12. Amistad

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La vida rutinaria de una estudiante modelo no era fácil, aunque muchos pudiera verlo como una vida de ensueño, en donde todo lo que tienes que hacer es simplemente existir, asistir a clases y mágicamente tener la capacidad de retener información útil para ser lo suficientemente inteligente y destacar en la escuela, era algo que no iba para nada, bueno, ni siquiera un poco cerca de eso.

"Lindo seria ser inteligente por obra de magia y no tener que estudiar largas horas."

Era el pensamiento constante de la dulce pelirroja, quien una vez más miraba el techo de su habitación con poco interés, escuchando de fondo el incesante y molesto tono de la alarma que ella misma había colocado una noche antes. Con pesar estiró su mano para tomar su teléfono y apagarla, quedándose unos minutos más observando el techo como si fuera lo más interesante del mundo.

Un día más.

Finalmente, y luego de pasar largos minutos pensando en su propia existencia, decidió levantarse para ir directo al baño de su habitación y tomar una rápida ducha, al terminar se vistió, optando esta vez por un atuendo más cómodo, unos pantalones de mezclilla sueltos y una blusa de botones de manga larga, también decidió no estilizar tanto su cabello como en días anteriores, pues no tenía ni el tiempo ni las ganas de hacerlo. Bajo a la cocina para preparar un rápido desayuno, el silencio sepulcral de la casa le indicó que sus padres seguían durmiendo, por lo que trato de hacer el menor ruido posible para no despertarlos. Cuando terminó su desayuno simplemente lavo sus dientes, se coloco su calzado en la entrada de la casa y llevando su bolso con lo necesario en el hombro derecho se dispuso a salir para hacer su recorrido hasta la universidad.

Tomar el tren de la estación más cercana para llegar también era un fastidio, una situación tan monótona que tenía que repetir día con día.

Mientras iba en el tren recargada en una de las paredes pudo divisar su silueta en uno de los vidrios de la puerta del tren, una pequeña mueca surco en sus labios, sintiéndose de pronto insatisfecha consigo misma.

Sintiendo que no era ella misma.

Hacia tiempo que para Jung Danielle su vida en el campus era tanto repetitiva como exhaustiva. No nació con el don de ser inteligente, sino que lo forzaba, su nula retención de memoria era su peor enemigo, pero al mismo tiempo, su terquedad mucho más grande, orillandola a forzarse a estudiar para tener buenas calificaciones.

Si Danielle era una estudiante modelo no es porque fuera inteligente por naturaleza, sino porque pasaba horas y horas con la nariz metida entre libros o repasando sus clases.

Pero sus amigos y familia no sabían, o más bien, no prestaban atención a ello, ellos daban por hecho que la pelirroja era inteligente por excelencia. Nada más alejado de la realidad. Danielle prefería leer una novela de setecientas páginas antes que un artículo de treinta.

¿Sus aspiraciones? Totalmente mediocres, simplemente decidió seguir el mismo camino de su padre (la contaduría) ya que no tenía idea de que hacer o estudiar, su vida llegó a un punto tan monótono que, por miedo a dejar ver que no tenía una meta, simplemente fingió estar orgullosa de la profesión de su padre y sentir tanta devoción por ello al grado de querer desempeñar lo mismo.

Pero, ante los ojos de los demás, ella era ejemplar, una estudiante única, simpática, inteligente y bonita.

Bonita.

El adjetivo que más la describía.

Bonita.

Danielle era la definición de una chica bonita. Lo único con lo que había nacido, lo único por lo que no tenía que esforzarse en reafirmar.

𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒍𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒙𝒐 • [ ᴋᴏᴏᴋᴛᴀᴇ ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora