"La madre de cera"

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Capítulo 3: Lester renace

La noche había caído sobre Ambrose como un telón espeso. Las farolas parpadeaban intermitentemente y el pueblo parecía más muerto que nunca… o más vivo que nunca, dependiendo de cómo se mirara.

Bo se paseaba cerca del museo, afilando una navaja con calma. Su sonrisa era fina, apenas perceptible, como la de un lobo esperando el primer movimiento.

—Ya están aquí —murmuró mientras los faros del coche se acercaban—. Justo a tiempo para la función.

El vehículo se detuvo frente a la iglesia clausurada. Una pareja joven descendió del auto. La chica, de cabello rizado y mirada desconfiada, sostenía una mantita azul con un bebé dormido en su interior. Junto a ella, un chico de chaqueta vaquera y ojos atentos. Detrás, una amiga bajaba, estirándose los brazos, quejándose del calor.

—¿Dónde estamos? Esto no aparece en el GPS —dijo la joven.

Bo se acercó, amigable en apariencia.

—Ambrose. Pequeño, pero acogedor. ¿Tuvieron un accidente?

—Una llanta —respondió el chico—. No sabemos qué pasó. Se salió de pronto. No hay señal.

Bo chasqueó la lengua.

—Bueno, suerte que los encontré. Puedo ayudarlos. Hay un mecánico cerca… y mientras tanto, pueden pasar al museo. Es histórico, saben. Gratis para turistas.

La chica de la mantita miró alrededor, inquieta. Su instinto le decía que algo no andaba bien.

—¿Pueden cuidar al bebé mientras revisamos el auto? No quiero que se asuste —dijo, como si hablara por reflejo, sin pensarlo demasiado.

Bo miró al bebé. Sus ojos se clavaron un segundo en el pequeño rostro dormido. Era tan... vulnerable.

—Claro. Mi madre es excelente con los niños —respondió.

⊱✿⊰

Reader sostenía al bebé en sus brazos, sentada en su sillón preferido. La mecedora crujía suavemente con cada movimiento. El bebé se había calmado, respirando profundo contra su pecho.

—Lester... —susurró con ternura, acariciando su cabello—. Eres tú. Lo supe desde que abriste los ojos.

En una repisa cercana, un **muñeco de cera** se encontraba sentado. Un niño rubio de expresión dulce, inmóvil, frío. Margaret lo miró un instante.

—Tu nombre siempre fue tuyo, ¿sabes? Ese pobre muñeco... no era más que una promesa. Pero tú... tú serás eterno.

Vincent apareció en la puerta, con los guantes manchados de cera y sangre seca. Observó en silencio.

—¿Es... para nosotros?

—Para la familia —respondió Reader sin levantar la vista—. Nuestro legado no puede morir. Lester llevará nuestro arte a nuevas generaciones. Lo moldearemos… como moldeamos todo.

Vincent asintió. Por primera vez en mucho tiempo, sintió algo parecido a esperanza.

⊱✿⊰

En el museo, las cosas se torcieron con rapidez.

La amiga fue la primera en desaparecer, arrastrada entre las sombras mientras inspeccionaba un salón. El chico fue derribado y silenciado en los pasillos, convertido en una escultura sin que nadie escuchara su último grito. La madre del bebé, al darse cuenta, corrió desesperada hacia la casa, solo para encontrar la puerta cerrada con llave.

—¡DEVUÉLVEME A MI HIJO! —gritó, golpeando la madera— ¡POR FAVOR!

Desde adentro, Reader la observaba desde la ventana. El bebé dormía.

—Hay cosas que la sangre no comprende... —murmuró—. Tú lo diste a luz. Pero yo lo haré eterno.

Vincent apareció detrás de ella.

—¿Qué hacemos con ella?

Reader suspiró.

—Haz lo necesario. Pero que no sufra. No quiero que el bebé lleve ese dolor. Es muy pequeño para conocer el horror.

Vincent obedeció.

⊱✿⊰

Días después, Ambrose volvió a su silencio habitual. Las esculturas nuevas estaban en su lugar. Una joven madre con los brazos estirados al vacío. Un joven con mirada perdida, como si aún esperara que lo rescataran. Nadie sospechaba. Nadie recordaba.

En la casa Sinclair, Reader sostenía al bebé Lester en su regazo mientras Bo lo observaba con los brazos cruzados.

—¿Estás segura de esto?

—Más que nunca —respondió ella—. Él es el cierre... y el principio.

Bo suspiró.

—Espero que no llore todo el tiempo. No soy niñero.

—Él no llorará. Está con su familia.

Vincent se acercó, acariciando la cabeza del pequeño Lester. Por primera vez en años, dejó su máscara sobre la mesa y mostró su rostro quemado, sin miedo.

El bebé abrió los ojos. Y sonrió.

Reader lo abrazó con fuerza, casi en un rezo.

—Bienvenido a casa, Lester.

Y así, en un pueblo muerto, una nueva vida comenzaba. Nacida del horror. Alimentada por el silencio. Y moldeada, como todo en Ambrose... en cera.

headcanon de Slashers | Libro 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora