Cuando Adrien llegó al instituto después de ser aceptado no era consciente de que sus planes de pasar desapercibido no le saldrían bien en lo absoluto.
Personas aparecían por todos lados y en todo momento, a hacerle preguntas sobre su vida o la de su padre.
Nunca fue bueno socializando, y tampoco intentaba hacer amigos, mantenía su distancia y seriedad que lo habían hecho ser excluido en algunas ocasiones.
Y creyó que así estaba bien, no le molestaba estar solo durante los recesos o de hacer sus trabajos grupales, individualmente.
Y sin embargo…
–¿Puedo hacer equipo contigo? –ahí estaba, aquella chica que se sentaba atrás de él, que a pesar de que él no le hablara, siempre le daba los buenos días, se despedía de él o le hacía algún favor como pasarle el lápiz que se le caía o pasarle su cuaderno cuando debían recogerlos del escritorio del profesor.
Él nunca fue amable con ella, y pensó que con él tiempo ella también se alejaría cómo lo habían hecho los demás. Inclusive antes de que ella le hablara, había escuchado a otra chica detrás de él decirle que no se le acercara, que era una mala idea.
Al parecer eso a ella no le importó, porque estaba frente a él, sonriéndole mientras esperaba una respuesta.
–Sí, está bien.
Aceptó él, y después de intercambiar números con la intención de ponerse de acuerdo más tarde, ella regresó a su sitio.
Y lo que comenzó con un trabajo escolar, desencadenó varias sesiones de estudios juntos, salidas con demás amigos, viajes vacacionales, hasta que, por primera vez, experimentó algo que no le agrado en lo absoluto.
Marinette había llegado finalmente a la fiesta de graduación de la cual él era anfitrión, pero no llegó sola, venía conversando con un chico y ella sujetaba su brazo.
Él ubicaba al chico por tocar la guitarra, y si habían llegado a convivir es porque era amigo de ella.
¿Por qué habían llegado juntos y tan cariñosos?
Al instante se arrepintió de no haberla invitado a ir con él como su acompañante, asumió que iría sola y que podría invitarla a bailar durante la fiesta.
¿Y sí a ella le gustaba él? O peor aún, ¿Y si era su novio y él jamás lo supo?
¿Y sí… ya era muy tarde para decirle que le gustaba?
O que iba mucho más allá de gustar inclusive.
¿Cómo podría decirle que cada que la ve, es ella en lo único en lo que pone atención, que los momentos que pasan juntos son tan gratos que él espera que jamás termine, que quiere llevarla a conocer muchos lugares a los que ella le ha platicado que quiere ir, sí tiene novio?
Quizá era ahora o nunca. Se armó de valor y se acercó a la pareja que acababa de llegar, quien saludaba al resto de sus amigos animadamente.
–Marinette –le habló, para llamar su atención. –¿Quieres bailar conmigo?
Ella, en vez de mirarlo con desagrado cómo él pensaba que iba a suceder, le sonrió ampliamente y asintió con la cabeza, tomando su mano y dejándose guiar hasta un lugar en la pista de baile que habían instalado en medio del salón.
–La decoración es fabulosa Adrien, ¿Tú elegiste todo? –quiso romper el hielo ella, como siempre lo había hecho cada que conversaban.
Pero él no quiso esperar más, era decirlo todo y quizá, morir en el intento.
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SIN LÍMITE
Hayran KurguEstá historia es un poco convencional, con un lindo romance, y ¿un final triste?
