CAPÍTULO CATORCE:

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La rutina de la familia Agreste comenzaba a estabilizarse un poco a lo largo de las semanas.

En las madrugadas, cuando Emma se despertaba llorando, Adrien se levantaba, tomaba a su pequeña en brazos y la arrullaba mientras bajaba a la cocina a prepararle el biberón. A veces Lila bajaba con ellos, calentaba el agua por él o le tarareaba la canción de cuna qué solía cantarle Marinette.

Adrien no decía nada, ya que esa canción funcionaba y a los pocos minutos, Emma volvía a dormir.

Volvían a subir, a intentar dormir hasta que tuviera que levantarse para ir a trabajar. Lila dejaba su traje listo todos los días, el periódico al lado del desayuno y el café listo, exactamente como le gustaba.

A veces, se llevaba a Emma con él al trabajo, y entre él y su padre cuidaban a la pequeña, y cuando no podía, Lila se quedaba con ella en casa.

Al regresar a casa, comía con Lila, quien intentaba hacerle la plática y él hacía un esfuerzo por no ser descortés, exceptuando un día que llegó, y encontró a Lila usando el mismo delantal qué usaba su esposa, escuchando una de las canciones que ella solía poner para cocinar.

El peinado recogido, el delantal, y la música le jugaron en contra. Estuvo a punto de ir y abrazar a esa mujer por la espalda, aunque no fuera su esposa.

Afortunadamente Lila se giró para verlo y él detuvo su andar a la cocina, le dijo que comería por esa ocasión en su estudio y se retiró, pensando casi toda la tarde en la tontería que estuvo a punto de hacer.

En las tardes, trabajaba desde casa mientras su hija tomaba su siesta o jugaba en la alfombra, le daba de cenar y la subía a acostar. Él se tomaba su café de las noches en compañía de la castaña, quien leía algún libro o veía su celular y después ambos iban a acostarse, en habitaciones separadas.

Un domingo temprano, cuando Adrien había decidido quedarse más tiempo en cama, mirando las fotos de su galería, recordando a su Marinette y mostrándole las fotos a Emma, quien solo parecía mirar el celular con atención, fue que llamaron a la puerta.

El rubio esperó que Lila abriera, y escuchó sus pasos acercarse a su habitación seguramente para decirle de quién se trataba.

-¿Señor Agreste? -la mujer golpeó la puerta antes de abrir. -Lo buscan abajo.

-¿Quién? -inquirió el rubio, levantándose.

-La señorita Cesaire con su esposo, y Luka Couffaine.

Adrien frunció el ceño ante la mención del último, pero no mencionó nada al respecto.

-Diles que en un momento bajamos, gracias Lila.

La mujer asintió y se retiró.

Adrien se apresuró a cambiarse de ropa y quedar presentable lo más rápido que pudo, mientras que no le pareció necesario cambiar el pijama de Emma por ahora, dado que se veía adorable como siempre.

Y bajaron en menos de diez minutos. La primera en saludarlo fue Alya, quien inmediatamente cargó a la bebé en brazos. Nino también lo saludo, intercambio algunas palabras respecto a su hija y finalmente su mirada cayó en el peliazul.

-Luka.

-Adrien.

-Vine a ver a Emma -se justificó Luka, sujetando a la niña que Alya le pasaba. Él la cargó con una sonrisa, mirándola atentamente. -Tiene los ojos de ella.

Adrien sonrió de lado, dándole la razón con ese gesto.

-Emma fue un enorme regalo que Marinette pudo dejarnos -argumentó la morena, con lágrimas en los ojos.

SIN LÍMITE Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora