*Narra Lali*
Cuando abrí los ojos estaba en un lugar pulcro, oscuro, sucio.
Escucho una voz grave, muy conocida: 'Te dije que nos volveríamos a ver'
Yo grité. Intente librarme de su agarre pero no pude.
Yo: sueltame, por favor. Sueltame.
Benjamin: y porque quieres soltarte? Que no la estas pasando bien conmigo?
Yo: no, basta, basta. Sueltame. No es divertido.
Benjamin: te preguntarás como escape. Verdad?
Yo: ajá.
Benjamin: mi padre es abogado. El abogado todo lo puede, chiquita.
Yo: y no tienes miedo de volver a prisión?
Benjamin: no volveré. Te lo aseguro. Te mataré y nadie lo sabrá.
Yo: basta! Ya déjame ir.
Otra voz muy conocida se acercó por detrás y me dijo: '¿dejarte ir a donde, mi dulce?'.
Yo: Sebastian.. pero...
Sebastian: olvidaste que somos primos? Olvidaste que juré volver a verte y vengarme?. Olvidaste que te dije que volvería? Hiciste mal. Ahora volvimos ambos. Y para acabar contigo. Contigo y tu noviecito. Ya verás.
Yo: que harás?
Sebastian: por empezar: llamarlo para que venga. Y después, una vez llegado, sin policías ni nada, te verá sufrir. Y no sabes cómo.
Yo: y como sabrás que no vendrá con policías como la otra vez? Eh.
Sebastian: de eso me encargo yo, zorra.
Yo: zorra tu abuela. Y hablando de zorras... en donde esta Martina?
Sentí un tirón sobre mi cara y una venda cubrir mi boca. Luego de eso Martina se posó delante mío y dijo: 'aqui'.
Intente hablar pero no pude. No lo logre.
Benjamin se acercó a mi y tomó mi mano derecha para posarla sobre su miembro. Yo puse cara de asco y el rió ante mi gesto. Me enfureci por eso y comencé a moverme para todos lados. No pude librarme.
Me bajo la venda para que pueda contestarle.
Benjamin: dime, muñeca, a donde quieres ir?
Yo: quiero irme con Peter. Vamos, sueltame.
Benjamin: ah, pues. No, no irás. Pero bueno. Si tu no puedes ir mejor que venga él. Verdad?
Yo: no. El no va a venir.
Benjamin: ah, no? Pues vamos a poner en altavoz la llamada y así podrás ver como reacciona.
Volvió a poner la venda sobre mis labios impidiendome gritar o si quiera hablar.
*Llamada Telefonica*
Peter: mi amor, estuve preocupado, en donde estas?
Quise contestar pero me fue imposible por la venda. Benjamin lo hizo.
Benjamin: Oh, mi amado. Ja ja ja. Estúpido.
Peter: quien habla? Oh. Espera...
Benjamin: si, soy yo. Y adivina con quien estoy...
Peter: escúchame, mierda. Suelta ya a mi mujer. Sueltala ya!
Benjamin: mmm, no. Mejor no.
Peter: me dices ya donde estas o te rastreo como la anterior vez. Te lo buscaste imbécil.
Benjamin: oh, no. No es necesario. Yo te daré la direccion. Pero con una condición.
Peter: cual?
Benjamin: no traigas a nadie. Ni familiar, ni amigo, ni mucho menos policía.
Peter: hecho. Dime, cual es?
Benjamin: Louisville al 3999. Bien? No intentes nada. Estamos armados. Le volare la cabeza a tu noviecita si intentas hacerte el superheroe.
Peter: bien, voy para allá.
Benjamin colgó y yo me estremecí. Me desató y me arrastró hasta una habitación que quedaba al fondo del pasillo.
Comenzó a desnudarme. Hay No! Otra vez no! Me va a violar de nuevo. No por favor!.
Yo: no lo hagas...
Benjamin: quien me lo impide?... aparte, Que yo sepa aún no te he hecho nada.
Yo: se que lo harás.
Benjamin: buen punto. Muy inteligente Lalita. Pero todavía no. Vamos a esperar a Peter.
Yo: que?
Benjamin: si, eso.
Comencé a gritar con todas mis fuerzas pero nadie parecía oírme.
Benjamin: deja de gritar ya, zorra.
Yo: y quien me lo impide?
Benjamin: yo, maldita prostituta.
Levantó su mano y me pegó. Creo que puso toda su fuerza porque me dolió bastante.
Sacó de un cajón de su mesa de luz cuatro esposas. De donde había sacado eso? Ah, claro. Estuvo un año en la cárcel. Tonta.
Me esposó primero el brazo derecho contra uno de los barrotes de la cama y después el brazo izquierdo contra el otro barrote.
Continuó con mis piernas. Hizo el mismo trabajo de esposarlas. No le fue fácil gracias a mis patadas pero lo logró. Me sentía devastada, sin fuerzas.
