La Santa Muerte

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¿Duele morir? ¿O solo duele tener que irse?

Todos tenemos miedo a esta visita, de formas diferentes, pero todos tenemos miedo. Y como no tenerlo, si a lo largo de la vida la muerte nos visita y nos arrebata a quien menos pensamos, dejándonos en suspenso de quién será el siguiente.

Por mi parte me declaro enemiga de la muerte, y no porque no quiera morir, no porque tenga miedo a irme, soy enemiga de la muerte porque en cada llegada causa dolor.

La muerte, un sinónimo de paz al alma, nos destruye y nos mengua a los vivos; un día estamos bien y al siguiente buscamos por todos lados esa fuerza que nos ayude a levantar el ataúd y llevarlo hasta el panteón.

Si la muerte llegara por meritocracia, todos viviríamos como santos, para jamás decir adiós, por desgracia a la muerte le gustan más esos buenos amigos, esas buenas personas, esas almas llenas de luz; y es eso mismo lo que nos consume a los vivos, no importa la juventud, o la bondad que tengamos ni tampoco la buena salud de la que gozamos, la muerte puede estar esperando a la vuelta de la esquina.

Entonces nos vestimos de negro, agarramos valor y fuerza, cavamos un agujero en la fría tierra, vestimos y arropamos a nuestros seres amados, y los dejamos ahí, hasta que se haga uno con nuestra madre tierra de nuevo. Rezamos al creador, con la esperanza que esa sonrisa, esa bondad, ese amor que ellos tenían en su alma siga perpetuando, llegue hasta su presencia y le dé toda la paz que la muerte ofrece.

Y nos acostumbramos, nos hacemos una nueva rutina, llenamos el espacio físico que ocupaba esa persona, acostumbramos a nuestra mente a pensar en algo más, hasta que el tiempo hace lo que la muerte no puede: borrar a alguien por completo.

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⏰ Last updated: Mar 31 ⏰

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Dulce infiernoWhere stories live. Discover now