Narciso de fantasía

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La carnada perfecta, arte surrealista.

El misterio silencioso que se adhería a tu sombra, tu arma certera.

El paso firme, la mirada segura; las palabras correctas, en el tono indicado; la sonrisa bien medida; todo en conjunto, un sedante.

Deliré por días, por meses, que seríamos uno para el otro e irremediablemente inseparables.

Me adormecí al escucharte invocar mis deseos.

Iluminaste como el oro mi ambición por cumplir cada cuento.

Pero las fantasías al final solo son para soñar despierto, para contemplar la vida recostado sobre anhelos; son ideas invasoras, destructoras de mundos, que parten apenas la verdad llega blandiendo la más mortal de sus espadas.

Y tú fuiste eso.

Cuéntales cómo solo te complació el hecho de que para ti fui el río para ver tu reflejo.
Diles que te fascinan los espejos que hablan, que te juran que eres lo más hermoso que se ha reflejado en ellos.
Confiesa cuánto te fascina la sensación de creerte perfecto. De inventar que eres el único que puede llegar a enseñar algo que nadie más sabía y nunca podrá olvidar.

Acepta que ni con todos los halagos del mundo será suficiente. Para ti es un vicio incurable.

Qué dolorosa será la realidad cuando la verdad se presente en su caballo negro empuñando la más mortal de sus espadas.

Es que estabas invadido y cubierto de lo mismo por lo que yo soñé despierta: fantasías.

Sí, al fin y al cabo solo fuiste un narciso de fantasía.

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