Capítulo 56

20 3 0
                                        

Parte 2, Capítulo 21

La bofetada a Jieun aún resonaba en la palma de Jungkook cuando cruzó el umbral de los aposentos de Taehyung. La ira, una mezcla espesa de frustración, culpa y una protección casi violenta hacia su esposo, le quemaba el pecho. No se detuvo a anunciar su entrada; las puertas golpearon contra las paredes de mármol con un estruendo que hizo que las cortesanas retrocedieran de inmediato, buscando refugio en las sombras de los pasillos.

​Taehyung ni siquiera se inmutó. Estaba sentado frente a su gran ventanal, observando los jardines con una calma que resultaba insultante dadas las circunstancias. Ni siquiera se giró cuando Jungkook se detuvo a pocos pasos de él, con la respiración pesada y los hombros tensos bajo la túnica real.

​—¿Fuiste tú? —soltó Jungkook, su voz era un gruñido bajo que vibraba con una advertencia implícita—. ¿Fuiste tú quien envió a ese hombre a atacar a Jieun anoche?

​Taehyung se tomó su tiempo. Dejó el libro que sostenía sobre la pequeña mesa lateral y se levantó con una lentitud felina. Al girarse, su rostro no mostraba arrepentimiento, ni miedo, ni sorpresa. Sus ojos, afilados y oscuros, se clavaron en los de Jungkook con un desafío que el alfa no esperaba encontrar tan pronto.

​—¿Y qué si lo hice? —respondió Taehyung. Su tono era gélido, desprovisto de cualquier ápice de vergüenza—. ¿Qué piensas hacer al respecto? ¿Piensas castigarme? ¿Vas a encerrar a tu esposo por intentar limpiar la suciedad que tú mismo trajiste a este palacio?

​Jungkook dio un paso al frente, invadiendo el espacio personal de su omega. La feromona de alfa, cargada de molestia, llenó la habitación, pero Taehyung no bajó la cabeza. Al contrario, dio un paso hacia adelante, quedando pecho contra pecho.

​—Esa mujer está embarazada, Taehyung —siseó Jungkook—. Independientemente de cómo ocurrió, lleva una vida en su vientre. Enviar a un hombre enmascarado a ponerle una mano en el cuello es una locura. Estás cruzando líneas que no podemos borrar.

​—¿Líneas? —Taehyung soltó una risa amarga que no llegó a sus ojos—. Tú cruzaste la línea definitiva la noche que entraste en su cama. Y ahora me hablas de moralidad. Dime una cosa, mi Rey... ¿estás realmente dispuesto a poner a un bastardo en el trono de Jade? ¿Vas a permitir que el hijo de una mujer que conspira en cada rincón herede lo que nosotros hemos construido juntos?

​Jungkook guardó silencio. Ese era el punto de quiebre. El silencio se prolongó, volviéndose denso y asfixiante. La mandíbula del Rey se apretó hasta que los músculos de su cuello resaltaron.

​—No voy a permitir eso, y lo sabes —respondió Jungkook finalmente, bajando un poco el tono—. Pero si querías solucionar las cosas, debías buscar otra manera. Lo que hiciste anoche... te estás exponiendo demasiado. Si la corte se entera de que el Consorte está involucrado en ataques directos contra una concubina encinta, ni siquiera yo podré protegerte de la destitución. Me preocupa tu seguridad, Taehyung.

​Taehyung entrecerró los ojos, interpretando las palabras de Jungkook de la peor manera posible. Retrocedió un paso, como si el contacto físico con el alfa de repente le resultara repulsivo.

​—¿Te preocupa mi seguridad o te preocupa que algo le pase a ella? —espetó con veneno—. Suenas como si estuvieras defendiéndola. "Pobre Jieun, la atacaron en su habitación". "Pobre Jieun, está asustada". Si no piensas buscar una solución definitiva a este "problema", si vas a quedarte de brazos cruzados esperando a que la corte me eche para coronar a esa intrusa, entonces yo lo haré.

​Jungkook extendió una mano para tocarlo, pero Taehyung lo rechazó con un golpe seco.

​—Escúchame bien, Jungkook —continuó Taehyung, y esta vez su voz era un susurro letal que hizo que el Rey se quedara pasmado—. Si tengo que matar a Jieun con mis propias manos para asegurar que nadie ocupe mi lugar ni ensucie tu linaje, lo haré. No me pongas a prueba.

