Alvaro's pov
No dormí.
No podía. Cada vez que cerraba los ojos, la veía. Parada ahí, con la mirada rota. La misma mirada que me clavó antes de salir corriendo de ese lugar como si le faltara el aire, como si estuviera escapando de algo más que una casa. Estaba huyendo de mí. De nosotros. Y yo no hice nada para detenerla.
La noche fue larga. Interminable. El arrepentimiento era una sombra densa que no me soltaba. La cabeza me dolía de tanto pensar en qué decirle, en cómo explicarle algo que ni yo podía entender sin sentirme asqueroso. No había justificación, lo sabía. Pero necesitaba verla. Aunque fuera solo para decirle que lo sabía, que lo entendía, que no merecía su perdón, pero que aún así... lo necesitaba.
Fui a su casa apenas salió el sol. Me temblaban las manos cuando toqué el timbre. Era una estupidez pensar que me recibiría. Pero me aferraba a esa mínima posibilidad de que aún me escuchara.
Abrió su mamá.
Tenía la cara seria, dura. Pero también estaba hinchada, como si hubiera llorado junto con ella toda la noche.
—¿Qué hace aquí? —preguntó, sin disimular su molestia.
—Necesito hablar con Andrea, por favor. Solo... solo quiero explicarle. Pedirle perdón.
Me miró como si no entendiera cómo me atrevía. Pero no me gritó. No me cerró la puerta en la cara. Solo suspiró, bajando la mirada.
—No quiere ver a nadie. No ha bajado. No ha dicho ni una palabra desde anoche.
Sentí que me hundía.
—¿Puedo intentar...? Por favor. Solo... solo un minuto.
Ella dudó. Por un segundo vi compasión en sus ojos. No por mí. Por su hija.
—Camilo está arriba con ella. También intentó esta mañana. Está tan destrozado como tú.
"Como tú". No. Nadie estaba tan destrozado como Andrea.
Pero asintió, y me dejó pasar.
Subí las escaleras con el corazón en la garganta. Cada paso era un castigo. Escuchaba murmullos detrás de la puerta de su cuarto. Y antes de tocar, escuché su voz.
—No quiero verlos. A ninguno.
Me paralicé.
—Andrea, soy yo —dije, apenas, mi voz ronca—. Solo... escúchame. No tienes que decir nada. Solo escúchame.
Silencio.
—Por favor.
Sentí movimiento del otro lado. No abrió. Pero no me echó tampoco.
Y entonces empecé a hablar.
—Sé que no hay forma de pedirte perdón por esto. Sé que lo que hicimos fue... cruel. Estúpido. Injustificable. Pero juro por todo lo que tengo que nunca, nunca supe lo que Eva estaba haciendo. Ni que era una prueba. Ni que era un mensaje. Yo creí. Creí lo peor. Y eso fue mi error. Creí sin cuestionar. Sin pensar en ti. Y me odio por eso.
Seguí. No sabía si me escuchaba. Pero no podía parar.
—Te fallé. No solo como pareja. Como persona. Como alguien que se suponía que debía respetarte, conocerte, proteger lo que te importa. Y no lo hice. Fui como todos los demás. Me dejé llevar. Y ahora entiendo por qué te fuiste sin decir nada. Porque no había nada que decir.
Me apoyé en la puerta, sintiendo cómo se me quebraba la voz.
—Solo quiero que sepas que lo sé. Que te perdí. Pero que, aun así, estoy aquí. Porque me importas más de lo que jamás fui capaz de demostrarte. Y si tengo que quedarme aquí todos los días a decirte lo mismo... lo haré. Hasta que al menos puedas verme sin que te duela.
ESTÁS LEYENDO
¿Todo? -Alvaro Castro
Fiksi PenggemarAndrea Granados regresa a Colombia para disfrutar de su familia y poder superarse a si misma pero creo que un pequeño nadie se convertirá en su gran todo
