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=volviendo a la realidad=

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El tiempo, ese río invisible que nos arrastra sin cesar, ¿qué es en realidad? Un concepto, una ilusión, una realidad implacable que nos recuerda constantemente nuestra propia mortalidad. El pasado se desvanece en la memoria, el futuro se esconde en la incertidumbre, y el presente se escapa en un suspiro.

Nos aferramos a los momentos, intentando detener el reloj, pero es inútil. El tiempo sigue su curso, indiferente a nuestras súplicas, dejando en su estela recuerdos, experiencias y, eventualmente, olvido. ¿Qué queda de nosotros cuando el tiempo nos ha borrado? La pregunta resuena en el vacío, sin respuesta aparente.

Sin embargo, es precisamente en esta fugacidad donde encontramos la belleza, la urgencia de vivir, de amar, de crear. El tiempo nos recuerda que cada instante es un regalo, un fragmento de eternidad que debemos aprovechar. Así, en lugar de temerle, podemos abrazar el flujo del tiempo, aceptando su naturaleza efímera y encontrando significado en el presente.

 Así, en lugar de temerle, podemos abrazar el flujo del tiempo, aceptando su naturaleza efímera y encontrando significado en el presente

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La sensación de carbonización, un proceso de transformación radical, donde el fuego consume la esencia misma de la existencia. El cuerpo, una vez un templo de carne y sangre, se convierte en cenizas, reducido a su forma más elemental.

En este estado, la conciencia se desintegra, y la identidad se disuelve en la nada. La piel se quema, la carne se derrite, y los huesos se reducen a polvo. El dolor, un grito silencioso, se convierte en la única realidad.

Pero, ¿qué sucede con la esencia, el alma, el yo? ¿Se consume también en las llamas, o trasciende, liberada de la prisión del cuerpo? La pregunta queda suspendida en el aire, sin respuesta.

En este momento de carbonización, todo se reduce a la simplicidad de la materia, a la brutalidad de la transformación. El cuerpo, una vez un universo de sensaciones y emociones, se convierte en un montón de cenizas, un recordatorio de la impermanencia de la existencia.

Y, sin embargo, en esta destrucción, hay una forma de liberación, un retorno a la nada, a la pureza del no-ser. La carbonización, un proceso de desintegración, se convierte en un símbolo de la transitoriedad de la vida, un recordatorio de que todo es efímero, y que la única constante es el cambio.

Todo esto se siente como vivir fuera de ti, la única pregunta que recorre mi ser...¿que había pasado? Mi cerebro ya no puede pensar... El dolor de los vendajes apretándome la piel es insoportable

El techo del hospital fue lo único que vi, ¿qué me había pasado?....mientras mi mente trataba de recorrer esos momentos un fuerte dolor me atravesó el cuerpo, trate de gritar pero de mi garganta solo salio un suspiro, hasta hablar era terriblemente doloroso.

Lleve mi mano instintivamente a mi pecho, la opresión en este era tal q me costaba respirar, seguidamente note una máscara de oxígeno en mi rostro qué alivio un poco la sensación de ahogamiento.

Apoye mi mano atrás de mi espalda sobre el colchón logrando sentarme en la cama del hospital.

Pasando unos minutos mi vista comenzó a clarecerse logrando ver distinguidamente.

Trate de hablar pero denuevo, cualquier movimiento en mi garganta podía sentir como las heridas apenas cicatrizadas volvían a amenazar con abrirse.

Trate de tocar la zona afectada pero denuevo un horrible dolor hizo q por reflejo dejarse de tocarme la garganta.

Me envuelve una niebla densa y gris, como si el mundo alrededor mío se hubiera convertido en un lienzo de acuarela bajo la lluvia. La habitación comienza a girar, un torbellino lento y sin control, como una danza macabra que me arrastra hacia su vórtice.

