CAPITULO 28

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Heeseung se acercó a una señora recostada en una hamaca y le preguntó por la familia Shim. Ella, sin siquiera mirarlo bien, señaló hacia el frente con un gesto vago y volvió a cerrar los ojos, ignorándolo por completo.

​-Ah, bueno... Muchas gracias -susurró Heeseung.

​Dudó unos segundos antes de avanzar hacia el portón. Tocó torpemente y el corazón se le dio un vuelco cuando la puerta se abrió, revelando a una mujer alfa que lo analizó de pies a cabeza con una mirada fría y cortante.

​-¿Quién es usted o a quién busca? -preguntó ella, con una voz que denotaba autoridad y desapego.

​-B-buenas tardes. Soy Lee Heeseung. Vengo de parte de Shim Jaeyun.

​Al escuchar ese nombre, la expresión de la mujer se endureció aún más.

​-No sé de quién habla. Lárguese.

​-Es su hijo -soltó Heeseung, no estaba seguro del todo que fuese su madre pero se parecía tanto a Jake que debía ser ella, entonces dio un paso al frente para evitar que le cerrara la puerta-. ¿Cómo puede dejarlo solo? Él los necesita.

​-Nosotros también lo necesitábamos a él -replicó ella, con un deje de amargura en la voz- pero decidió abandonarnos para irse a estudiar dibujitos de casas.

​-Con todo el respeto que se merece, no es forma de referirse a la carrera de su hijo -la interrumpió Heeseung, apretando los puños. Sentía que la rabia le quemaba el pecho-. Créame que es una profesión digna y Jake ha demostrado ser el mejor en ello. Pero eso ahora no importa... Él está en el hospital.

​Las palabras cayeron como un balde de agua fría. Los hombros erguidos de la mujer se relajaron de golpe y la rigidez de su mirada se quebró por un instante.

​-No puede odiar a su propio hijo solo por defender lo que ama -insistió Heeseung, bajando la voz.

​-¿Tú qué sabes de eso? -preguntó ella, tratando de recuperar su postura defensiva-. ¿Jake te lo dijo? ¿Quién eres tú para venir a reclamarme?

​-Soy Lee Heeseung -repitió, sosteniéndole la mirada-. El novio de su hijo.

​La mujer soltó una risa seca, carente de alegría.

​-Vaya... Veo que ese niño no pierde el tiempo. Ya se consiguió quien lo mantenga.

​-Señora Shim, él trabaja y estudia al mismo tiempo. Se rompe la espalda cada día y es un gran chico -declaró Heeseung, con una firmeza que no admitía réplicas-. Fui yo quien lo cortejó, y me costó la vida misma que me aceptara. Él es fuerte, sí, pero también es humano y los necesita.

​Heeseung miró hacia el interior de la casa; se sentía una atmósfera tan fría y vacía que comprendió el dolor que Jake cargaba en el alma. Sabiendo que no tenía otra opción, Heeseung dejó de lado su orgullo y se dobló en una profunda reverencia.

​-Por favor, déjeme llevarla con él. Se lo ruego.

​La mujer guardó silencio durante un largo y tenso momento. Finalmente, suspiró.

​-Bien. Vamos.

​En la habitación del hospital, Jake yacía sedado. Sus cabellos rubios, ahora un poco opacos, caian por su frente. Afortunadamente ya le habían retirado la máscara de oxígeno, y su suave y pausada respiración movía apenas los mechones rebeldes.

​La señora Shim se detuvo en el umbral de la puerta. Se quedó allí, estática, ladeando la cabeza como si le costara reconocer al niño que había criado.

​Tenía el cabello rubio.

Y una silueta alarmantemente delgada, mucho más de lo que recordaba.

​A pasos lentos, como si temiera romper el silencio, se acercó a la cama, se sentó en la silla lateral y, con una mano temblorosa, le acarició el cabello.

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⏰ Última actualización: May 18 ⏰

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