Capitulo 27

136 26 2
                                        

Nunca pensé que un gesto tan pequeño pudiera significarlo todo.

Pero para Kim... sí. Para nosotros... también.

Después de dos semanas, Kim ya no tenía aquel muro frío en los ojos. Seguía herida, sí. Seguía dolida por la mentira. Pero había algo distinto en su forma de mirarnos: algo cálido, tembloroso, frágil... pero real.

Aquella mañana, bajó en la silla de ruedas con el pelo recogido en una coleta desordenada y la manta sobre las piernas.

Su expresión estaba tranquila. Serena. Cansada, pero suave.

Yo estaba en la cocina. Antonio en el salón revisando unos papeles. Kevin y Kelly preparaban el desayuno de los niños.

Y entonces Kim dijo:

—¿Podéis venir un momento?

Los cuatro nos giramos al mismo tiempo. Era la primera vez que pedía algo así.

Nos acercamos despacio, en un semicírculo frente a ella. Todos la mirábamos como si fuera a romperse, como si no quisiéramos asustar la pequeña paz que parecía tener hoy.

Kim tomó aire. Su voz temblaba un poquito.

—Sé que aún estoy enfadada —dijo mirando al suelo—. Sé que... me duele. Pero también sé que... os he echado de menos.

A Antonio se le escapó un suspiro entrecortado. Kevin apretó los labios. Kelly parpadeó varias veces. Yo simplemente me quedé quieto.

Kim levantó la mirada. Sus ojos estaban brillando, pero no lloraba.

—Quiero... intentar acercarme —susurró—. Un poco. A mi ritmo. No prometo nada, pero... quiero sentiros cerca sin miedo.

Y antes de que pudiéramos responder...hizo algo que nadie esperaba.

Primero, Antonio

Ella extendió su mano hacia él.

Antonio se arrodilló delante de la silla, respirando como si estuviera frente a un milagro.

Kim tomó su rostro con una delicadeza que me erizó la piel.

Se inclinó...

Y le dio un beso suave en los labios. Corto. Apenas un susurro. Pero Antonio cerró los ojos al instante, como si una vida entera se comprimiera en ese segundo.

Kim apoyó su frente en la de él un instante más.

—Gracias por no rendirte conmigo —murmuró.

Él soltó un ruido ahogado, mezcla de alivio y emoción.

Luego, Kevin

Kim giró la cabeza.

—Kev... ven aquí.

Kevin parecía sorprendido, como si no creyera que ella lo llamaba. Se acercó despacio, manos temblando.

Kim lo tomó del borde de la camiseta, lo atrajo hacia ella...
y le dio un beso pequeñito, como una caricia de labios.

Kevin se quedó congelado. Después, cuando abrió los ojos, los tenía húmedos.

—Te quiero tanto que a veces duele —susurró él.

Kim sonrió por primera vez ese día.

Después, Kelly

Kim levantó la mano hacia él.

—Ven —le dijo con la voz más suave que le había escuchado desde antes de todo esto.

Kelly se acercó hasta ponerse a su altura. Ella tomó su mejilla, arrastrando el pulgar con ternura... y le dio otro beso corto, lleno de dulzura.

Kelly soltó una risita temblorosa.

—Echaba de menos que me dieras los buenos días así.

Ella bajó la mirada.

—Yo también.

Por último... yo

Cuando Kim alzó los ojos hacia mí, sentí un golpe en el pecho.

—Jay... —murmuró.

Me incliné despacio, sin acercarme del todo hasta que ella extendió su mano y me atrajo hacia ella.

Me puse a su altura. Su mano temblaba en mi nuca.

—Tú me sostuviste cuando caí —susurró—. Te debo más de lo que crees.

Yo negué suavemente.

—No me debes nada, Kim.

Y entonces ella... me dio un beso corto en los labios. Cálido. Breve. Suave como un susurro.

Una chispa de calor subió por mi pecho, pero lo contuve. No era el momento de pensar. Solo de sentir.

Kim se separó, respiró hondo y se limpió una lágrima que no llegó a caer.

—No estoy lista para volver a ser lo que éramos —dijo en voz baja—. Pero... estoy lista para que estéis cerca. Para confiar poquito a poco. Para dejar que me cuidéis... sin miedo Y para daros esto.

Nos miró a cada uno.

—Porque os quiero. A los cuatro. Y duele... pero también me cura.

Antonio pasó un brazo por detrás de ella, sin tocarla, solo para estar cerca. Kevin tomó su mano. Kelly se arrodilló a su lado. Yo me quedé enfrente, respirando con ella.

Los cuatro alrededor de Kim. Ella, por primera vez en meses... tranquila.

Y esos besos cortos, pequeños, suaves...

Fueron el primer ladrillo de la reconciliación más complicada y hermosa que íbamos a vivir.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Dec 14, 2025 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Poliamor en ChicagoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora