FINAL ALTERNATIVO

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La operación había durado más de diez horas. En el quirófano, los médicos hicieron todo lo posible para detener la hemorragia intracraneal que surgió durante la resección del tumor. Pero su presión intracraneal aumentó peligrosamente y, a pesar de todos los intentos de los cirujanos, el daño cerebral fue irreversible.

Penélope no despertó.

El electroencefalograma mostró actividad nula.

El diagnóstico fue claro: muerte cerebral.

La noticia cayó sobre la familia Bridgerton y los Featherington como un golpe letal. Portia cayó de rodillas cuando el doctor Harrison se lo informó. Archibald, quien rara vez demostraba emociones, cubrió su rostro con ambas manos y dejó escapar un sollozo ahogado. Edmundo se apoyó contra la pared, con los ojos enrojecidos y Violet sujetándole el brazo, como si el peso de la realidad fuera demasiado para mantenerse en pie.

Eloise sollozó en el pecho de Benedict, mientras Anthony apretaba los puños, mirando al suelo, con la mandíbula tensa en un intento inútil por contener las lágrimas.

Colin simplemente se quedó inmóvil. Su cuerpo, su alma, su corazón... todo se congeló.

...

El día que desconectaron a Penélope, toda la familia estuvo con ella. La habitación del hospital estaba en completo silencio, solo interrumpido por la máquina de soporte vital que emitía un pitido constante.

Colin tomó su mano con ambas suyas, besándola una y otra vez.

—Te amo, Penny... te amo más de lo que las palabras pueden expresar —susurró, con la voz quebrada.

Se inclinó sobre su frente, apoyándola contra la de ella, mientras las lágrimas caían sin control.

—Te esperaré en la próxima vida...

Cuando la máquina emitió su último pitido y el monitor mostró una línea recta, el mundo pareció detenerse.

El llanto de Portia y Eloise rompió el silencio. Hyacinth se cubrió la boca, sollozando sin consuelo. Anthony abrazó a Kate con fuerza, mientras Sophie apoyaba la cabeza en el pecho de Benedict, incapaz de contener su dolor.

Edmundo se acercó a Colin y le puso una mano en el hombro con firmeza. Su hijo menor no reaccionó, seguía sosteniendo la mano de Penélope, con la mirada vacía.

—Hijo... —murmuró su padre, con un nudo en la garganta.

Colin no respondió.

Semanas después, cumplieron su última voluntad: llevar sus cenizas a Breckon Beach, en Escocia.

El día de la despedida, la playa estaba cubierta por una ligera neblina. Todos vestían de blanco, como ella lo había pedido. El mar rugía suavemente, y el viento acariciaba sus rostros con una ternura melancólica.

Portia sostenía la urna con ambas manos, temblorosa. Archibald, a su lado, le pasó un brazo por los hombros en un gesto silencioso de apoyo.

—Nunca imaginé que te despediría de esta manera, mi niña... —susurró su madre con la voz rota.

Eloise se acercó con los ojos enrojecidos y ayudó a abrir la urna.

—Siempre fuiste la mejor de nosotras, Penny... —murmuró, con una sonrisa melancólica.

Colin tomó un puñado de cenizas y las dejó caer con delicadeza en el viento.

—Siempre estarás conmigo, Penny...

Violet dejó caer algunas cenizas y cerró los ojos con lágrimas deslizándose por sus mejillas.

—Siempre fuiste una hija para mí.

Edmundo suspiró profundamente, mirando hacia el horizonte.

—Te amamos como si hubieras nacido en esta familia, Penélope. Nada cambiará eso.

Eloise apretó la urna contra su pecho antes de dejar caer su parte.

—Nadie escribirá cartas tan hermosas como tú.

Cuando la última partícula de cenizas se dispersó en el aire, el grupo permaneció en silencio, observando el horizonte.

Finalmente, Colin respiró hondo y sonrió con tristeza.

—Siempre hablaba de la luna y el sol. Pero, ¿saben algo? —murmuró, mirando el cielo despejado—. Ahora eres una estrella.

Todos alzaron la vista, y en ese momento, el sol se abrió paso entre las nubes, iluminando la playa con un resplandor dorado.

Era como si Penélope estuviera allí, sonriéndoles.

......

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses. El dolor nunca desapareció, pero con el tiempo, aprendieron a vivir con él.

Colin viajó por el mundo con una libreta de cuero, escribiendo sobre cada lugar al que iba, tal como lo habían soñado juntos. En cada carta que escribía, hablaba con Penélope.

Portia y Archibald crearon una fundación con su nombre para apoyar a pacientes con cáncer. Cada año, en el aniversario de su muerte, iluminaban linternas en el cielo en su honor.

Eloise publicó un libro con las cartas y poemas de Penélope, asegurándose de que el mundo conociera su alma.

Violet y Edmundo adoptaron la costumbre de mirar el cielo cada noche, buscando la estrella más brillante.

Y Colin...

Colin la llevó consigo en cada latido de su corazón.

Un amor así nunca muere.

Porque algunas almas están destinadas a encontrarse, una y otra vez, en cada vida, en cada estrella, en cada amanecer.

IkagaiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora