/SE EQUIVOCA, MILLER/
Poppy
—Halper, ¿podría arreglar mi corbata desde ahora en adelante? —me preguntó con su mirada puesta en mí.
—¿Qué? —pregunté sorprendida y anonadada ante su abrupta pregunta.
¿Nicholas Kuesel me estaba pidiendo que arreglara su corbata desde ahora en adelante?
No supe qué decir, no encontraba las fuerzas suficientes como para articular palabra alguna, porque mi mente no me lo permitía, sólo se tomaba el tiempo necesario para procesarlo todo. Pero también me sentí un poco valiente por ser capaz de sostener su profunda mirada que parecía no querer darme tregua a escapar.
Con cada segundo que pasaba sentía su respiración cada vez más cerca de mí, golpeando mi rostro con una intensidad tan delicada que, extrañamente, me gustó. Había acercado su rostro a pocos centímetros del mío sin soltar mis muñecas de entre sus manos.
¿Qué era esto? ¿Qué era esté sentimiento que me estaba invadiendo y recorriendo de una manera intensa y acalorada?, me preguntaba internamente.
Mi subconsciente me pedía moverme, alejarme de él y tal vez huir en ese momento, pero mi cuerpo no reaccionaba. Su tacto se sintió tan jodidamente bien que tenerlo tan cerca me hizo desear más. Entonces, sus labios comenzaron a acercarse lentamente a los míos y hasta yo misma me sorprendí al abrirlos por instinto esperando aquella acción que, tal vez, él se había propuesto.
Creí que ese beso llegaría, que nuestros labios se tocarían por fin, pero estuvimos tan sumidos en nosotros dos que no nos dimos cuenta de que alguien nos observaba. Hasta que ese alguien se aclaró la garganta.
No lo pensé dos veces y me alejé instantáneamente de Nicholas a la vez que volteaba la cara, sentí las mejillas arder y el pulso descontrolado. Nicholas se puso recto y con disimulo fingió limpiar un polvo imaginario en su chaqueta de firma.
—Esperamos no interrumpir nada —habló el secretario de James, con el aludido al lado.
—¿Interrumpir? —pregunté nerviosa—. Oh, no, no. Claro que no. Los estábamos esperando —negué rápidamente a la vez que lo hacía con la mano que tenía libre.
Entonces, levanté la mirada y vi el ceño fruncido de James y una gélida mirada clavada en Nicholas, quien también lo observaba con neutralidad, como si lo que el primero pensara le importara un bledo.
¡Qué me tragara la tierra!
—¿Entramos? —pregunté finalmente, tratando de que el momento tenso terminara.
—Me parece bien —respondió James con una sonrisa, sonrisa que me hizo recordar momentos a su lado. Pero ya no los sentía como anhelos, sino como bonitos recuerdos que fueron bellos en su momento.
«Concéntrate» me pedí con severidad.
Abrí la puerta de la sala de reuniones y esperé a que Julián, su secretario y Nicholas entraran. Pero este último se quedó a mi lado y me indicó que entrara de primeras. Cuando Nicholas cerró la puerta nos ubicamos en la mesa de reuniones donde estaban los directivos y trabajadores que ayudarían para las nuevas actualizaciones de Lite Chat.
—Buenos días —dijo James sonriendo.
—Buen día, CEO Miller —respondieron todos al unísono con una sonrisa.
Nicholas también saludo con esa cortesía y dualidad tan suya, el respeto que todos le profesaban se vio reflejado en el saludo que todos le devolvieron. Era impresionante ver como hombres de mayor edad eran respetuosos con Nicholas, un hombre joven. Aunque llegados a ese punto todo se debía a que él sabía tratarlos con el mismo respeto que le brindaban.
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Mi jefe y yo
RomansaPoppy Halper y su odioso jefe, Nicholas Kuesel, no son el prototipo de jefe y secretaria perfectos. Es más, sus diferentes formas de pensar, de socializar, hasta de hablar, se chocan. Ella dice odiarlo y él suele tener constantes jaquecas por ella. ...
