Elisa ajustó el cuello de su traje mientras caminaba por el largo pasillo de la oficina de su madre. La llamada había sido breve, directa, sin espacio para preguntas.
"Ven a verme antes de que salgas."
Había algo en el tono de Victoria Galina que le provocaba un escalofrío en la espalda. No era raro que su madre quisiera hablar con ella sobre la empresa, sobre su futuro, sobre los “deberes” que le correspondían. Pero esta vez, algo en su intuición le decía que no era una conversación ordinaria.
Cuando entró a la oficina, Victoria estaba de pie junto a la ventana, con la espalda recta y las manos cruzadas frente a ella. No se giró de inmediato, solo observaba la vista de la ciudad iluminada por el atardecer.
—Siéntate, Elisa —dijo finalmente, su tono implacable como siempre.
Elisa obedeció, sintiendo que su corazón latía con más fuerza de lo habitual.
—Sé que has estado viéndote con Brenda Arriaga.
La sangre de Elisa se heló.
Su madre se giró lentamente, sus ojos afilados como si ya conociera cada respuesta antes de que ella siquiera pensara en hablar.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Elisa, tratando de mantener la compostura.
Victoria caminó con calma hasta su escritorio, dejando su taza de café con un golpe suave sobre el vidrio.
—Sabes bien que no hay nada que no pueda averiguar si lo quiero —dijo con una sonrisa fría—. Y tú has sido… descuidada.
Elisa sintió su garganta secarse. Sabía que su madre tenía contactos en todas partes, pero ¿hasta qué punto la había estado vigilando?
—No es asunto tuyo con quién me veo —dijo al fin, con una firmeza que la sorprendió incluso a ella misma.
—No lo sería —admitió Victoria, con un tono casi casual—, si no fuera porque Brenda es hija de Camila Arriaga.
Elisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era que no lo supiera, claro que lo sabía. Pero escuchar a su madre pronunciar ese nombre lo hacía sentir más real. Más peligroso.
—Y qué con eso… —murmuró, pero la inseguridad en su voz la delató.
Victoria la estudió por un momento, como si estuviera evaluando cada grieta en su expresión. Luego suspiró y se apoyó en su escritorio.
—Elisa, solo te diré esto una vez ten cuidado.
Elisa frunció el ceño, confusa.
—¿Cuidado de qué?
Victoria no respondió de inmediato. Simplemente la observó con una mirada calculadora, como si estuviera decidiendo cuánto debía decirle.
—No todo lo que parece ser un nuevo comienzo lo es en realidad —dijo finalmente—. Algunas cosas no pueden cambiarse, sin importar cuánto lo intentes.
Elisa sintió un nudo en el estómago. Sabía que su madre estaba escondiendo algo más, que no le estaba diciendo todo. Pero Victoria Galina nunca hablaba más de lo necesario.
La tensión en la oficina era casi sofocante, pero Elisa no quería darle la satisfacción de demostrar miedo. Se puso de pie, levantó la barbilla y la miró directo a los ojos.
—Voy a seguir viéndome con Brenda. Y si eso te molesta… bueno, supongo que tendrás que acostumbrarte.
Victoria la miró por un momento, luego sonrió con esa expresión enigmática que tanto la inquietaba.
