire fresco de la noche golpeó su rostro cuando finalmente salió por una puerta de servicio. Afuera, la ciudad seguía latiendo con vida, indiferente al caos que ella llevaba dentro.
Un automóvil negro con chofer aguardaba en la salida trasera, y sin dudarlo, Elisa subió.
—Lléveme lejos de aquí —dijo con voz firme—. No importa a dónde, solo... conduzca.
El auto arrancó, dejando atrás la opulencia del evento y el peso de las expectativas.
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Horas después
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Elisa estaba en la parte trasera del auto, perdida en sus pensamientos, cuando su teléfono comenzó a sonar. El número era desconocido, pero contestó de todos modos.
—¿Señorita Elisa? —La voz al otro lado era firme, pero preocupada—. Disculpe que la contacte, pero es urgente. Soy el guardaespaldas asignado a la señorita Brenda. El que usted contrato para cuidar a la señorita pero ha sucedido algo.
El corazón de Elisa se detuvo por un instante.
—¿Brenda? ¿Qué le pasó? —preguntó con el pulso acelerado.
—Está en un bar en el centro, bastante alterada y… borracha. No quiere hablar con nadie y no me deja acercarme. Pero… creo que debería venir. —
—Envíeme la ubicación. Voy para allá ahora mismo.—
Elisa colgó y dio una orden inmediata al chofer. Mientras el auto cambiaba de dirección, Elisa cerró los ojos por un momento, intentando controlar el torbellino de emociones que la consumía.
*"Brenda… por favor, espérame."*
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En el bar
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El lugar era ruidoso, caótico y lleno de luces de neón. Elisa, con su elegante vestido negro y su porte impecable, desentonaba completamente con el ambiente decadente del bar. Pero no le importó.
—¿Dónde está? —le preguntó al guardaespaldas al verlo en la entrada.
—En el fondo, cerca de la barra. Pero tenga cuidado, está… muy molesta.
Elisa avanzó con paso firme, esquivando cuerpos tambaleantes y risas estridentes. Finalmente, la vio. Brenda estaba sentada en un taburete, con la mirada perdida en su vaso casi vacío y una expresión rota en el rostro.
—Brenda… —Elisa habló con suavidad, pero su voz fue clara.
Brenda levantó la mirada, y sus ojos, vidriosos por el alcohol y las lágrimas, se clavaron en los de Elisa.
—¿Tú? ¿Qué haces aquí? —Su voz era un susurro amargo—. ¿Vienes a darme otro discurso bonito antes de volver a tu torre de cristal?
—No… —Elisa negó con la cabeza mientras daba un paso adelante—. No vine a hablar, vine por ti. No puedo dejarte así.
—¡No necesitas salvarme, Elisa! —Brenda se puso de pie tambaleándose—. ¡Tú elegiste tu vida perfecta, tus secretos, Tus Mentiras ! ¡No te necesito!
Elisa sintió que algo dentro de ella se rompía, pero no retrocedió. Al contrario, avanzó y tomó suavemente las manos de Brenda.
—No elegí nada de eso… —susurró con voz quebrada—. Huyo de ello cada día. Pero si algo he elegido realmente, es estar aquí contigo, ahora.
Por un momento, Brenda la miró en silencio, como si buscara alguna señal de mentira en sus palabras. Pero no encontró ninguna.
—Vamos a casa —dijo Elisa finalmente—. Por favor.
Brenda soltó un suspiro tembloroso y, sin decir una palabra, asintió. Elisa la rodeó con un brazo y la ayudó a salir del bar, mientras el guardaespaldas las seguía a una distancia prudente.
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En el auto
El viaje fue silencioso. Brenda apoyó su cabeza en el hombro de Elisa, respirando profundamente mientras intentaba mantenerse consciente. Elisa, por su parte, miraba por la ventana, sus pensamientos enredados en un caos de emociones.
—No voy a dejarte, Brenda —murmuró Elisa, aunque no estaba segura de si Brenda la había escuchado.
Pero no importaba. Elisa había tomado una decisión aquella noche:
Haría que Brenda la perdone, que la Amara de nuevo, la Enamoraría. Ella no dejaría ir de nuevo a Brenda. No hasta que Brenda le pida que se marche.
Ella había Eligido a Brenda.
No se rendirá con ella.
No la volvería a dejar ir como hace 5 años.
Aunque la pelinegra la quiera lejos.
Aunque Brenda la odie por lo que su madre le hizo a su familia.
Ella protegería a Brenda.
Ella siempre Amaria a Brenda.
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No quiero
soltar tu recuerdo,
no quiero admitir
que la vida se puede sin ti.
Para:Brenda
~Elisa
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