capítulo dieciséis

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Las luces parpadearon y un escalofrío recorrió mi espalda. El hedor a sangre y muerte impregnaba cada rincón de la Sala Arcoíris. Mi mente no lograba procesar la imagen frente a mí. Niños. Cuerpos destrozados, ojos vacíos y extremidades dobladas en ángulos imposibles. Todo a su alrededor gritaba desesperación, y en medio de la escena estaba él: Henry.

Mi respiración era errática, mis piernas temblaban. Me llevé una mano al vientre y un dolor agudo me atravesó como un rayo. Bajé la vista y sentí la calidez de la sangre escurriéndose por mi pierna. Un hilo escarlata que marcaba la diferencia entre la vida y la muerte.

—¿Pero qué hiciste? —logré decir, aunque mi voz apenas era un susurro ahogado por el horror.

Henry avanzó lentamente hacia mí, su expresión impasible.

—Tenía que hacerlo, Arellys. Es la única forma de sacarte de aquí y de liberar a los niños.

Retrocedí instintivamente, mi espalda chocó contra la pared fría. Mi corazón latía con fuerza, cada bombeo enviando más sangre al suelo.

—¡Creí que eras de los buenos! —la voz de Once retumbó en la habitación. Su rostro estaba endurecido por la traición, sus ojos reflejaban el dolor de alguien que había perdido demasiado.

—Lo soy —respondió Henry, su mirada clavada en mí—. Por eso hice esto.

Mi visión comenzó a nublarse, el dolor se intensificó. No podía caer ahora. No después de todo lo que habíamos pasado. No después de que mis mellizos, mi niña y mi niño, lograron escapar de este infierno.

—Esto no es salvarnos… —murmuré con dificultad, sintiendo las contracciones mas fuerte que nunca —. Esto es condenarnos.

Henry extendió su brazo, intentando alcanzarme, pero Once se interpuso entre nosotros. Sus ojos ardían de ira.

—No dejaré que le hagas más daño —sentenció.

Las luces parpadearon con más intensidad. Sabía lo que venía. Sabía lo que Henry podía hacer. Pero ya no tenía miedo. No cuando mi única preocupación era mantenerme con vida… para volver a ver a mis hijos.

—No quiero hacerles daño, quiero ayudarlos —dijo Henry.

—¿Matando? —pregunté, sintiendo una mezcla de ira y desesperación—. Esto no está bien.

No solo había matado a los niños, también a los profesionales y guardias. El suelo estaba cubierto de sangre y el aire se volvía cada vez más denso, pesado.

Once estiró su mano y usó sus poderes contra él.

—No dejaré que hagas más daño.

Comenzaron a enfrentarse, la habitación tembló con la fuerza del choque de sus habilidades. Henry trató de resistirse, pero Once tomó el control y con un último grito lo estampó contra la pared con una fuerza descomunal.

—¡No! —gritó Henry—. ¡Arellys!

Un hoyo se abrió en la pared y lo devoró. Su grito se apagó en la oscuridad y el silencio se hizo insoportable.

Once se relajó, respirando con dificultad. Estaba llena de sangre, pero estaba bien. Nos quedamos en shock por un momento, hasta que un escalofrío recorrió mi cuerpo al escuchar una voz fría y familiar.

—¿Pero qué han hecho?

Volteamos y encontramos a "Papá" frente a nosotras. Su expresión era inescrutable, pero su presencia heló mi sangre.

—¡Ah! —grité cayendo de rodillas. Un dolor agudo me atravesó el vientre, arrancándome el aliento. El bebé estaba llegando. No podía ser aquí. No ahora. No quería que "Papá" se lo llevara como hizo con mis mellizos en el pasado.

Amnesia ~Peter Ballard Donde viven las historias. Descúbrelo ahora