​Jungkook se quedó mudo, observando la transformación de su esposo. El Taehyung dulce y elegante que conocía parecía haber sido devorado por un soberano implacable y herido. No sabía si lo que sentía era temor o una admiración retorcida, pero la confesión lo dejó paralizado en medio de la habitación mientras Taehyung le daba la espalda una vez más, dándole a entender que la conversación había terminado.

​Mientras el drama consumía el ala real, en una parte mucho más relajada y opulenta del palacio, el Príncipe Beomgyu disfrutaba de su propia mañana. Estaba recostado en su sofá de terciopelo azul, con una pierna cruzada sobre la otra y la cabeza apoyada en un cojín bordado. No había rastro de la etiqueta formal que su tío Jungkook siempre le exigía; Beomgyu simplemente no veía el sentido de mantener las apariencias cuando solo su dama de compañía estaba presente.

​Se llevaba una uva tras otra a la boca, masticando con un aire de aburrimiento mientras escuchaba los informes del caos matutino.

​—Así que mi tío le dio una bofetada frente a los guardias... —comentó Beomgyu con una sonrisa perezosa—. Qué escándalo tan delicioso. Jieun siempre ha tenido la mano muy larga y la lengua muy floja. Supongo que finalmente se encontró con el límite de la paciencia de Jungkook.

​Resta importancia a la situación con un gesto de la mano, como si estuviera hablando del clima y no de una crisis política de sucesión. Escupió una semilla de uva en un cuenco de plata y se incorporó un poco, sus ojos brillando con un interés mucho más personal.

​—Deja de hablarme de esa mujer. No me interesa —dijo Beomgyu—. Háblame de Kang Taehyun. ¿Hay novedades sobre él? ¿Qué ha estado haciendo el hijo del ministro?

​Su dama de compañía, que estaba doblando algunas prendas de seda, se detuvo y lo miró con cierta vacilación.

​—Bueno, Alteza... hay algo nuevo. Se dice que su prometida ha llegado a la ciudad esta mañana.

​Beomgyu se congeló a mitad de camino hacia otra uva. Se sentó derecho, su expresión cambiando instantáneamente de la pereza a una curiosidad afilada.

​—¿Su prometida? —repitió, arrastrando las palabras—. No sabía que la chica tuviera el valor de presentarse aquí tan pronto. ¿A qué ha venido?

​—Al parecer, ha venido para supervisar los preparativos de la boda con el señor Taehyun. Quieren que todo esté listo para finales de año.

​Beomgyu soltó un bufido, revolviéndose el cabello con frustración. La idea de Taehyun casándose con alguien más era un nudo en su estómago que se negaba a desaparecer.

​—¿Cómo se llama la afortunada? —preguntó con un deje de ironía.

​—Se llama Shin Yuna, Alteza. Es una omega del Reino del Sol. Su familia es muy respetada allá; sus padres son médicos eminentes que suelen trabajar directamente para la familia real de esas tierras.

​Beomgyu se quedó pensativo, delineando sus labios con un dedo. "Shin Yuna". El nombre sonaba dulce, lo cual solo lo irritaba más. Sin embargo, su mente, siempre rápida para la intriga y el juego social, empezó a trazar un plan. Si Taehyun iba a casarse con ella, lo mínimo que podía hacer era conocer a su competencia.

​—Una omega de linaje médico... —murmuró Beomgyu, y una sonrisa traviesa empezó a formarse en su rostro—. Interesante. Seguramente será una criatura delicada y llena de virtudes aburridas.

​Se puso de pie, su energía renovada. La pereza de hace un momento se había evaporado por completo.

​—Prepara algunos regalos, los mejores que tengamos en mis almacenes —ordenó a su dama—. Telas del norte, algunas esencias de las islas y quizás ese broche de perlas que me regalaron en mi último cumpleaños. No podemos recibir a una invitada tan distinguida sin la debida cortesía del palacio, ¿no crees?

​La dama de compañía lo miró con sospecha. Conocía a Beomgyu lo suficiente como para saber que sus "cortesías" solían llevar un doble filo.

​—¿Piensa ir a visitarla, Alteza?

​—Por supuesto —respondió Beomgyu, mirándose en el espejo y ajustándose la túnica con un aire de superioridad—. Quiero ver con mis propios ojos qué es lo que Taehyun considera lo suficientemente bueno como para llevarlo al altar. Vamos a darle a la pequeña Yuna una bienvenida que no olvidará jamás.

The King Weakness - KookTaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora