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/Kala/


me despierto y tengo a Juana durmiendo al lado mío mientras abrazaba a su oso blanco todo grandote, me remuevo en la cama media dormida todavía, con fiaca.

agarro el celular y miro la hora eran las 12:oo del mediodía, era sábado. estos dos días me estuve quedando acá con Juana, eso a Alan no le gustó mucho, pero necesitaba estar lejos de ese entorno, al menos un tiempo.

voy al baño para asearme un poquito, por la hora suponía que Juana y yo estábamos solas, Enzo entrenaba o estaba por ahí.

— amiga despertate. —le digo saliendo del baño y tirándole una almohada.

— déjame ser feliz Ka, el oso tiene su perfume todavía. —dice aferrándose más al oso gigante.

— bueno, hay que lavarlo entonces. —le agarre la pata al oso.—, vamos a darle un baño.

— ¡no! —lo agarra más fuerte.—, no hay que lavarlo, se va a arruinar más.

— amiga tengo hambre, levántate. —suspire sentándome en la cama.

— anda a la cocina y hacete algo, hace dos días te estás quedando acá Kala, podes ir con confianza eh. —se tapa la cabeza.

— ¿vos vas a comer si cocino yo? —le preguntó.

— cuando hay hambre no te fijas en quien cocina Ka. —se ríe y yo le pegué.

me levantó de la cama de nuevo y salgo de la habitación. baje las escaleras y fui directo a la cocina, parecía que no había nadie.

abrí la heladera y saqué algunas verduras y demás cosas que tenía ahí. con un poco de carne. me quedé de espaldas a la puerta cortando mis verduras, mientras trataba de cocinar pensaba un poquito en todo.

Ezequiel seguía pasando por mi cabeza todas las noches antes de irme a dormir, siempre era el mismo maldito recuerdo. no sé si es peor que esté dejando de pensar en Matías y que esté pensando más en Ezequiel, ya no sé nada.

— se despertaron. —dicen atrás mío haciendo que me asusté.

me di vuelta asustada y me encontré con Enzo con su ropa de entrenamiento. por otro lado me quería ir corriendo.

yo estaba en pijama básicamente, un pijama que me había prestado Juana, Enzo me quedó mirando y arqueó una ceja.

— Juana me mandó a cocinar yo no quise tocarte nada. —levante las manos.

— tranqui Ka. —se ríe y se acerca a saludarme.—, ¿cómo estás, mejor?

— digamos. —hice hombritos y lo quedé mirando.—, ¿a vos cómo te fue?

— bien, por suerte bien. —me cuenta mientras se servía un vaso de agua.—, así que hoy te tocó cocinar a vos.

— te cedo el lugar si querés, yo no me llevo bien con la cocina. —hice una mueca.

— yo tampoco me llevaba bien con la cocina, hasta que me separé y me di cuenta que tenía que alimentar a dos menores que tenía a cargo mío.

𝗖𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻 𝗥𝗼𝘁𝗼| ᵉᵠᵘⁱ ᶠᵉʳⁿᵃⁿᵈᵉᶻHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora