Cena

538 51 3
                                        


Elisa conducía con calma, su mente todavía un tanto distante de las reuniones interminables de la empresa. El tráfico nocturno de la ciudad pasaba en un vaivén ligero, mientras su teléfono descansaba sobre el asiento del copiloto. Sentía una ligera emoción por la cena con Brenda, una pequeña chispa que la mantenía alerta en medio de su rutina, pero también sabía que estaba a punto de adentrarse en un mundo que rara vez se le permitía explorar: la simplicidad de una noche sin protocolos, sin expectativas, sin el peso del apellido Galina.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

Cuando Elisa estacionó el coche y vio a Brenda esperando en la entrada de su casa, una sensación de alivio la invadió. Sonrió al verla, vestida de manera casual, pero con esa presencia que tanto le gustaba.

—Hola —dijo Brenda, sonriendo con suavidad mientras se acercaba al coche. Elisa abrió la puerta, dejando que Brenda subiera antes de arrancar el motor.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
El viaje hacia el restaurante fue tranquilo, con una conversación ligera sobre el día y pequeñas anécdotas que suavizaban el ambiente.

Llegaron al lugar en pocos minutos. Era un restaurante pequeño, alejado del bullicio de los grandes centros comerciales y de los lujosos restaurantes en los que solía asistir a reuniones de negocios. La luz cálida que se filtraba a través de la puerta de vidrio mostraba mesas de madera rústica, decoradas con sencillez, pero llenas de encanto.

Cuando llegaron, el dueño del restaurante, un hombre de unos cincuenta años, con barba y gafas, salió de la cocina al verlos entrar.

—¡Elisa! —exclamó con una sonrisa genuina—. ¡Hace tanto que no te veía por aquí! —dijo, acercándose para darle un abrazo amistoso. Elisa le devolvió el gesto, una sonrisa casi nostálgica en su rostro.

—No tanto, pero sí hace un tiempo. —Le sonrió con ternura—. Gracias por seguir con este lugar, Carlos. Siempre ha sido mi sitio favorito.

Brenda observó la escena con curiosidad, notando la cercanía entre Elisa y el hombre

Una vez que se sentaron en una mesa apartada, Elisa pidió un par de copas de vino tinto y un par de platos especiales del chef, sin necesidad de revisar el menú. El ambiente del restaurante, acogedor y cálido, contrastaba con el frío y calculado mundo al que Elisa estaba acostumbrada.

Brenda no pudo evitar preguntar, mientras se acomodaba en su asiento:

—¿Cómo conoces al chef? Parece que tienes una relación bastante cercana con él.

Elisa sonrió, mirando al chef mientras él se retiraba a la cocina.

—Cuando era adolescente, aunque mi familia tuviera dinero, yo prefería venir aquí en lugar de quedarme en casa o ir a esos restaurantes lujosos donde todo parecía tan... impersonal —dijo Elisa, mirando sus manos sobre la mesa antes de continuar—. A pesar de todo lo que representaba mi apellido, este lugar siempre me ofreció algo que no encontraba en ningún otro sitio. Algo sencillo, sin pretensiones, sin la presión de las apariencias.

Brenda la observó en silencio, captando la profundidad en sus palabras. Elisa levantó la vista y se encontró con la mirada de Brenda, que sonreía suavemente.

—Es irónico, ¿verdad? —dijo Elisa, algo más relajada ahora—.A los que creía Mis amigos solían burlarse de mí por preferir este lugar en lugar de ir a una cena elegante o acompañar a mi madre a eventos importantes. Pero aquí, el chef me hizo sentir como en casa. Más que su cliente, me consideraba su amiga. Durante mi adolescencia, comí aquí más veces con Carlos que con mi propia madre. Y eso, de alguna manera, hizo que este lugar se volviera especial para mí.

Brenda asintió, como si entendiera perfectamente lo que Elisa quería decir. La luz de las velas en la mesa iluminaba sus rostros, y por un momento, el mundo exterior desapareció para Elisa. Solo estaba Brenda, ella misma, y ese lugar que tanto significaba.

—Eso es muy bonito, Elisa —dijo Brenda suavemente—. Es raro encontrar algo tan genuino en medio de un mundo tan lleno de expectativas.

Elisa sonrió tímidamente y levantó su copa de vino, brindando con Brenda. El sonido de los cristales chocando entre sí resonó en el aire, marcando un pequeño momento de conexión entre ambas.

Pronto, la comida llegó a la mesa, y mientras comenzaban a comer, la conversación fluyó de manera natural. Hablaron de las cosas que habían hecho en los últimos cinco años, de las personas que habían conocido, de sus logros y fracasos, pero también de los momentos sencillos que compartieron cuando estaban juntas.

—¿Y tú? —preguntó Elisa, sabiendo que Brenda había vivido muchas cosas en ese tiempo—. ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho en todo este tiempo?

Brenda se encogió de hombros, como si no le importara demasiado hablar de sí misma.

—He estado bien —dijo, una sonrisa genuina asomándose en su rostro—. He viajado un poco, conocí a nuevas personas. Me dediqué mucho a mi trabajo también. Pero nunca dejé de pensar en ti, Elisa aunque solo quería odiarte. A veces, cuando uno se aleja tanto, olvida lo que realmente importa... pero hay cosas que no se olvidan, como lo que compartimos.Al recordar todo eso nunca pude odiarte.

Elisa se quedó en silencio por un momento, observando a Brenda, sintiendo cómo una mezcla de emoción y gratitud la invadía. Era como si, por fin, algo de su vida estuviera siendo auténtico y sencillo. Sin los límites impuestos por el apellido, sin las expectativas de su madre, solo ellas dos, compartiendo una cena tranquila.

La noche siguió entre risas, recuerdos y momentos de complicidad. Las horas parecieron desvanecerse mientras se sumergían en una conversación sincera, como si los años de separación no hubieran existido. Para Elisa, esa noche se convirtió en un recordatorio de que, aunque la vida estaba llena de desafíos, siempre había espacio para lo genuino, para la conexión real, para la simplicidad que tanto había anhelado.

Cuando la cena terminó, Elisa pagó la cuenta, y ambas salieron del restaurante, dejando atrás el bullicio de la ciudad y adentrándose en la noche silenciosa. A pesar de todo lo que Elisa llevaba consigo, ese momento, en ese lugar, le recordó que siempre había algo que la podía hacer sentir más humana, más auténtica: el contacto sincero con alguien que, como Brenda, entendía más allá de los roles y expectativas.

.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

"A pesar del paso del tiempo, mi amor por ti se siente como un abrazo cálido y familiar; siempre serás esa persona que me llena de complacencia y comodidad en cada instante."

Para:Brenda
~Elisa
.

.

.

.

.

.

.

.

.

Hola hola
Si les está gustando el rumbo que está tomando la historia?

Pueden sugerir ideas o si algo no les gusta.

se viene cositas con la historia.

Un camino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora