45

251 17 1
                                        




La luz del día entraba atenuada por las persianas semibajadas, proyectando líneas difusas sobre el escritorio pulcro. Aquel silencio profundo era apenas interrumpido por el suave tic-tac del reloj de pared y el susurro del aire acondicionado.

Jungkook estaba sentado en uno de los sofás de su oficina, la espalda un poco encorvada, las piernas cruzadas, y entre sus manos, un objeto que parecía fuera de lugar en ese entorno de ejecutivo: un pequeño diario infantil de tapas azules con dibujos hechos a mano, el nombre de Taehyung garabateado torpemente en una esquina.

Lo había guardado todo ese tiempo. En un cajón escondido, lejos de todos. Y ahora, tras tantos hilos sueltos, lo sostenía como si se aferrara a una verdad antigua que el presente intentaba borrar.

Abrió el diario con cuidado. Las páginas eran breves, con palabras infantiles pero llenas de emoción.

"Gracias por protegerme, Jungkookie. Yo tenía miedo, pero tú me hiciste fuerte."

"Aunque eras mayor, nunca me dejaste solo. Si no hubieras estado conmigo, yo no habría aguantado."

"Un día, cuando salgamos, quiero casarme contigo."

Jungkook cerró los ojos con fuerza. Una punzada le oprimió el pecho. La imagen del pequeño Taehyung, con el rostro sucio, los ojos grandes y brillantes, y esa sonrisa rota por el miedo, se formó con nitidez en su mente.

—"No puedes casarte conmigo, Tae... Yo soy mayor. Cuando seas grande vas a conocer a alguien más, alguien mejor."

Recordó perfectamente haber dicho eso con la mejor de sus intenciones. Porque lo quería bien. Porque lo cuidaba como a algo sagrado.

Y sin embargo, en ese entonces, Taehyung le había respondido con total seguridad, con la voz todavía aguda pero firme:

—"No quiero a alguien más. Te quiero a ti. Aunque tú no me ames ahora, prométeme que me vas a amar cuando seamos grandes."

Jungkook sintió cómo algo se rompía dentro de él. Apoyó el diario sobre sus rodillas y se frotó el rostro con ambas manos. El recuerdo era tan vívido que le dolía.

—"Lo prometí... solo para calmarlo. Solo para que dejara de llorar..."

Pero ahora ese niño era un hombre. Estaba aquí. Lo veía todos los días. Le decía "señor Jeon" con respeto profesional, como si nunca hubieran compartido el infierno y el refugio que fueron el uno para el otro.

Y Jungkook... estaba atrapado. Atrapado por un compromiso que no deseaba. Por secretos que lo enredaban más cada día. Por decisiones pasadas que lo condenaban a callar.

Tomó el diario y lo abrazó contra el pecho, cerrando los ojos.

—"Perdóname, Tae... por no saber cómo amarte sin hacerte daño."

[Silencio. Solo el tic-tac del reloj y el murmullo distante de la empresa en movimiento. Pero allí, en su oficina, Jungkook se sentía más solo que nunca.]



El diario cayó suavemente sobre la mesa. Jungkook lo empujó hacia el fondo de un cajón y lo cerró justo cuando escuchó dos golpes secos en la puerta.

No tuvo tiempo de prepararse cuando la figura alta y relajada de Yugyeom apareció por el umbral, con las manos en los bolsillos y una sonrisa ladeada en el rostro.

/Propuestas/ KookV /Donde viven las historias. Descúbrelo ahora