Capitulo 25

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Narra Jay

-¿Cómo está Kim? - fue lo primero que preguntó Antonio cuando los niños se durmieron.

-Está en coma, según nos dijo Connor es posible que en una semana o así salga del coma - dije.

-¿Como se lo diremos? - preguntó.

-Hable con mi hermano, lo mejor es hacerlo cuando despierte y esté cuerda pero con los calmantes para no alterarla de más - dije y el asintió.

-Va a ser complicado para todos, Kim se enfadará es algo obvio pero no lo estará mucho - dijo Kev.

Nos preparamos para dormir y luego mientras preparábamos a los niños para llevarlos al colegio Milenka nos explicaba todo lo que le debíamos de dar a Kim.

-Bien su majestad disfrute del día de colegio - dijo Kelly y todos reímos montando en el coche.

Pusimos rumbo al hospital y Connor salió apresurado para buscarnos.

-Se está despertando- dijo y fuimos tras el.

-Ey - dijo Kev al verla abrir los ojos y yo sonreí.

Ella miró todo confundida y su vista se centró en Antonio lo cual le hizo fruncir el ceño.

-¿Qué? - dijo ella confundida y yo apreté mis labios.

-Mi amor, lo sentimos mucho, Antonio se tuvo que ir a una misión un tanto complicada, por eso te dijimos que había muerto en un tiroteo- dije con el tono más suave que tenía.

Algo en sus ojos se rompió mirándome, no lloró, no gritó pero vi de primera mano la decepción y traición en sus ojos.

-¿Todo este tiempo? - dijo ella confundida -Me habéis engañado, habéis visto lo mal que estaba y no me habéis dicho nada - dijo dolida.

-Cielo, déjanos explicarte por favor - dijo Kelly y ella soltó un suspiro tembloroso.

-No os quiero ver a ninguno ahora, necesito pensar en lo que me habéis hecho - respondió mirando a un ventanal de a habitación y soltó nuestro agarre.

-Cariño, sé que no quieres verme, que estás dolida, pero todo lo hice por el bien de los niños y del nuestro - dijo Antonio.

Narra Kim

El sonido del monitor cardíaco fue lo primero que me ancló a la realidad, un pitido constante que parecía latir junto con mi pecho. La luz blanca del hospital me cegaba cada vez que intentaba abrir los ojos. El olor... a desinfectante, a piel quemada por el tiempo, me dio la certeza de que estaba viva. Pero... ¿por qué? ¿Cuánto tiempo había pasado?

Intenté mover los dedos, un leve hormigueo me recorrió el brazo derecho, como si mi cuerpo aún no se hubiera decidido a despertar. Y entonces escuché sus voces. Murmullos primero, luego un silencio tan denso que podía cortar con un cuchillo.

—Ey... —fue Kevin el primero en hablar, su voz dulce, rota por una mezcla de alegría y nerviosismo.

Mis párpados pesaban, pero al abrirlos vi un mosaico de rostros conocidos. Kevin, Kelly, Jay... todos. Sus ojos brillaban como si hubieran esperado este momento por una eternidad. Pero fue él, Antonio, quien capturó mi mirada, clavándome al suelo sin dejarme respirar.

No. No podía ser. No debía ser.

Mi corazón golpeó con fuerza, como si quisiera arrancarse de mi pecho. Sentí una presión en la garganta, una punzada fría y seca. Me incorporé apenas, buscando respuestas.

—¿Qué...? —fue lo único que pude articular, apenas un susurro, pero suficiente para llenar la sala de un silencio tenso.

Kevin se inclinó, tomó mi mano con cuidado. Sabía que estaba frágil. Sabía que me estaba rompiendo.

Poliamor en ChicagoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora