Capítulo 24

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La mañana siguiente a la fiesta del café maid, Damián se despertó con el eco de las risas y los fuegos artificiales aún resonando en su mente. La imagen de Anya sonriendo mientras miraban las estrellas juntos lo llenaba de calidez, pero había algo más: las palabras que ella le había susurrado con tanta sinceridad, "Te quiero".

Se sentó en la cama, sintiendo que su corazón latía con fuerza. ¿Qué significaba eso realmente? ¿Podía ser que Anya realmente sentía algo por él? Mientras se preparaba, los recuerdos de la noche anterior se entrelazaban en su mente. Hacer estrellitas con sus amigos, las risas compartidas, y la forma en que Anya lo miraba... todo parecía tan perfecto. Pero ahora, la idea de confesar sus propios sentimientos lo llenaba de nervios.

Al llegar a Edén, Damián se encontró con sus amigos en su lugar habitual. Ewen y Becky estaban discutiendo sobre los fuegos artificiales, mientras Emile miraba su teléfono, distraído. Damián se sentó, pero su mente estaba lejos de la conversación.

-¿Qué te pasa, Damián? Pareces distraído -preguntó Ewen, levantando una ceja.

-Nada -respondió Damián, aunque sabía que no podía ocultar lo que sentía. La idea de hablar con Anya lo consumía.

El día avanzó lentamente, y cada vez que veía a Anya, su corazón se aceleraba. Ella estaba sentada en un rincón, riendo con Becky, y Damián no podía dejar de pensar en cómo se sentía al mirar su sonrisa. Pero, ¿cómo podía acercarse a ella y decirle lo que sentía?

Finalmente, durante la clase de matemáticas, su profesor lo llamó para discutir un asunto escolar. Damián sintió que su corazón se hundía.

-Damián, ven aquí, por favor -dijo el profesor, interrumpiendo sus pensamientos.

Mientras se levantaba, miró a Anya, quien le sonrió y le hizo un gesto de ánimo. Pero a medida que se alejaba, sus nervios comenzaron a crecer. ¿Y si no podía decirle lo que sentía?

Después de la conversación con el profesor, Damián salió del aula y vio a Anya esperándolo, su expresión llena de curiosidad.

-¿Qué te dijo? -preguntó ella, inclinando la cabeza con interés.

-Solo cosas de la escuela. Pero... -Damián dudó, sintiendo que el momento se desvanecía. La idea de confesarle sus sentimientos lo abrumaba.

-Pero... ¿qué? -insistió Anya, mirándolo con esos ojos verdes que siempre lo desarmaban.

-Quería hablar contigo sobre algo importante, pero... -sus palabras se ahogaron en su garganta.

En ese momento, el timbre sonó y el profesor llamó a los estudiantes a la siguiente clase. Damián sintió que se le escapaba la oportunidad y una frustración creció en su interior.

-¿Podemos ir al Lago Estella después de clases? -preguntó de repente, sintiendo que era su única oportunidad.

Anya sonrió, su rostro iluminándose.

-¡Claro! Me encantaría.

A medida que las horas pasaban, Damián se sentía cada vez más ansioso. ¿Y si no podía expresar lo que sentía? ¿Y si todo salía mal? La idea de perder a Anya lo aterraba.

Finalmente, llegó la hora de salir. Damián respiró hondo mientras se dirigían al Lago Estella, su corazón latiendo con fuerza. Anya caminaba a su lado, despreocupada, pero él sabía que era el momento de ser sincero.

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