CAPÍTULO QUINCE:

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Adrien abrió los ojos lentamente, sintiendolos más pesados y secos que de costumbre.

Su garganta también estaba reseca, y por un momento tuvo la sensación de que la habitación le daba vueltas mientras se incorporaba en la cama.

Por más costumbre que razón, miró el lado vacío de su cama a un lado, antes de frotarse los ojos y mirar al lado contrario, donde su hija estaba dormida.

Debía ir a trabajar, pero había algo en su cabeza que lo inquietaba.

Por instinto bajó la mirada a su ropa, que aunque estaba algo arrugada, no había nada extraordinario en ella.

Se levantó sigilosamente y se dirigió al baño, intentando encontrar algún detalle extraño en él frente al espejo, pero de igual forma, todo estaba normal.

¿Se lo habrá imaginado? ¿Habrá sido un sueño?

Uno más a la lista de los que ha tenido y se han sentido tan reales.

Quizá se estaba volviendo loco, y aquello le preocupó.

¿Qué sería de la pequeña si su madre había muerto y él no se encontraba en sus facultades mentales para cuidarla?

-¿Señor Agreste? -aquella voz, la de sus sueños, le hablaba fuera de la puerta del baño.

Un escalofrío recorrió su cuerpo antes de aclararse la garganta para responder.

-¿Sí?

-Su traje está listo, y el desayuno estará listo en cinco minutos.

-Gracias -le respondió casi de forma seria, inclinándose en el lavabo para lavarse la cara.

Debía tranquilizarse, o realmente perdería la cordura.

Salió de la habitación, donde encontró su traje en el perchero del armario pero no a Lila.

Se dirigió al armario, abriendo ambas puertas en busca de la bata de dormir de su esposa, la cual se encontraba doblada de la misma forma en la que había estado todo ese tiempo.

Tal vez, todo sí fue un sueño, o una pesadilla. y aunque intentaba dejar de pensar en eso, simplemente no podía. Era como si algo no encajara.

[...]

Adrien aflojó un poco el cuello de su corbata al llegar a casa, pero sin llegar a quitarla. Solo estaba encendida la luz de la lámpara de la sala, por lo que se dirigió a las escaleras hasta llegar a la habitación de Emma, donde efectivamente ahí encontró a su hija, en brazos de Lila en la mecedora, quien le leía un cuento.

-¡Señor Agreste! -habló con entusiasmo ella, dejando el libro a un lado mientras se ponía de pie, ya que como de costumbre cada que llegaba a casa, Emma se reía y estiraba los brazos para que su padre la cargara. -¿Ya viste quien llegó, Emmy? Llegó papá.

Adrien reprimió una mueca por ello, y acató el pedido de su hija de sujetarla en brazos.

-La cena está abajo, si quiere la caliento y-

-De hecho, ¿podrías hacerme un favor?

La castaña primero frunció levemente el ceño, pero después le sonrió y asintió de forma efusiva.

-El pediatra me mandó unas vitaminas pero olvide comprarlas, ¿crees poder ir a la farmacia antes de que cierre?

-¿La farmacia que está en la avenida? -preguntó ella, algo confusa -. Si gusta, puedo pedirlo en línea.

-Va a tardar mucho en llegar y quiero darle sus suplementos con su última cena, puedes llevarte mi coche si quieres -le propuso él, extendiendo las llaves del mismo.

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⏰ Última actualización: Aug 15 ⏰

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