21. Park Jimin

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Cabellos rubios que a la luz del sol parecían resplandecer, mejillas sonrosadas naturalmente que le daban un aspecto de encanto, labios rellenos y rosaceos que tentarian a cualquiera, y, como la cereza del pastel, un cuerpo de infarto que, aunque reflejaba la clara masculinidad, se veía bellamente curvilíneo, sobre todo cuando practicaba ballet.

Un cisne blanco, es exactamente como todos le veían.

Una belleza hecha carne y hueso, misma que danzaba con la más pulcra rectitud.

Un dorado hermoso, recubierto de plumas blancas que le hacían parecer un mismo ángel.

Pero... ¿De qué servía?

Si ese imbécil no parecía querer caer por él.

Jimin mordió con fuerza la lata de cerveza que mantenía contra sus tersos labios, mirando por la ventana al guapo profesor de música de mirada felina, mismo que se despedía de su hermana en la entrada de su casa, lo vio murmurar algo a la distancia y finalmente montar su auto color negro, nada hostentoso, pero si bastante elegante, que por supuesto le quedaba super bien.

Cuando lo vio alejarse a la distancia por fin pudo despegarse de la ventana, tirando la lata de cerveza ahora vacía hacia un rincón de su cuarto, junto a las otras ocho latas vacías que yacían desperdigadas en el piso. Se dejó caer en la cama, extendiendo sus brazos a los extremos y mirando fijamente el techo.

Idiota, idiota, idiota.

Min Yoongi eres un idiota.

"¿Crees qué eres tú quién puede dejarme?" Murmuró a la nada, con los ojos nublados y la boca entreabierta. "¿Qué tan poca cosa resulte para ti qué pudiste mandarme a la mierda en la primera oportunidad?"

Cuanta amargura.

Cuanto dolor.

Cuanta humillación.

Que un imbécil le hiciera sentir de esa forma, que lo hiciera sentir tan poca cosa.

Se levantó de la cama para ir hasta el espejo de cuerpo completo que había en su habitación, mirando su silueta cubierta por una camisa blanca transparentosa y bermudas negras. Un rostro demacrado y rojizo (producto del alcohol ingerido) se vislumbraba aterradoramente, recordandole su lamentable estado.

Miró la hora en su reloj de pared, eran cerca de las 11:00am, tenía que llegar a sus clases, tenía que prepararse para asistir a la universidad porque ya no podía tener más faltas, a este paso perdería la matrícula solo por inasistencias.

Con pesar fue hasta su armario para escoger su ropa, Park Jimin podría estar en medio de una profunda depresión, un terremoto o incluso el fin del mundo, pero nada de eso impediría que fuera mal vestido, por lo que terminó eligiendo un buen conjunto.

Se lavo la cara luego de vestirse y cepillo sus dientes, lo que menos quería era llegar apestando a alcohol y desesperación lo que restaba del día, ya bastante tenía con las horribles ojeras que le pintaban los ojos como medias lunas.

Tomo su mochila y finalmente abandonó su silenciosa casa, cerrando la puerta con llave sabiendo que tanto sus hermanas como su madre tenían un repuesto. Camino tranquilamente durante quince minutos, era una verdadera bendición vivir tan cerca del campus, le ahorraba los largos caminos en autobús o las ajetreadas esperas del tren en la estación. Antes de llegar al campus saco unas gafas negras de su mochila para colocarselas, ajustandolas en el puente de su nariz. Sin querer hizo match con el resto de su ropa.

"Pero si es Park Jimin, hey, llevas días sin aparecerte a clases." Marina fue la primera en interceptarlo en la entrada del campus, iba acompañada de su novio, Jun, quien solo hizo un gesto a modo de saludo para Park.

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⏰ Última actualización: 4 days ago ⏰

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𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒍𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒙𝒐 • [ ᴋᴏᴏᴋᴛᴀᴇ ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora