/ERES TAN FUERTE/
Nicholas
James Miller se encontraba serio, observándome como si creyera que su mirada podía provocar algún tipo de emoción en mí. Lo que él no sabía es que yo podía ser todo lo frío que quisiera. Liam estaba sentado a mi lado frente a James al igual que yo. El Scott había decidido que lo mejor era ir a hablar con James para así evitar problemas con las actualizaciones. Aunque el Miller no podía hacer nada contra eso, teníamos un contrato y debía cumplirlo al pie de la letra.
—¿Qué era eso de lo que querías hablarnos, Miller? —Liam fue el primero en hablar.
—Tal vez suene tonto y hasta raye lo absurdo, sin embargo, hay algo que me gustaría hablar con el señor Kuesel —declaró con una sonrisa.
—¿Mi presencia es necesario en su conversación? —inquirió el Scott.
—¿El señor Kuesel lo acepta? —me preguntó retador.
—¿Por qué no? —alcé y bajé las cejas.
—Bien, al parecer mi presencia no es indispensable en esto, me voy —comentó Liam levantándose de la silla y abotonándose la chaqueta de firma—. Daré una vuelta por el lugar —le indicó al Miller.
Él asintió con la cabeza, sonriente.
—Adelante, si quieres puedes pedirle a mi secretario que te asigne a una de las chicas para que te dé un recorrido, o a él mismo —le avisó con amabilidad.
Liam salió de la oficina a paso ligero, como si deseara irse lo más pronto posible. James no se hizo esperar y soltó con lo que iba a comenzar la charla que tanto le urgía. Yo ya presentía qué era: Poppy.
—¿Qué tienen Poppy y usted, Kuesel? —Directo.
Levanté las cejas, fingiendo incredulidad y me crucé de brazos.
—¿Acaso es de su incumbencia, Miller? —ataqué.
—Por supuesto.
—¿Por qué, eh?
—¿Es que acaso no ha visto lo que dicen los medios de ella? —inquirió, y pude ver que ese hecho del que hablaba lo frustraba—. Dicen cosas estúpidas que usted y yo sabemos que no son ciertas, pero que esa gente necesita para ganar dinero.
¡Mierda, cuánta razón tenía! Y eso comenzó a hacer que, poco a poco, me frustrara. Tenía que mantener la calma y no perder los estribos.
—¿Le afecta que sea conmigo con quien aparece Poppy en esos periódicos? —arremetí, serio.
—Lo que me afecta es que la reputación de Poppy se vea afectada por un cabrón de mierda como usted y su familia —declaró con severidad.
La manera en la que habló de mi familia hizo que un atisbo de enojo comenzara a crecer en mi interior. En esa familia estaba mi abuela y Rose, dos mujeres realmente encantadoras y a las cuales quería mucho, no le iba a permitir esa falta de respeto.
—Vea, Miller, usted no sabe siquiera lo que está hablando —le advertí usando toda mi cordura.
—Claro que sé de lo que estoy hablando, Kuesel —aseguró, poniéndose de pie y puse las manos en el marco del escritorio—. Y es por eso que se lo estoy diciendo. Lo único que quiero es que Poppy se vea afectada con esas sandeces que buscan es, en realidad, afectarlo a usted.
—Creo que está pisando que no le incumbe, James —le advertí.
—Si en ese terreno se encuentra Poppy Halper, entonces sí que me incumbe.
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Mi jefe y yo
RomancePoppy Halper y su odioso jefe, Nicholas Kuesel, no son el prototipo de jefe y secretaria perfectos. Es más, sus diferentes formas de pensar, de socializar, hasta de hablar, se chocan. Ella dice odiarlo y él suele tener constantes jaquecas por ella. ...