Mi cabeza es un globo que flota, ligero y desprendido de mi cuerpo, que se siente anclado al suelo por una fuerza invisible. El aire se vuelve espeso, pesado, y me cuesta respirar, como si estuviera sumergiéndome en un mar de algodón.

Los sonidos se distorsionan, se convierten en un murmullo lejano y confuso, como si estuviera escuchando el mundo a través de una pared de vidrio. La luz se desvanece, se vuelve un resplandor difuso y céntrico, como si el sol se hubiera ocultado detrás de una cortina de niebla.

Me siento ingravido, suspendido en el aire, sin rumbo ni dirección. La sensación es aterradora y fascinante al mismo tiempo, como si estuviera al borde de un abismo y no pudiera evitar caer.

Pero entonces, como un susurro en mi oído, el mareo comienza a ceder, la habitación deja de girar, y yo vuelvo a sentirme anclado a la tierra. La niebla se disipa, la luz vuelve a brillar, y yo estoy de nuevo aquí, en este mundo, con mi cuerpo y mi mente intactos.

Logre volver a mantener mi vista fija y mire hacia abajo notando como mis manos estaban cubiertas de vendajes, sin dejar ni un solo atisbo de piel para ver, un suspiro sorprendido paso por mi garganta. Ardiendo como el demonio.

El mundo a mi alrededor aun se distorsionaba, con mis pocas fuerzas logré pararme al borde de la cama.

Agarrándome de el borde, note una canalización en mi muñeca, temblando agarre el tubo q sostenía el suero al qué estaba conectado.

A pasos temblorosos logre caminar, el miedo aún me invadia.

Me siento... diferente. Mi cuerpo es un mapa de dolor, un territorio arrasado por el fuego.

Recuerdo el accidente, el calor, el dolor, el miedo. La memoria es un torbellino de imágenes y sonidos que me golpean como un puño en el estómago. Me veo a mí mismo ardiendo, mi piel se quema, mi carne se derrite. Me veo gritando, aunque de mi solo salio un sonido ahogado. pidiendo ayuda, pero no hay nadie que me escuche.

La habitación comienza a girar, el blanco se convierte en un remolino de colores y texturas. Me siento mareado, nauseado, como si estuviera a punto de vomitar. Me esfuerzo por respirar, pero el aire no entra en mis pulmones. Me siento como si estuviera ahogándome en mi propio miedo.

La oscuridad se cierra sobre mí, un manto de desesperanza y miedo. Me siento atrapado, prisionero de mi propia mente. es un monstruo que me devora, que me hace revivir el accidente una y otra vez.

No hay escape, no hay refugio. Solo hay dolor, miedo y la certeza de que nunca seré el mismo.

Unas lagrimas calleron de mi rostro, junto con un sonido de ahogamiento haciendo ya mi débil respiración aun más complicada.

Sentía como mis manos me temblaban, este cuerpo....no es mio....estas marcas q avergüenzan......perdí todo....ya no soy el mismo de antes...todo esto...

Ya no es lo mismo de antes...ya no seré el mismo de antes....

Como si se tratara de una luz, la puerta de la habitación iluminó mi rostro, entre ellos pude distinguir a Krytiel...mi amigo...mi compañero....

Su rostro reflejaba cansancio...seguro por los horribles sucesos que me dejaron así en primer lugar....no podía escucharlo pero se acercó a mi con calma...con señas me indico que me sentará denuevo, trato de pones sus manos en mis hombros pero volví a sentir ese dolor horrible que hizo que el pelirrojo quitara las manos.

El antes mencionado se asusto pero recobrando la calma, uso señas para indicarme que debía acostarme...

Al hacerlo, me mire bien por primera vez desde que desperté, mis brazos estaban cubiertos de vendas, la camisa q usaba logre ver mi torso cubierto de quemaduras, este...ya no soy yo....











Olaaaaaaaa muy filosofico JAJAJAJA gueno pues espero q os guste

Demonios PasajerosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora