CAPÍTULO NUEVE:

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–No puedo creer que nuestra pequeña está creciendo tan rápido, dentro de unos días cumplirá seis meses –Adrien le habló con entusiasmo a su esposa, quien estaba sentada en el escritorio y su hija en una silla a un lado del mismo.

Adrien se acercó a ambas, primero beso un costado de la cabeza de su hija, quien dormía plácidamente en su silla, antes de besar la mejilla de su esposa.

–Sí, es grandioso –la mujer intentó aparentar normalidad, pero la verdad era que desde hace semanas atrás había comenzado a sentirse mal, más fatigada de lo usual, con menos apetito, dolores de cabeza cada vez más constantes que ninguna aspirina conseguía calmar. 

Intentó ocultarselo a su esposo, quien había tenido demasiado trabajo en ese último mes, y que pese a ello seguía cuidando a su hija en la madrugada cuando se llegaba a despertar. 

Marinette vió por un momento el rostro de su esposo, quien a pesar de lucir fatigado, le regalaba una cálida sonrisa y cómo era su costumbre entrelazaba sus dedos con los suyos para besar sus nudillos con cierta elegancia y coquetería mezcladas. 

Con ello supo que debía resistir un poco más, ya se había hecho estudios en una escapada después de una junta de trabajo, estaba en la espera de resultados y a partir de ahí, vería si la causa de sus síntomas eran una minoría o si tendría que decírselo a su esposo. 

Esperaba con fervor que fuera la primera opción y no tuviera que preocupar a su marido. 

–¿Nos vamos? –le preguntó su esposo, y espero pacientemente a que ella guardara sus cosas mientras él sujetaba la silla con su hija con una mano. 

Cuando Marinette terminó de guardar todo, Adrien se adelantó a tomar su bolso y colgarlo a su hombro a la vez que le ofrecía el brazo a su esposa para que lo tomara.

Ella no pudo evitar reír por lo bajo por el gesto a la vez que se sujetaba con ambas manos del brazo de su esposo y comenzaban a caminar en dirección al estacionamiento.

Para Marinette fue un alivio que pudiera ir agarrada al brazo de Adrien, ya que al ponerse de pie el mareo había empeorado y sentía que con cada paso comenzaba a perder más fuerzas. 

En el elevador, apoyó su cabeza en el brazo de su esposo y cerró los ojos un momento, pensando que de esa forma el mareo pasaría. 

–¿Marinette? –la voz de su esposo la hizo reaccionar, abrir los ojos y mirarlo con confusión.

–Perdón amor, me distraje. ¿Qué me decías?

–Que me tomé la libertad de pedir la cena esta noche, ¿está bien?

–Sí, sí. Gracias –le respondió ella, sintiéndose aún más mareada que hace un momento.

Desde que Lila ya no vivía todo el tiempo con ellos, ahora solo iba dos o tres veces por semana a hacer la limpieza mientras ellos estaban en el trabajo, Marinette se había vuelto a ocupar de las comidas del hogar y era algo que le encantaba, pero desde que comenzó a sentirse mal, había optado por pedir comida a domicilio o cenar fuera con su marido. 

Adrien tenía la sospecha de que algo pasaba, ya que antes tenía que batallar para que su esposa saliera de la cocina por un momento, y de un tiempo a la fecha no había querido ni poner un pie adentro. 

Además, también parecía un poco dispersa últimamente y más distraída, fue por eso que él comenzó a hacerse un poco más responsable sobre las actividades de su hija, bañando vistiendo, cambiando a la bebé cuando fuera necesario, arruyandola en las noches para que Marinette pudiera descansar un poco más y mientras se decidía a decirle lo que le estaba sucediendo. 

SIN LÍMITE Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora