Cuando la canción de cumpleaños cesó, todos los presentes aplaudieron, felicitando a la pequeña Emma, que emocionada hacía el ademán de aplaudir a los demás y sonreír.
–¡Feliz cumpleaños a mi hermosa nieta! –mencionó la abuela de la pequeña, acercándose a donde estaba su yerno y la niña, quien aprovechó esa distracción para escabullirse de la celebración en dirección a la habitación, donde su esposa reposaba, dormida.
Una mueca triste se plantó en su rostro, y con paso sigiloso se acercó a ella, inclinándose lo suficiente para besar su frente.
Su piel estaba algo fría, a pesar de hacer calor afuera.
Su tez blanca, ahora lucía más pálida. O quizá él lo notaba así porque las ojeras bajo sus ojos eran oscuras y profundas.
Todos los días era la misma rutina, doctores desfilaban día tras día, ninguno con una respuestas certera de qué sucedía con su esposa. En el hospital había sucedido lo mismo, nadie sabía darle respuesta, y a pesar de que él prefería que Marinette se quedara en el hospital el tiempo necesario para ser observada, ella se negó, diciéndole que no le gustaban los hospitales y que quería estar cerca de su hija.
En casa, le administraban suero, venían doctores cada cierto tiempo a hacerle estudios, pero nada parecía tener efecto.
Y para él, era una agonía ver al amor de su vida en esa condición. Si pudiera hacerlo, tomaría su lugar sin dudarlo.
No la quiso despertar, ya que en los últimos días sus malestares eran más presentes, las jaquecas, náuseas y mareos le impedían siquiera levantarse de la cama, y parecía que solo cuando dormía nada le molestaba.
Beso con cuidado un costado de su cabeza, se aseguró de que el vaso con agua, la taza para el té, la tetera y el pequeño timbre qué instaló para que cuando ella necesite algo, se escuche en cualquier parte de la casa, estuvieran en orden. Cerró la puerta con cuidado, y cuando tenía pensado regresar a la pequeña reunión para celebrar el medio año de su hija, que se tuvo que posponer casi tres semanas más en espera de que su esposa se sintiera mejor, fue cuando la vió.
La mujer que había entrado a sus vidas hace menos de un año.
Aquella que le agradaba mucho a su esposa, tanto como para darle trabajo, querer pagarle la universidad, permitirle vivir con ella, cuidar de su familia, y también, de regalarle uno de sus vestidos favoritos.
El mismo que estaba usando para la fiesta, y que, combinado con el mismo color de cabello que del de su esposa, lo hacían desviar la mirada de vez en cuando a ella, y aquello le remordía de cierta forma.
Y aunque hubiera preferido evitarla, como lo ha estado haciendo desde que regresó a su casa, donde se limitaba a darle los buenos días, agradecerle por las cosas que hacía o pedirle alguna tarea, no lo conseguiría porque ahora ella iba en su dirección, cargando a su hija, quien dormía plácidamente contra su pecho.
Quien debía estar acercándose a él era su esposa. Con ese vestido y peinado, con un bello maquillaje y viéndose radiante, sonriéndole de forma cálida y quizá, también dándole un beso mientras sostiene a su hija.
Salió del ensueño de forma rápida, mirando solamente a su hija cuando ella se terminó de acercar a ellos.
–Disculpe señor, pero la pequeña Emmy se durmió y la llevaré a su cuna.
Adrien miró el rostro de su bebé, y no pudo evitar sonreír a la vez que la cargaba.
–Yo la llevo, gracias Lila.
La mujer asintió con la cabeza y se recomendó el escote, que se había bajado un poco después de cargar a la bebé. Ese gesto no le pasó desapercibido a él, y ella lo notó.
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SIN LÍMITE
FanficEstá historia es un poco convencional, con un lindo romance, y ¿un final triste?
