Capítulo 15

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Megan Brown

Me encerré en mi habitación de un portazo, todavía con la rabia quemándome en el pecho. El baile, las miradas, su arrogancia... todo había sido demasiado. Me dejé caer en la cama con el vestido aún puesto, odiando cada segundo que había pasado en esa maldita fiesta. Odiándolo a él.

Quería dormir, olvidar su voz, sus manos sujetando mi cintura sin permiso, sus palabras susurradas como si tuviera derecho sobre mí. Me arropé con las sábanas y cerré los ojos con fuerza, intentando convencerme de que podía ignorar su presencia en la casa, al menos por una noche.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuché el clic suave de la puerta. No me moví. Tal vez era un sueño, tal vez estaba tan cansada que mi mente me estaba jugando una mala pasada.

Entonces lo sentí. El aire en la habitación cambió, más denso, más frío. Abrí apenas los ojos, entre la penumbra, y lo vi: Draco, apoyado en el marco de la puerta, con la varita en la mano y esa expresión que mezclaba diversión con algo mucho más oscuro.

No tuve tiempo de reaccionar. Con un movimiento leve, las sábanas comenzaron a deslizarse hacia abajo, como si fueran arrastradas por manos invisibles. Mi respiración se aceleró. Intenté sujetarlas, pero cayeron al suelo sin resistencia.

—¿Qué estás haciendo? —susurré, mi voz temblando entre el miedo y el enfado.

Él no respondió. Solo inclinó la cabeza, como un depredador curioso. Con otro gesto de su varita, la tela de mi ropa se movió, floja, incómoda. Lo detuve con la mirada, incrédula, pero ya estaba demasiado cerca.

En un instante estaba sobre mí, su cuerpo aplastando el mío contra el colchón. El calor de su respiración me envolvió, y la sorpresa me dejó sin aire.

—¿Estás loco? —alcancé a decir, empujando su pecho con las manos.

Draco sonrió, esa sonrisa arrogante que siempre me sacaba de quicio.
—Shhh... —susurró en mi oído—. No finjas que no lo sientes también.

Su mano me sostuvo con fuerza, y por un momento mi mente fue un caos. Quise gritarle, empujarlo con todas mis fuerzas, pero algo en mi propio cuerpo me traicionó. Cada roce, cada presión, me encendía por dentro. Mi enojo se mezclaba con algo más, algo que no quería admitir.

Lo odiaba. Lo odiaba tanto que me quemaba... y al mismo tiempo lo deseaba de una forma que me hacía sentir culpable.

—Draco... basta —murmuré, intentando recuperar la cordura.

Él se inclinó más, sus labios rozaron mi cuello, y por un segundo me dejé llevar. Mis dedos se aferraron a sus hombros, como si no pudiera decidir si quería apartarlo o acercarlo aún más.

La tensión era insoportable, un fuego que crecía con cada segundo. Pero entonces, de golpe, el orgullo fue más fuerte. Lo empujé con toda la fuerza que tenía, logrando separarme unos centímetros.

—¡Basta! —dije con firmeza, mirándolo directo a los ojos.

Su rostro cambió. Ya no había diversión, sino molestia. Molestia de verdad. Draco Malfoy no soportaba que lo frenaran, que alguien le negara algo que él ya había decidido tomar.

—Eres insoportable —escupió, con esa rabia contenida que siempre escondía bajo su máscara de superioridad.

Me incorporé, temblando de furia, con las mejillas ardiendo por todo lo que acababa de pasar.
—Y tú eres patético.

Nos quedamos mirándonos, desafiándonos en silencio, hasta que finalmente se levantó de la cama y se apartó. Caminó hacia la puerta sin decir nada más, pero antes de salir se giró y me lanzó una última mirada, cargada de advertencia.

—Esto no termina aquí, Megan.

La puerta se cerró tras él, y quedé sola en la penumbra, con el corazón desbocado y la piel encendida. Lo odiaba... y sin embargo, no podía negar lo que había sentido bajo su peso, en el roce de sus manos.

Ese era mi peor castigo: odiarlo y desearlo al mismo tiempo.

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⏰ Última actualización: Dec 30, 2025 ⏰

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Obliviate| DRACO MALFOYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora