Park Jimin siempre fue una persona popular, se acostumbro a ello a temprana edad porque simplemente no podía evitar destacar a donde quiera que fuera. Su personalidad y su atractivo físico eran demasiado vistosos, por lo que nunca le sorprendió el hecho de recibir atención por todos lados.
Desde cosas tan sencillas como ser el preferido de sus profesores en la escuela, llevarse con toda la clase, ser el sobrino, hijo, hermano y amigo favorito, todo ello era completamente normal en su vida. En su niñez era así, todos lo describían como un niño amigable, dulce y lindo.
Es por ello que al llegar a la adolescencia ni siquiera le sorprendió el hecho de empezar a tener pretendientes, ya fueran hombres o mujeres, todos buscaban su atención y parecían completamente embelesados con su encanto.
Parte de su adolescencia tuvo varios novios, pero todas fueron relaciones fugaces, por alguna razón recibir sus confesiones de amor se volvió parte de su diario vivir, por lo que pronto se dio cuenta de algo: eso le resultaba monótono y aburrido.
Ser buscado primero y ser considerado un ser celestial no le resultaba nada atractivo, siempre que iniciaba una relación de ese tipo sabía perfectamente que esta ya tenía una fecha de vencimiento demasiado pronta, porque pronto volvería a aburrirse y terminaría con todo.
Era algo que sabía muy bien, pero claramente nunca diría a sus amigos, por eso prefería continuar con esa rutina de todos me hacen daño, nadie me comprende, nadie entiende lo que yo siento, porque algo de dramatismo en su vida siempre era una primicia jugosa.
Creyó que gran parte de su vida continuaría así, con el teniendo un nuevo novio con una fecha de caducidad extremadamente corta, después de todo amaba la sensación de superioridad que cada una de esas insignificantes relaciones le dejaba, porque lo sabía muy bien, que quienes más sufrían la pérdida eran ellos, no él.
No fue hasta aquella mañana de julio, cuando se había despertado a las 5:30am, un hábito que había desarrollado luego de trabajar durante dos meses en una tienda de conveniencia, a pesar de que ya no trabajaba el horario se le había pegado como una nueva costumbre, el cántico de los pájaros que volaban fuera de su ventana y el ruido de automóviles encendiendo sus motores listos para irse le hizo despabilarse por completo, frunciendo el ceño ante la molestia.
Molesto volvió a cubrirse con las mantas buscando conciliar el sueño nuevamente, pero pronto fue nuevamente sacado de sus dulces sueños cuando un suave toque en su puerta le hizo aventar las mantas con frustración fuera de su cuerpo y sentarse de un tirón para poder alzar la voz.
"¿Qué pasa?" Preguntó en voz alta refregando sus ojos con las mangas del suéter que usaba como pijama.
"Antes de que vayas a clases saca la basura de la cocina por favor, hoy vendrán a recogerla." La dulce voz de su madre resonó desde el lado contrario de la puerta ferreamente cerrada, antes de escuchar como sus pasos se alejaban por el pasillo.
Jimin volvió a tirarse en la cama, maldiciendo para si mismo por tener tanto sueño y tan pocas ganas de levantarse de la cama.
Finalmente y luego de una lucha mental de quince minutos en donde se debatió si valía la pena asistir a clases o no se decidió a salir de su habitación, claro, eso luego de haberse vestido correctamente. Apenas abrió la puerta de su habitación dos figuras menudas pasaron a toda velocidad frente a él, haciéndole revolotear los cenizos cabellos.
"¿Otra vez tarde?" Preguntó en voz alta recibiendo únicamente como respuesta dos risitas cómplices de quienes eran sus hermanas menores.
Las chicas eran gemelas, la primera de nombre Solji y la segunda llamada Lila.
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𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒍𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒙𝒐 • [ ᴋᴏᴏᴋᴛᴀᴇ ]
Fanfiction"Pedirle a alguien que te enseñe a conquistar a una chica es bastante común, ¿Cierto? Pero, ¿Pedírselo a un chico gay? ¿Es que acaso este tipo ha perdido la cabeza?" Este fue el humilde razonamiento de Kim Taehyung cuando un estudiante de apariencia...
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