La tensión en el aire era palpable mientras Elisa entraba en la sala. Las miradas se cruzaron, pero ni Brenda ni Elisa se atrevieron a romper el silencio que se había instalado entre ellas. Marcela, tratando de aliviar la atmósfera, comenzó a hablar sobre el pastel que habían traído Nelly y Thaly. —¡Chicas! ¡Tienen que probar este pastel! —exclamó Marcela, intentando desviar la atención.
Mientras todos se servían un trozo de pastel y compartían risas, Brenda mantuvo su mirada fija en el plato frente a ella.
Cada bocado que daba parecía más un acto mecánico que un disfrute.
Elisa, sentada a unos lugares de distancia, sentía un nudo en el estómago al ver a Brenda tan distante. —¿No vas a probarlo, Brenda? —preguntó Nelly con una sonrisa inocente. Brenda levantó la vista brevemente, pero su respuesta fue fría. —No tengo hambre —dijo con voz monótona.
Elisa sintió como si le dieran un golpe en el pecho. Recordaba esos momentos felices que habían compartido juntas y cómo todo se había desvanecido por los secretos y el pasado. No podía evitar recordar las palabras hirientes que habían salido de sus labios cuando Brenda había confrontado su secreto.
Mientras las risas y los comentarios continuaban alrededor de la mesa, Elisa trató de concentrarse en las conversaciones. Sin embargo, su mente seguía volviendo a Brenda. La forma en que se había cerrado, como si construyera un muro impenetrable alrededor de su corazón. Cada vez que sus ojos se encontraban, era como si el tiempo se detuviera y el dolor resurgiera con fuerza. Brenda finalmente decidió levantarse para servir más vino. Aprovechando ese momento, Elisa también se puso de pie para ir hacia la cocina.
El corazón le latía con fuerza al pensar que quizás podría hablar con ella, aclarar las cosas. Pero al cruzar por el pasillo, notó que Brenda evitó mirarla por completo. —¿Brenda? —dijo Elisa con voz suave. Brenda se detuvo por un instante, pero no se volvió. La incomodidad llenaba el aire entre ellas. —No quiero hablar —respondió Brenda sin girarse. Elisa sintió cómo una punzada de dolor atravesaba su pecho. Era comprensible.... después de todo lo ocurrido, ¿quién podría culparla? Pero eso no hacía que la herida fuera menos profunda para ella. —Solo quería... —comenzó a decir Elisa antes de detenerse. ¿Qué podía decir? "Lo siento" no parecía suficiente....
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para reparar lo roto entre ellas. —No importa —interrumpió Brenda, todavía sin mirarla. —No hay nada que puedas decir que cambie lo que pasó.
Con esas palabras, Brenda salió de la cocina y volvió al grupo en la sala....
Elisa sintió una mezcla de frustración y tristeza mientras observaba a Brenda hablar con las demás chicas, como si ella no existiera. Regresó a la mesa sintiendo una presión en el pecho. Marcela le lanzó una mirada preocupada mientras Nelly contaba otra anécdota graciosa sobre sus días en LCLUB. Aunque todos parecían disfrutar del momento, Elisa solo podía pensar en lo lejos que estaban ella y Brenda ahora. A medida que avanzaba la noche, las risas continuaron sonando y los recuerdos del pasado flotaban en el aire como fantasmas invisibles. Pero entre esas risas y anécdotas compartidas, había un vacío palpable entre Elisa y Brenda...
una distancia emocional que parecía insalvable. Al final de la cena, mientras todos ayudaban a recoger los platos y limpiar la mesa, Marcela miró a ambas mujeres con preocupación. Sabía cuánto significaban el uno para el otro. —Chicas... —comenzó Marcela cautelosamente— ¿no creen que es hora de hablar? Brenda frunció el ceño y sacudió la cabeza rápidamente. —No hay nada que hablar —dijo con firmeza antes de salir hacia el balcón para tomar aire fresco...
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