Hija

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Unos minutos después

Elisa regresó al interior de la casa con los hombros caídos, el peso de las palabras de Brenda aún presionando su pecho. Nadie en la sala parecía notar su desconcierto inmediato. Las risas continuaban, aunque algo en el ambiente ya no era lo mismo. Ella había llegado a un punto de no retorno, y algo dentro de ella sabía que no podía quedarse allí mucho más tiempo. No mientras cierta pelinegra estuviera ahí actuando como si ella no existiera.....
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Marcela, que la observó de reojo, fue la primera en notar su silencio. Pero Elisa no estaba de humor para mantener una conversación larga. Con una sonrisa forzada, miró a todas las chicas reunidas.

—Chicas, me tengo que ir —dijo, su voz apenas un susurro entre las risas.

Hubo un murmullo de sorpresa. Nelly levantó la mirada y se acercó, con su tono habitual de optimismo.

—¿En serio, Elisa? La noche está apenas comenzando—

Pero Elisa ya se había levantado, recogiendo su bolso con movimientos lentos, casi automáticos.

—Sí, me siento un poco cansada. Gracias por la invitación. —Sonrió débilmente, pero algo en su mirada decía que no estaba allí realmente.

Se acercó a Marcela para despedirse. La expresión de Marcela, aunque preocupada, no pudo disimular la comprensión en su rostro. Sabía que algo estaba mal, pero no era su lugar preguntarle. Solo la abrazó brevemente, con la promesa de que la vería pronto.

Elisa se dirigió hacia la puerta, con el sonido de las risas y las conversaciones desvaneciéndose en su espalda. Cuando cruzó el umbral, sus pasos la llevaron casi por inercia al pasillo oscuro. Al llegar al final, miró una vez más hacia el grupo, como si intentara captar algún atisbo de cariño en sus rostros, pero algo más la frenó. Sus ojos se encontraron con los de Brenda, que estaba sentada en el sofá, mirando a un punto lejano.

No hubo palabras. Solo una mirada, triste, llena de arrepentimiento y dolor. Brenda no le devolvió la mirada, pero Elisa la sintió. No era necesario decir nada más. Se limitó a hacer un gesto con la cabeza, como una despedida silenciosa, y salió...
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El aire fresco de la noche la golpeó al abrir la puerta. Elisa caminó hacia su coche, sin apuro, como si el mundo exterior fuera una extensión del vacío que sentía en su interior. Una vez dentro, encendió el motor y condujo sin rumbo fijo por las calles vacías. El sonido del motor y la radio apagada acompañaban sus pensamientos erráticos, mientras el paisaje urbano se desvanecía en la distancia. Cada kilómetro recorría le parecía más largo que el anterior, como si el dolor y la confusión se alargaran con el trayecto.
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Finalmente, después de un largo rato conduciendo, llegó a una casa apartada de la ciudad . Aparcó frente al portón, sin saber bien qué esperar. La casa estaba oscura, excepto por una luz tenue proveniente de la ventana del salón principal. No tenía ganas de entrar, pero algo la impulsó a hacerlo.
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Al abrir la puerta, un aire frío la envolvió. Y entonces lo vio. Su Madre, de pie en el vestíbulo, con sus brazos cruzados y una expresión impasible en su rostro. Era una mujer algo alta, de porte serio y mirada distante. En ese momento, Elisa sintió un nudo en el estómago. Sabía que algo no estaba bien.

Estaba sintiendo la misma sensación que sintió hace 5 años cuando su Madre apareció en su antigua casa después de no verla durante varios años, después de ocultar que ella era su Madre, de intentar olvidar realmente de quién era hija...

—¿Qué haces aquí? —dijo Ella, su tono tan frío y controlado como siempre.

Elisa no contestó de inmediato. Solo lo observó, sintiendo la presión de su presencia, esa constante sensación de estar bajo su vigilancia. Había algo ominoso en su postura, algo que hacía que su ansiedad se disparara. Un vistazo rápido hacia su rostro le confirmó que ella ya sabía algo.

—Es hora de que todos sepan que eres mi hija, Elisa —dijo ella finalmente, sin rodeos, mirando con intensidad.

Sus palabras fueron como una sentencia. Elisa se quedó en silencio, incapaz de procesar completamente lo que acababa de escuchar. Sabía que su Madre nunca había sido afectuoso ni cercano, pero esa frase, esa revelación, era algo más.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Elisa, apenas pudiendo mantener la calma.

Ella dio un paso hacia Elisa, la luz fría de la entrada iluminando su rostro impasible. —Es hora de que el mundo lo sepa. Todo esto de mantenernos en las sombras, ocultos, no puede seguir. Ya lo decidí—

Elisa tragó saliva. Su mente no podía seguir el ritmo de lo que su Madre le decía. ¿A qué se refería exactamente? ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tantos años de silencio, de evitar cualquier tipo de conversación sobre su relación?

—mama... —comenzó a decir, pero la palabra se quedó atorada en su garganta. ¿Qué podía decirle a una mujer que no parecía tener ni un atisbo de comprensión por lo que sentía?

—Este secreto ha sido un peso para ambas. —Su Madre levantó la mano, como para cortar cualquier intento de interrumpirlo—. Es hora de que todo salga a la luz. De que todos sepan quién eres.

Elisa la miró, sin poder creer que estaba viviendo ese momento. Sabía que su vida había estado marcada por las decisiones de su madre, pero nunca imaginó que se atrevería a hacer algo tan grande, tan irrevocable, a estas alturas.

—¿Qué significa esto para mí? —preguntó, finalmente, con la voz quebrada.

—Significa que ya no serás solo Elisa. Ahora serás la hija de alguien con un nombre. Y eso, querida, tiene sus implicaciones—

Elisa sintió cómo el suelo bajo sus pies se desvanecía. ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué implicaciones? ¿Estaba su vida a punto de cambiar de nuevo, de una manera que no podía controlar?

Pero antes de que pudiera formular otra pregunta, su madre ya se giraba hacia el pasillo oscuro. —Es tarde , deberias quedarte, Necesitas descansar. Mañana, todo cambiará—

Elisa se quedó allí, en el umbral de la puerta, observando cómo la sombra de su madre se desvanecía por el pasillo. Una vez más, se sintió sola en la que solía ser su casa, atrapada en un futuro incierto y una familia que nunca la entendió realmente.

Sabía que, al igual que con Brenda, algo dentro de ella acababa de romperse

Ahora todos se enterarían de quién era hija y no solo Elisa la streamer o la influencer si no la hija de alguien con mucho poder...
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"Reencontrarse con el amor de tu vida es como volver a un lugar que solía ser hogar,
pero saber que ya no te ama convierte ese reencuentro en un dulce recuerdo que duele más que una despedida."

Para: Brenda

~Elisa
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Un camino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora