Damián cerró los ojos, intentando ahogar las risas de sus amigos, pero en lugar de eso, fue arrastrado a un sueño oscuro y distante. Las risas se desvanecieron, y se encontró en un lugar familiar, pero melancólico.
Tenía cuatro años. La casa era grande, pero se sentía vacía. Las paredes estaban adornadas con fotografías familiares, pero en cada una de ellas, Damián parecía un espectro, un niño que no encajaba. Su padre, Donovan, estaba siempre ocupado, con su mirada autoritaria que intimidaba. Era un hombre de pocas palabras, y cuando hablaba, su voz resonaba como un eco lejano en la mente de Damián.
-Donovan -decía, casi como un susurro. En sus ojos había una fría desaprobación que lo hacía sentir insignificante.
Su madre, Melinda, era hermosa, con ojos ámbar como los de Damián, pero su amor era un enigma. A veces era cariñosa, abrazándolo con una calidez que lo hacía sentir amado, pero en otras ocasiones, su mirada era de desprecio. Su voz resonaba como un cuchillo.
-Quizás si te hubieras muerto al nacer, no tendríamos que lidiar contigo -decía a menudo, y esas palabras perforaban el corazón de Damián.
-¿Por qué no puedes ser más como Demétrius? -agregaba, refiriéndose a su hermano mayor. Demétrius, con sus ojos vacíos, era un chico que solo se sumergía en los libros, un cascarón vacío que no mostraba emociones. A los ojos de su padre, él era el hijo perfecto.
Damián recordaba cómo se sentaba en el suelo de la sala, jugando solo con bloques de madera, mientras fuera de la habitación, la vida continuaba sin él. A menudo, escuchaba las conversaciones de los adultos, llenas de palabras que no comprendía, pero que le hacían sentir aún más pequeño.
En esos momentos, deseaba ser parte de su mundo, anhelando la atención de su padre, pero cada intento de acercarse era ignorado. La casa, aunque grande, se sentía como una prisión, y Damián era un prisionero en su propia familia.
Un día, mientras jugaba, Melinda entró en la habitación y lo miró con una mezcla de ternura y desprecio. Se acercó y lo abrazó, pero su abrazo pronto se tornó frío.
-Eres igual que ese moustro -susurró, antes de alejarse.
El sueño se tornó más oscuro, y Damián sintió una punzada en el corazón. Su infancia, marcada por la soledad y la búsqueda de aceptación, lo envolvía como una sombra. En ese instante, comprendió que nunca había tenido un lugar al que realmente perteneciera.
Mientras los ecos de su niñez resonaban en su mente, Damián se sintió perdido, atrapado entre recuerdos de anhelo y el deseo de ser amado. La tristeza lo envolvía, y mientras se hundía en la oscuridad del sueño, una sola pregunta lo atormentaba: ¿por qué nunca fue suficiente?
De repente, la imagen de Anya apareció en su mente, su risa y su calidez, cómo lo hacía sentir especial y visto. Pero antes de que pudiera aferrarse a ese pensamiento, se despertó sobresaltado, el corazón latiendo con fuerza. La realidad lo golpeó como una ola, y la melancolía lo envolvió de nuevo.
Mientras intentaba calmar su respiración, la inseguridad lo invadió. ¿Realmente merecía la atención de alguien como Anya? ¿Podría ser amado, a pesar de todo lo que había vivido? Las preguntas giraban en su mente, y la soledad lo acompañaba, dejándolo preguntándose si alguna vez podría encontrar su lugar en el mundo.
Ola :D
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Luces Del Pasado
FanfictionAl finalizar la operación Strix, Damian hijo del gran Partidario Donovan Desmond se ve afectado por que los alumnos de la escuela Edén lo ven con un gran desprecio por ser hijo de los Desmond, Anya Forger nota esto y se acerca a Damian para darle su...
