La cirugía había durado más de lo esperado. Se suponía que serían seis horas, pero terminó extendiéndose a más de nueve. Cada minuto adicional fue una tortura para los Bridgerton y los Featherington, quienes aguardaban en la sala de espera con el corazón en la garganta.
El tiempo parecía haberse detenido. Colin caminaba de un lado a otro, incapaz de quedarse quieto. Violet y Portia estaban sentadas juntas, sus manos entrelazadas como un ancla mutua. Edmundo Bridgerton se mantenía firme, con el rostro serio, pero su esposa podía notar la tensión en su mandíbula. Anthony, Benedict y Eloise intentaban distraerse con conversaciones banales, pero todos sabían que la ansiedad los estaba consumiendo.
En una esquina, el padre de Penélope, estaba de pie con los brazos cruzados. No era un hombre particularmente expresivo, pero cualquiera que lo conociera bien podía notar el miedo en sus ojos.
Finalmente, la puerta del quirófano se abrió, y el doctor salió con su bata aún impecable.
Todos se pusieron de pie de inmediato.
—La cirugía fue un éxito.
El alivio fue inmediato y casi abrumador.
Portia se cubrió el rostro con ambas manos y rompió a llorar. Violet, con lágrimas en los ojos, la sostuvo con fuerza. Edmundo exhaló un suspiro profundo, cerrando los ojos por un momento, mientras Archivald soltaba el aliento que parecía haber contenido por horas.
Colin sintió sus piernas tambalearse, pero Anthony lo sostuvo con firmeza.
—¿Está bien? —preguntó Edmundo con voz ronca.
—Penélope superó la cirugía sin complicaciones mayores —explicó el doctor —. Eliminamos todo el tejido tumoral visible sin afectar las estructuras cerebrales críticas. No hubo hemorragias ni edemas severos. Su recuperación será lenta, pero su cuerpo está respondiendo bien hasta ahora.
—¿Cuándo despertará? —preguntó Eloise, con un hilo de voz.
—Eso dependerá de su organismo. Los fármacos anestésicos ayudarán a reducir la inflamación cerebral, por lo que podría despertar en unas horas o tomarle días.
Archivald asintió con la mandíbula tensa.
—Gracias, doctor.
—No fue solo mi trabajo —dijo el doctor con humildad—, sino el de un equipo de neurocirujanos increíblemente capacitados. Pero ahora, todo depende de ella.
Después de agradecerle, todos fueron a la UCI para verla.
....
Penélope estaba conectada a varios monitores. Un tubo endotraqueal aseguraba su respiración asistida, y su pecho subía y bajaba con cada impulso mecánico de la máquina. Su cabello había sido rasurado parcialmente en la zona de la incisión, protegida con vendajes estériles.
El corazón de Colin se encogió al verla así. Se acercó lentamente y tomó su mano con cuidado, como si temiera romperla.
Portia se llevó una mano a la boca, intentando contener un sollozo. Archivald Featherington se quedó al pie de la cama, mirando a su hija en silencio. No era un hombre que expresara sus emociones con facilidad, pero en ese momento, sus ojos estaban vidriosos.
—Eres la persona más fuerte que conozco, mi niña... —susurró Portia, acariciándole la mano.
Archivald tragó saliva y, con voz baja pero firme, dijo:
—Siempre has sido una luchadora, Pen. No esperaba menos de ti.
Violet puso una mano en su hombro, como un gesto de apoyo silencioso.
Colin se inclinó y rozó los nudillos de Penélope con sus labios.
—Tienes que despertar, Penny —murmuró—. No me hagas pasar otro susto como este.
Los días pasaron en un vaivén de angustia y esperanza. Colin apenas se separaba de su lado. Le hablaba, le leía en voz alta, le acariciaba la mano, asegurándose de que, cuando despertara, lo primero que sintiera fuera su presencia.
Hasta que una tarde, mientras le leía un libro junto a su cama, sintió un leve movimiento en sus dedos.
Colin se quedó inmóvil.
—¿Pen?
No hubo respuesta inmediata, pero entonces sus dedos se movieron otra vez, con más intención. Su corazón se disparó.
—Penny, si puedes oírme, aprieta mi mano.
Pasaron unos segundos que se sintieron eternos... y entonces, una débil presión envolvió sus dedos.
—¡Está despertando! —exclamó con la voz llena de emoción.
Los demás se levantaron de inmediato. Un médico y una enfermera entraron, revisaron sus signos vitales y, tras asegurarse de que su cuerpo estaba listo, retiraron con cuidado el tubo endotraqueal.
—Penélope, ¿puedes escucharme? —preguntó el médico.
Los párpados de Penélope temblaron y, tras un esfuerzo visible, finalmente se abrieron. Su mirada estaba algo desenfocada al principio, pero luego encontró a su madre, a su padre y a Colin.
—Mamá... Papá... —susurró con voz ronca.
Portia sollozó de felicidad, mientras su padre le tomó la mano con un gesto inusualmente tierno.
—Aquí estamos, amor —dijo su madre con lágrimas en los ojos.
Colin se inclinó, su respiración entrecortada por la emoción.
—Nos diste el susto de nuestras vidas, Penny.
Penélope lo miró con una débil sonrisa.
—Sabía que me extrañarías demasiado...
Colin río entre lágrimas y besó su frente con ternura.
Edmundo, quien había permanecido en silencio hasta ese momento, se acercó y le acarició la cabeza con afecto.
—Eres como una hija para nosotros, Penélope. Nos alegra tenerte de vuelta.
Penélope lo miró con los ojos brillantes y luego miró a cada uno de los que la rodeaban: su familia.
Había sobrevivido.
Y aunque el camino de recuperación aún sería largo, en ese momento lo único que importaba era que tenía una nueva oportunidad.
Un nuevo comienzo.
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Ikagai
FanfictionElla se fue sin dejar rastro, dejando atrás a su novio y mejor amiga con el corazón roto y una incógnita que los consume. Nadie sabe el motivo por el cual tuvo que marcharse. Años después, regresa inesperadamente, trayendo consigo un misterio que ca...
