Solo me preocupo por ti Pt2 | Brahms heelshire

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Fanfic: Brahms heelshire x Reader fem.

Géneros:Terror psicológico, suspenso, romance oscuro, yandere, drama emocional, hurt/comfort.

Sinopsis:
Tras perder el control y herir a Reader accidentalmente, Brahms se derrumba emocionalmente. Ahora enfrenta el peso de su culpa y el miedo de haberla perdido, mientras Reader intenta acercarse a él con calma, en un escenario cargado de tensión, vulnerabilidad y afecto contenido.

Continuación
"Después de la sangre"

Las manos de Brahms están temblando mientras lo guías hacia el baño, pero no sabes si es por el dolor o por el shock. Aun así, su agarre sobre tu muñeca es firme, como si temiera que desaparecieras si te soltaba.

El pasillo huele a hierro, a polvo viejo y a un rastro agudo de miedo que no proviene de Brahms, sino de ti. Sabes que él puede sentirlo también; te mira constantemente, como asegurándose de que sigues presente.

Dentro del baño, cierras la puerta con suavidad. Brahms se sienta en el borde de la tina y baja la mirada, como si de pronto estuviera demasiado cansado para sostener su propio peso.

Te acercas y tocas su mejilla. Él responde inclinándose a tu mano, pequeño, vulnerable, genuinamente humano.

-Vamos a ver esto... -murmuras, abriendo el botiquín.

Tiene un corte profundo en el antebrazo, hematomas en el torso, y probablemente un esguince leve en el tobillo por la caída. Cuando levantas su camiseta, hace una ligera mueca.

-Lo siento -susurra él, apenas audible.

Lo miras confundida.

-¿Por qué te disculpas?

-Me doliste... -dice señalando, no tu golpe, sino la expresión que tenías cuando lo halló junto al cuerpo de tu hermano-. Estabas triste.

Ese es Brahms: monstruo para el mundo, niño herido para ti.

Respondes con calma:

-No lloro porque te vi. Lloro porque te pude haber perdido.

Él parpadea, sorprendido. Luego baja la cabeza, como si intentara ocultar la calidez que le invade los ojos.

Te concentras en limpiar la herida de su brazo. Él aprieta los dientes cuando el alcohol toca la piel, pero no se queja. Tú sí, en cambio, sientes que el estómago se te revuelve. No por la sangre, sino por la idea de haberlo visto caer como un muñeco desde la barandilla.

Cuando terminas de vendarlo, Brahms extiende su mano y la coloca encima de la tuya. Su palma es grande, tibia, un ancla.

-Reader... -susurra con voz ronca-. No te vayas.

Te congelas.

-No me voy a ninguna parte, Brahms.

Él niega con la cabeza. Te abraza por la cintura, escondiendo su rostro en tu abdomen, como si ese gesto pudiera evitar que vuelvas a correr hacia tus demonios.

-No... no ahora. No después de... eso. -Sus dedos aprietan un poco tu camisa, angustiado-. Te asustaste de ti misma.

Sí. Es cierto. Lo hiciste.

Tú, cubierta en sangre, sintiendo el crujido de huesos como si fuera ruido de lluvia... Pero no puedes permitir que esa versión tuya sea lo único que él recuerde.

-Brahms -susurras, poniendo tus manos en sus mejillas y levantando su rostro con suavidad-. Yo no te tengo miedo.

Él parpadea una vez, lento. Luego otra.
Y lo entiendes: nunca nadie le había dicho algo así.
Nunca nadie había afirmado no tenerle miedo.

Sus labios tiemblan un instante y sus manos se aferran a tus muñecas como si fueras lo único real.

-Tú... tú me salvaste -dice él.

-Y tú me salvaste primero -respondes.

Brahms se incorpora con dificultad. Cuando lo ayudas a ponerse de pie, él no te suelta la mano. Te acompaña fuera del baño, apoyándose un poco en ti.

En el pasillo, el cuerpo de tu hermano aún yace inmóvil. Brahms te mira con una mezcla de respeto y cautela.

-¿Quieres que lo lleve? -pregunta con tono bajo, casi servicial.

Te sorprende que él esté dispuesto a hacerlo, con lo débil que está.

-No -dices con firmeza-. Yo puedo.

Brahms abre la boca para objetar, pero ve tu expresión y cierra los labios.

Te acercas al cuerpo. Aunque estás temblando, tus pasos son seguros. No es un acto de rencor; es un acto de cierre. Colocas una sábana encima acompañada de un suspiro largo y agotado.

Brahms se mantiene cerca, como un guardián silencioso.

-Reader... -susurra-. Eres fuerte.

No sabes si te lo dice para consolarte, para comprenderte... o para recordárselo a sí mismo.

Cierras los ojos.
Respiras.
Y por primera vez en años, el peso del pasado parece aligerarse apenas un poco.

-Lo sé -respondes.

Brahms baja la cabeza. Su mano busca la tuya otra vez, insegura, como si temiera ser rechazado.

No lo rechazas.

Lo tomas de la mano, tiras de él suavemente, y juntas avanzan por el pasillo oscuro, dejando atrás el cadáver y la parte de ti que murió junto a él.

La mansión ya no está en silencio.
La madera cruje.
El viento golpea las ventanas.
Y sin embargo, por primera vez, no te sientes sola.

Brahms camina a tu lado.
Herido, cansado, pero vivo.

Y ahora, más que nunca, te pertenece como tú a él:
no por sangre,
no por miedo,
sino por elección.

headcanon de Slashers | Libro 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora