Los días que siguieron a aquella cena parecían transcurrir con la rapidez de un sueño fugaz. Elisa se sumió de nuevo en el torbellino de la vida corporativa, donde cada reunión era una nueva batalla por demostrar que estaba a la altura de lo que su apellido representaba. Las horas se deslizaban sin piedad entre informes, decisiones frías, y las interminables expectativas de su madre, la presidenta de la empresa, que nunca dejaba de recordarle que su rol dentro del imperio Galina debía ser impecable.
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Brenda, por su parte, estaba atrapada en su propio mundo. La fotografía, aunque era su pasión, también le exigía mucho. Viajes constantes para capturar la esencia de conciertos y eventos, el bullicio del trabajo nocturno, el constante movimiento que la mantenía alejada de cualquier anhelo por el pasado. Su vida se había llenado de nuevas caras, de nuevos lugares, pero en algún rincón de su mente, Elisa seguía estando ahí, presente, como una sombra suave que se negaba a desaparecer.
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Ambas, a pesar de estar tan ocupadas, no podían dejar de pensar en lo que había sucedido aquella noche. El vino tinto, las risas compartidas, el brillo en los ojos de Elisa cuando hablaba de su infancia en ese restaurante. Brenda había sentido una conexión, un resquicio de algo que había sido importante, algo que no se podía dejar ir tan fácilmente. Pero el peso de los años pasados, la traición, la dolorosa revelación de que Elisa era una Galina, la hija de la mujer que destruyó a su familia, hacía que cada intento de acercarse fuera una batalla interna. ¿Sería justo para ella misma? ¿Podría olvidar lo que había hecho Elisa, lo que representaba su apellido?
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Pasaron días sin que ninguna de las dos diera el primer paso. Elisa pensaba en Brenda en momentos fugaces, pero rápidamente apartaba esos pensamientos, abrumada por las expectativas de su madre y su mundo corporativo, que parecía no tener espacio para algo tan frágil como una amistad o relación rota. Sin embargo, en lo más profundo de su ser, sentía un vacío. Como si algo le faltara, una parte de ella que nunca había sido realmente reconocida. No podía dejar de recordar el brillo en los ojos de Brenda, la forma en que la había mirado cuando hablaron sobre el restaurante y su relación con el chef Carlos. Había sido un momento genuino, un momento que se sentía más real que cualquier otra cosa que hubiera experimentado en los últimos años.
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Brenda, en sus momentos de calma, cuando la luz del sol ya se había apagado y la ciudad se transformaba en un mar de luces titilantes, pensaba en Elisa. La veía en su mente, sentada en aquella mesa, sonriendo con una suavidad que solo había mostrado en esos pocos momentos de vulnerabilidad. Recordaba lo que le había dicho sobre la sencillez de aquel restaurante y cómo Elisa parecía desprenderse de todo el peso de su apellido por un instante. Pero, luego, el pensamiento la atormentaba. ¿Cómo podía confiar en ella después de todo lo que había pasado? Elisa era parte de esa familia. La familia que había pisoteado a su propia familia sin piedad. Sin embargo, el recuerdo de las miradas compartidas, la vulnerabilidad en los ojos de Elisa… ¿Podría acaso la amistad que una vez tuvieron superar todo eso? Brenda no lo sabía, pero en el fondo, una pequeña chispa de esperanza seguía ardiendo, esperando que algo, algún día, cambiara.
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Una mañana, Elisa se despertó con la sensación de que algo estaba fuera de lugar. Se miró al espejo mientras se arreglaba para una reunión importante, pero no pudo evitar notar que la sonrisa que se dibujaba en su rostro no era completamente suya. Había algo que le faltaba. A lo largo de los días, había sido testigo de su propio desgaste, de cómo sus pensamientos y sentimientos se habían desdibujado, arrinconados por las obligaciones. Pero lo peor de todo era que no podía dejar de pensar en Brenda. La imagen de su rostro, la forma en que se había abierto aquella noche, como si todo lo que había sido un muro entre ellas finalmente hubiera caído.
Esa tarde, cuando ya estaba en su oficina, con un océano de papeles y correos electrónicos por delante, Elisa decidió que debía hacer algo. Tomó el teléfono, dudó un momento y, finalmente, marcó el número que no había marcado en años. Solo se habían hablado por mensaje desde su reencuentro.El sonido del timbre fue como un eco en su pecho. Cuando la voz de Brenda respondió al otro lado, un nudo se formó en su garganta.
—Hola, ¿Brenda? —dijo Elisa, tratando de sonar lo más natural posible, aunque sus manos temblaban ligeramente.
Brenda, sorprendida, tardó un momento en responder, pero al final dijo con voz cálida, aunque un tanto vacilante:
—Elisa… ¿qué tal?
La conversación fue corta, tímida al principio. Hablaron de trabajo, de los pequeños detalles de la vida cotidiana, pero había algo en la tensión de sus voces que no se podía esconder. Ambas sabían que había más entre ellas, pero ninguna de las dos estaba segura de cómo atravesar esa distancia que se había creado a lo largo de los años.
—¿Te gustaría salir a tomar un café este fin de semana? —preguntó Elisa, sin poder evitar que su voz sonara más esperanzada de lo que pretendía.
Brenda, por un momento, quedó en silencio, como si las palabras estuvieran luchando por salir. Finalmente, dijo:
—Sí, me gustaría. Pero esta vez, sin expectativas, Elisa. Sin lo que representas o lo que yo represento. Solo tú y yo. Como antes.
Elisa sonrió, aunque su corazón latía más rápido de lo que habría querido admitir. La pequeña chispa de esperanza que había estado guardando durante todo ese tiempo comenzó a brillar un poco más fuerte.
—Sin expectativas —repitió Elisa, mientras sentía que una carga se aliviaba un poco. Quizá, después de todo, podían encontrar su camino de vuelta.
La conversación terminó con un acuerdo para encontrarse en un café al final de la semana. Era un pequeño paso, pero para ambas, significaba un gran avance.
El tiempo seguiría pasando, con sus desafíos y responsabilidades. Sin embargo, lo que ninguna de las dos sabía aún era que esta vez, el reencuentro no solo significaría revivir lo que habían perdido, sino que traería consigo una nueva oportunidad de enfrentarse a sus propios demonios, de entenderse de una manera más profunda, y quizás, tal vez, sanar viejas heridas. El destino las había reunido una vez más, y esta vez, ambas estaban dispuestas a ver hasta dónde las llevaría este nuevo comienzo.
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"Solo imagina lo precioso
que puede ser arriesgarse y
que todo salga bien"
Para: Brenda
~Elisa
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Aviso
Pronto se explicará que fue lo que la familia de Elisa le hizo ala familia de Brenda...
Se viene un poco de drama y sorpresas...
