El lugar elegido por Marcela resultó ser un bar elegante, con luces tenues y una atmósfera relajada. Elisa y Brenda llegaron juntas, cruzando la entrada con la certeza de que iban a ser recibidas con un aluvión de preguntas. Y, efectivamente, no tardaron más de cinco segundos en oír la voz de Marcela llamándolas desde una mesa en el fondo.
-¡Ahí están las traidoras! -exclamó Marcela con fingida indignación, levantando su copa-. Nos han estado ocultando información crucial.
Laura, su esposa, le dio un codazo.
-Déjalas en paz, cariño. Apenas se están sentando.
Diana y Gaby las saludaron con sonrisas cómplices, ya claramente al tanto del chisme. Elisa suspiró mientras Brenda tomaba asiento a su lado con una sonrisa de lo más inocente.
-No es tan grave -dijo Brenda, quitándole dramatismo al asunto-. Solo somos amigas.
Hubo un silencio breve antes de que todas estallaran en carcajadas.
-¡No me hagas reír! -exclamó Gaby-. He visto la manera en que se miran.
Diana asintió con una sonrisa burlona.
-Sí, hay más electricidad entre ustedes que en las luces de Navidad.
Elisa rodó los ojos, pero no pudo evitar reír.
-¿Vinimos a tomar algo o a ser interrogadas?
Marcela le lanzó una mirada afilada.
-Podemos hacer ambas cosas al mismo tiempo.
Elisa se llevó una mano a la frente.
-Sabía que esto iba a pasar.
Laura intervino con amabilidad, queriendo salvarlas del acoso.
-Bueno, chicas, no las vamos a torturar... demasiado. Mejor brindemos.
Levantaron las copas y brindaron por la amistad, la diversión y los "descubrimientos inesperados" (según la versión de Marcela). Después, la conversación se fue relajando y derivó en anécdotas, bromas y más risas.
En un momento, Brenda y Elisa se quedaron solas por unos minutos mientras las demás pedían otra ronda en la barra.
-Sabía que sería un interrogatorio -murmuró Elisa, jugueteando con su copa.
-Y sobreviviste -respondió Brenda, rozando su mano con la suya sobre la mesa-. ¿No fue tan terrible, no?
Elisa giró la mano para entrelazar sus dedos con los de Brenda por debajo de la mesa.
-No, solo un poco embarazoso.
Brenda sonrió y se inclinó un poco más cerca.
-Entonces... ¿te avergüenza estar aquí conmigo?
Elisa sintió un cosquilleo recorrerle la espalda al notar la cercanía de Brenda.
-Para nada -respondió en voz baja, mirándola a los ojos.
Antes de que la conversación pudiera volverse aún más intensa, las demás regresaron, y la noche continuó entre más risas y bromas.
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Pasada la medianoche, Brenda y Elisa decidieron retirarse juntas. Mientras subían al auto de Elisa, Brenda se dejó caer en el asiento con una sonrisa.
-Creo que pasé demasiado tiempo riéndome, me duele la cara.
Elisa arrancó el auto y le lanzó una mirada de reojo.
