El camino hasta la casa de Scott se me hizo silencioso. La camioneta avanzaba por la ruta, el sonido del motor mezclándose con el murmullo del viento que entraba por la ventanilla apenas abierta. Jamie y Emma iban en el asiento trasero, uno a cada lado, mirando todo con atención, como si el mundo exterior todavía les resultara extraño. Alexia dormía contra mi pecho, ajena a todo.
Yo miraba el paisaje pasar, sintiendo una mezcla rara de alivio y miedo. Alivio por no estar sola. Miedo porque no sabía cuánto tiempo duraría esa sensación.
—Mamá está un poco nerviosa, pero feliz —dijo Scott sin apartar la vista del camino—. Cuando le conté que iría por ti y los niños… bueno, casi no me deja salir hasta traerlos.
Sonreí apenas.
—Gracias, Scott. No sé qué habría hecho sin esto —admití.
Él se encogió de hombros, como si no fuera gran cosa.
—Para eso está la familia, ¿no?
La palabra familia resonó en mi cabeza. Hacía años que no me sentía parte de una.
No tardamos mucho en llegar. La casa de Melissa era modesta, típica de un barrio tranquilo, con un pequeño jardín al frente y luces cálidas encendidas en el interior. Apenas la camioneta se detuvo, la puerta principal se abrió.
—¡Arell! —exclamó mi madre adoptiva, caminando rápido hacia nosotros.
Bajé con cuidado, sosteniendo a Alexia, y antes de poder decir nada ella ya me estaba abrazando con delicadeza.
—Estás aquí… estás viva —susurró, con la voz quebrada.
—Sí, mamá —respondí, cerrando los ojos un instante—. Estamos aquí.
Melissa se separó apenas para mirar a los niños.
—Jamie y Emma —dijo con una sonrisa suave—. Soy Melissa ¿se acuerdan de mí?
Emma se escondió un poco detrás de mí, pero Jamie dio un paso al frente.
—Hola —dijo, tímido.
—Pasen, por favor —nos indicó —. Deben estar agotados.
Entramos a la casa y el calor del interior me envolvió de inmediato. Olía a comida casera y a hogar, un olor que casi había olvidado. Ella nos guió por el pasillo.
—Preparé una habitación grande para ustedes tres… bueno, cuatro —corrigió al mirar a Alexia—. No es perfecta, pero es suya.
Me quedé quieta unos segundos, sin poder hablar. Una habitación. Un lugar propio.
—Gracias… —logré decir—. De verdad.
Esa noche, después de acostar a los mellizos y acomodar a Alexia en una cuna improvisada, me senté en la cama, exhausta. Todo mi cuerpo dolía, pero por primera vez el cansancio no venía acompañado de terror.
Aún había preguntas sin responder. Aún estaba Brenner allá afuera. Aún Once seguía desaparecida.
Pero estábamos a salvo.
Y por ahora, eso era suficiente.
Scott se asomó por la puerta, tocando la madera levemente con los nudillos. Al levantar la vista y encontrarme con su mirada, entendí que ese momento iba a llegar tarde o temprano. Miré a los niños, que ya dormían profundamente, y me acerqué a él en silencio. Salimos de la habitación y fuimos hacia la sala, donde Melissa ya nos esperaba. Sabía que ambos tenían demasiadas preguntas y que ya no podía seguir esquivándolas.
Nos sentamos en el sillón sin decir nada. El reloj de pared marcaba el paso de los segundos con un tic-tac constante que parecía amplificar el silencio. Mis manos temblaban ligeramente sobre mis piernas. Pasaron unos minutos así, hasta que reuní el valor para hablar.
ESTÁS LEYENDO
Amnesia ~Peter Ballard
FanfictionDespués de un tiempo Arellys es forzada a regresar a los laboratorios donde paso gran parte de su infancia y parte de su adolescencia.No recordaba mucho pero un viejo amigo del pasado la ayudará y de esa forma podrá resolver todo el rompecabezas en...
