Se escuchó casi imperceptiblemente, como la cerradura de la puerta de entrada era abierta. Su madre, de no haber estado pendiente de su llegada, hubiera sido incapaz de oírle con lo silencioso de sus pasos y a pesar de que hubiera dado todo por pasar desapercibido, ella se acercó hasta él para preguntarle como le había ido con Tweek.
Fingió su mejor sonrisa y solo dijo que muy bien. Estaba al tanto de ese mensaje enviado en la madrugada a su madre, el cual aún no tiene claro quien lo mandó, pero siguió la corriente lo mejor que pudo a esa conversación.
Justificándose que estaba muy cansado, se abrió paso hacia su cuarto indicándole a Linda que, si alguien venía a verlo, dijera que no estaba, esto solo a raíz de lo fatigado que se encontraba.
Pudo ver cierta incredulidad en el rostro de su madre, pero simplemente quiso ignorar aquello y se escabulló en lo más profundo de su privacidad.
No tenía palabras para expresar como se sentía y simplemente actuaba como un robot. Le encantaría desentenderse con todo lo sucedido y despertar sintiéndose una víctima ante tal escena, pero lo cierto es que recordaba más de lo que quisiera admitir.
Se fue directamente al baño dentro de su cuarto y quitándose la ropa descuidadamente ingresó a la ducha dejando caer el agua por todo su cuerpo. Allí encontró un lugar seguro para soltar sus lágrimas.
Apoyó su frente en una de las frías baldosas y se cuestionó por qué la vida parecía odiarlo tanto. A estas alturas ya no le quedaban energías para pensar en esa maldita lista y los cuestionamientos que trajo consigo, sino en el resultado de todo eso. Su plan para cambiar no solo fue un fracaso rotundo, sino que también desembocó en algo mucho más allá de lo que podría haber imaginado. Atracción, celos, tristeza y deseo, son los sentimientos más crueles y condenadores que podría sentir por él, particularmente porque ese él era el peor candidato para dirigirle sus sentimientos. Sin embargo, anoche nuevamente se entregó por voluntad propia, a sabiendas de que Kenny ya le buscaba un reemplazo hace solo un par de horas.
Frunció su entrecejo mientras continuaba mezclando sus lágrimas con el agua, y es que el pecho le dolía tanto por la angustia de pensar en todo lo que hizo. Le encantaría ser más frio y solo decir que le gustaba dormir con él, pero lo cierto es que su pecho no debía dolerle así, ni menos sentir esa calidez inigualable al estar entre sus brazos. Eso no podía ser solo calentura porque de ser así, habría aprovechado su oportunidad con la chica universitaria... ¿no? ¿o quizás simplemente le atraían los chicos?
Pensó en el hombre de esa fiesta que fue a acosarlo al baño... ¿se sintió cómodo con ese acercamiento? Su gesto fue la respuesta inmediata a su cuestionamiento... ¡no! No era ni mínimamente aceptable, al menos desde su punto de vista y aquello, más que tranquilizarlo, lo hacía sentir aún peor.
Tras acabar con su ducha, salió del lugar y se dirigió hasta su closet para ponerse una ropa casual. Aun le quedaban rezagos de la noche vivida, por lo que un cansancio le consumía su cuerpo. Hizo un gesto angustioso y simplemente se despojó de la toalla con brusquedad, se colocó la ropa y mientras intentaba secar su cabello, hoyó el timbre de su móvil. Tras comprobar de quien se trataba, sintió un nudo en el pecho.
― ¿Aló? ― escuchó que decían desde la otra línea ― ¿Leo?
Frunció un poco sus labios intentando que su voz no sonara extraña.
― ...Hola...
La voz de la otra línea pareció reparar en ese tono entrecortado.
― ¿Estas bien? Te hoyes algo mal...
Volvió a fruncir sus labios conteniéndose y casi sin pensarlo, contestó:
― ¿Te importaría que nos viéramos hoy?
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Camino a la seducción
RomanceCartman sospecha que las chicas del salón están tramando algo, lo que lo orilla a buscar a Butters para que lo ayude a descubrir que es lo que traman. Tras verse envuelto en aquel suceso, el rubio descubre a su pesar que las chicas creen que él no e...
