EL FINAL DE LOS TIEMPOS

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Desde la penumbra vibrante de la Torre Tempo, Max se debatía entre la fragilidad de su propia magia y una desesperación que lo consumía por dentro. Cada latido de su corazón le recordaba a Sergio, a quien amaba con toda su alma, y a quien jamás podría soltar, pese a los horrores que los habían separado y unidos en tantas batallas. En ese instante, mientras la sombra del Codex de Sangre se extendía amenazante, Max sintió que debía actuar, aunque su poder temporal apenas dejase entrever una chispa.

—No puedo perderte, Sergio. No ahora, cuando hemos pasado tanto juntos —murmuró Max, con la voz quebrada por el miedo y el amor entrelazados—. Cada segundo sin ti es un tormento que no puedo soportar.

La adrenalina y el recuerdo de cada noche en la que se refugiaron en el calor del uno al otro impulsaban sus deseos de salvarlo. Con manos trémulas, intentó canalizar la poca energía que aún le quedaba, tratando de convertirla en un escudo o en un impulso que pudiera revertir aquello que ya parecía ineludible. Sin embargo, la chispa que nacía en su interior parecía desvanecerse ante la magnitud del poder que se desataba a su alrededor.

Ante el inminente peligro, Pato decidió ir por Lewis con la esperanza de fortalecer la ya débil magia de Max. En un rincón del castillo donde Checo se había desvanecido, entre luces intermitentes y el eco de conjuros ancestrales, la figura de Lewis se impuso con una energía casi palpable.

—¿Tú? —cuestionó Max.

—Medidas desesperadas requieren acciones desesperadas —replicó Carlos

—Quiero ayudarlos —dijo Lewis con voz grave y segura —Tomé tu magia para traer a Sergio —extendió sus manos —Ahora te daré mi arte de la mía y vayas con él.

Max, sin esperanza alguna, extendió su mano buscando establecer un contacto.

Pero en ese preciso momento, Fernando intervino con la serenidad de quien ha aprendido a medir cada acción con cautela. Con una voz calmada y autoritaria, replicó:

—Esperá, Max. No podemos lanzarnos a la aventura sin un plan —Advirtió —Sé que tú amor por Sergio es innegable, y lo comprendo, pero actuar impulsivamente solo los pondrá en riesgo.

El empeño se reflejaba en el rostro de Max. La imagen de Sergio, con sus ojos llenos de esperanza y cariño, lo instaba a no dudar ni un instante:

—Fernando, no entiendes.

—Es mi hijo; créeme que lo entiendo.

—Entonces has caso a eso que entiendes; Sergio no tiene mucho tiempo.

—En esta batalla cada detalle cuenta. Si actuamos sin pensar, podríamos perderlo a él y a todos —con dolor en su voz, buscaba ser decidido —Necesitamos calma, coordinación y, sobre todo, un plan que nos saque de este laberinto sin más sacrificios innecesarios.

El eco de las palabras de Fernando resonó en Max como una contradicción dolorosa. Por un lado, su amor lo impulsaba a lanzarse sin reservas a salvar a Sergio; por otro, la prudencia de Fernando le recordaba que había más vidas en juego. Mientras Lewis continuaba canalizando su magia voodoo para robustecer la débil temporalidad de Max, él, en lo profundo, se aferraba a la imagen de Sergio: la sonrisa compartida en momentos de calma, los abrazos que habían sido refugio y la promesa silenciosa de nunca separarse.

—No puedo esperar a ver cómo se pierde —susurró Max entre lágrimas, con la voz quebrada por el sufrimiento—. Sergio me necesita, y yo estaré a su lado, pase lo que pase.

La conspiración se mantenía en vilo, al tiempo que los ecos del poder robado, de la magia voodoo y de la eterna lucha contra la oscuridad chocaban en el recinto ancestral. Y en el delicado equilibrio entre el corazón y la razón, Max comprendía que, sin importar lo que sucediera, jamás permitiría que el amor que lo unía a Sergio se disipara en la penumbra del destino.

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⏰ Última actualización: Jul 12, 2025 ⏰

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