Cinco años habían pasado desde aquella cirugía que marcó el inicio de su segunda oportunidad. Cinco años de lucha, de recuperación, de amor incondicional de quienes la rodeaban. Y ahora, con veinticinco años, Penélope Featherington estaba a punto de vivir el día que alguna vez creyó imposible: su boda con Colin Bridgerton.
El sol brillaba en lo alto, filtrando su luz dorada a través de los vitrales de la catedral. Las flores blancas adornaban cada rincón, desprendiendo un aroma dulce y fresco. Los bancos estaban repletos de familiares y amigos, todos esperando con ansias el momento en que la novia hiciera su aparición.
En el salón contiguo, Penélope se encontraba de pie frente al espejo, ataviada con un vestido digno de un cuento de hadas. Era de un tono marfil delicado, con encaje bordado a mano y una falda de tul que flotaba alrededor de ella como una nube. Su cabello pelirrojo caía en suaves ondas, adornado con un velo sutil que descendía hasta su espalda.
Portia, su madre, se secaba las lágrimas con un pañuelo.
—Eres la novia más hermosa que he visto en mi vida —susurró con la voz entrecortada.
Penélope sonrió, tomando su mano con ternura.
—Gracias por todo, mamá. Sin ti... sin ustedes, no estaría aquí hoy.
Violet Bridgerton, quien también estaba presente, colocó una mano sobre su hombro.
—Eres una parte fundamental de nuestra familia, querida. Colin te ha amado desde siempre, y hoy, al fin, será tu esposo.
Su padre, entró en la habitación. No era un hombre de muchas palabras, pero en sus ojos había algo que hizo que el corazón de Penélope se encogiera de ternura.
—Es hora —dijo con voz firme, aunque sus ojos brillaban con emoción contenida.
Penélope asintió, tragándose las lágrimas.
Archivald le ofreció su brazo, y ella lo tomó con delicadeza.
—Nunca pensé que llegaría este momento —confesó ella en un murmullo mientras caminaban juntos por el pasillo del salón privado.
Su padre giró la cabeza hacia ella y la miró con una pequeña sonrisa.
—Siempre supe que lo harías. Desde el día en que naciste, supe que eras una guerrera, y me has demostrado que no me equivoqué. Hoy no solo estás caminando hacia tu futuro, Penélope... estás caminando hacia la felicidad que mereces.
Las puertas de la catedral se abrieron, y la música comenzó a sonar. Todos los invitados se pusieron de pie mientras ella y su padre cruzaban el umbral.
El primer rostro que encontró fue el de Colin.
Vestido con un traje negro elegante y una sonrisa radiante, Colin la miraba con la devoción de un hombre que había esperado toda su vida por este momento. Sus ojos azules brillaban con un amor tan profundo que Penélope sintió que su corazón latía más rápido solo con verlo.
Cuando llegaron al altar, Archivald le entregó la mano de su hija a Colin.
—Cuídala bien —dijo con voz grave, pero llena de emoción.
Colin asintió con solemnidad.
—Con mi vida.
Archivald besó la frente de Penélope y luego se retiró a su asiento.
—Estás... —Colin tomó aire, sin poder evitar la sonrisa que se extendía por su rostro—. Estás absolutamente perfecta.
—Gracias —susurró ella con los ojos brillantes—. No llores todavía, Bridgerton.
Él sonrió, sosteniendo su mano con más fuerza.
....
El momento llegó. El sacerdote sonrió antes de cederles la palabra. Colin fue el primero en hablar.
—Penélope... —Tomó aire, su voz cargada de emoción—. Desde que éramos niños, desde que vi tu sonrisa por primera vez, supe que eras diferente. Que eras especial. Y con cada día que pasaba, me enamoraba más de ti, de tu valentía, de tu inteligencia, de tu corazón enorme. No siempre fui lo suficientemente valiente para admitirlo, pero la vida me enseñó que no hay nada más importante que estar contigo.
Colin parpadeó, luchando contra las lágrimas.
—Prometo amarte con cada latido de mi corazón. Prometo ser tu compañero en cada batalla, tu refugio en cada tormenta, tu alegría en cada día gris. No hay un solo rincón de este mundo en el que quiera estar si no es a tu lado. Porque tú, Penélope, eres mi hogar.
Penélope soltó una pequeña risa entre lágrimas antes de hablar.
—Colin, cuando era niña soñaba con un amor como el de los cuentos de hadas. Y cuando crecí, me convencí de que esas historias no eran para mí. Que no habría un final feliz. Pero tú... tú entraste en mi vida y me demostraste que estaba equivocada.
Ella respiró hondo, sintiendo que su corazón latía con fuerza.
—Me has amado en mis días más oscuros, y me has hecho reír en los más brillantes. Me has dado razones para seguir adelante, incluso cuando no creí que podía hacerlo. Y hoy, frente a todos los que amamos, quiero prometerte algo: prometo elegirte cada día, en cada momento, en cada vida. Prometo amarte con toda mi alma y ser la persona que mereces, porque tú eres y siempre serás el amor de mi vida.
Un murmullo emocionado recorrió la iglesia.
Cuando el sacerdote pronunció las palabras tan esperadas, Colin no perdió un segundo en besarla, rodeando su cintura con firmeza mientras los invitados estallaban en aplausos.
.....
La recepción fue una celebración llena de risas, baile y amor. Había velas iluminando el gran jardín donde se llevó a cabo la cena, y cada detalle reflejaba el amor con el que habían planeado ese día.
Durante el primer baile como esposos, Colin la sostuvo contra su pecho mientras se mecían lentamente al ritmo de la música.
—¿Recuerdas cuando éramos niños y me dijiste que querías una boda de cuento de hadas? —susurró él contra su oído.
Penélope asintió, con la cabeza apoyada en su hombro.
—En algún momento creí que nunca la tendría —admitió con voz suave.
Colin la alejó lo suficiente para mirarla a los ojos.
—Siempre supe que ibas tenerla. Y si de mí depende, este será solo el comienzo de todos los sueños que haremos realidad juntos.
Ella le sonrió con ternura, deslizando los dedos por su mejilla.
—Yo también te amo, Colin. Siempre lo haré.
Los aplausos y los vítores de los invitados los envolvieron cuando la música cambió a un ritmo más animado. Sus amigos y familiares se unieron a la pista de baile, y la noche continuó con alegría y celebración.
Esa noche, cuando las estrellas brillaban en el cielo y la luna iluminaba su camino, Colin y Penélope se alejaron de la recepción de la mano, listos para comenzar su vida juntos.
Cinco años atrás, la vida les había puesto obstáculos inimaginables, pero habían salido adelante. Juntos.
Y ahora, comenzaban un nuevo capítulo.
Un amor eterno.
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Ikagai
FanfictionElla se fue sin dejar rastro, dejando atrás a su novio y mejor amiga con el corazón roto y una incógnita que los consume. Nadie sabe el motivo por el cual tuvo que marcharse. Años después, regresa inesperadamente, trayendo consigo un misterio que ca...
