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El jet privado ya había despegado del aeropuerto de Mónaco, con los cuatro hombres a bordo: Jungkook sentado en una fila individual cerca de la ventana, Taehyung junto a Dong Hyunk en el centro, mientras Heeseung ocupaba un asiento solitario más hacia la parte trasera, revisando informes desde su tableta.

Por fuera, todo parecía tranquilo.
Pero por dentro, Jungkook se repetía a sí mismo:
"Disimula. No lo mires tanto. Nadie puede sospechar."

Aunque la cercanía de Taehyung, a solo unos metros, le quemaba la piel como si pudieran sentirse incluso sin tocarse.

Fue entonces, mientras el jet cruzaba una zona de presión baja, que una leve turbulencia sacudió la aeronave.
Primero fue suave...
Luego, una más fuerte.

Las luces parpadearon y los cinturones se tensaron.
En ese momento, el cuerpo de Taehyung se estremeció visiblemente.

—Hyung... —susurró Dong Hyunk, al verlo llevarse las manos al pecho—. ¿Estás bien?

Taehyung negó con la cabeza, su respiración comenzaba a acelerarse.

—No... no puedo... no puedo respirar bien —dijo, apretando los dedos sobre los reposabrazos. Sus ojos se llenaban de miedo.

Dong Hyunk se alarmó y rápidamente trató de calmarlo, tomándole la mano.

—Tranquilo, estás bien, no está pasando nada, solo es turbulencia...

Pero nada funcionaba.

Jungkook, que ya había sentido el primer sacudón del avión, no pudo evitar girar el rostro cuando escuchó aquella voz quebrarse.
Y al ver la expresión de angustia en el rostro de Taehyung, algo dentro de él se encendió.

Sin dudarlo, se desabrochó el cinturón y se levantó, ignorando todas las miradas. Avanzó con rapidez hacia donde estaba Taehyung, pero antes de poder llegar, una figura se interpuso con calma contenida.

—Déjalo en mis manos —dijo Heeseung, quien también se había levantado, aunque mucho más lento y sereno—. Después de todo... él es mi secretario.

Jungkook se detuvo. Sus ojos lo perforaron, pero no dijo nada.
Todo dentro de él quería empujarlo y tomar a Taehyung entre sus brazos.
Pero no podía.
No debía.
No aún.

Se quedó quieto, los puños apretados a sus costados, observando cómo Heeseung se agachaba frente a Taehyung, hablándole en voz baja mientras le ofrecía agua.

Taehyung seguía temblando.
Y aunque intentaba escuchar la voz de su jefe, fue solo cuando —entre el tumulto— una mano cálida y conocida se apoyó brevemente sobre su hombro que logró calmar el temblor de su pecho.
Una señal muda, un gesto robado.

Solo Jungkook lo había tocado así.
Solo él sabía que esa era su manera de decir:
"Estoy aquí."

La turbulencia pasó.
Pero lo que quedaba en el aire...
Esa mezcla de emociones contenidas, promesas silenciosas y miradas evitadas,
eso apenas comenzaba.




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