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Bastián observó todo mientras fumaba un puro oculto detrás de las cortinas que daban a un balcón. Se había colado allí en cuanto su baile con Lady Lucinda terminó porque en el fondo solo pensaba en abandonar, en huir...

Pero no podía.

Por eso estaba allí, rodeado de damas casadas, hombres solteros hastiados del futuro y una debutante que soñaba con ver a su primo.

¿Qué demonios hiciste Damien?

La primera vez que le había preguntado sobre Bleiston no le tomó mucha importancia, era joven y curiosa, pero esta vez fue diferente. No supo si fue su tono de voz o el brillo en sus ojos, pero fue diferente. Más ansiosa, más...insaciable como si hubiese saboreado el mundo y deseara volver a probarlo.

¿Qué demonios hiciste Damien?

Vió a Connor entregar su mensaje junto a una nota que deslizó en el pantalón del pobre Osmán. No sabía lo que dijo, ni lo que contenía esa pequeña hoja de papel, pero podría imaginarlo.

Otra vez era Elise haciendo de las suyas como siempre.

Una parte de él seguía resentido por lo que esa mujer le instó a hacer en la fiesta de campo de los duques de York y por eso decidió intervenir y asistir a esa velada. No fue mucho, pero por lo menos ahora Lady Lucinda estaba advertida.

Si tan solo su “querídisima” Elise Volsano tuviera una debilidad que explotar las cosas serían diferentes.

Pero no la tenía, esa loca adicta al trabajo solo pensaba en dos cosas: su venganza y Damien. Y Damien no era su debilidad, sino su fortaleza.

Juntos eran imparables y todo el mundo lo sabía, por eso cada tanto el Consejo buscaba formas de separarlos, de sembrar dudas, de germinar celos e inseguridades y por primera vez tenían algo con lo que trabajar. O más bien “alguien”.

Pero ellos no lo sabían. Si lo supieran estarían rodeando a Lady Lucinda como aves carroñeras.

O quizás...quizás ya lo sospechaban. Recordó las palabras de Portia antes de asistir a esa velada.

Los sirvientes de Dickens están interesados en ella, en Lady Lucinda. Debes estar atento por si se presentan.

Mientras divagaba sobre ello un arbusto en el jardín llamó poderosamente su atención por la forma en la que se movía. No era el viento, quién lo guiaba, sino algo más...Algo más humano.

¿Un sirviente de Dickens quizás?

Guiado por la curiosidad Bastián apagó su puro y se encaramó en la baranda antes de saltar al balcón del primer piso. Luego sigiloso como un gato cayó en el jardín, lejos del ruido y las luces del salón, donde todo era oscuridad y sombras.

Caminó despacio para no llamar su atención mientras se acercaba. Quería tomarlo por sorpresa. Quería...

El sorprendido fue él cuando se dió cuenta de quién se trataba.

Celestine Miller.

¿Qué demonios hacía esa pequeñaja sola en el jardín?

La respuesta le llegó en forma de un gritito ahogado y un respingo. Bastián siguió la mirada de la muchacha hacia otro arbusto, donde una pareja se besaba sin descanso, ni pudor frente a su atenta mirada.

Pero qué demonios...

***

Celestine se relamió los labios nerviosa, debía irse y lo sabía, pero era la primera vez que se enfrentaba a la pasión de forma tan descarnada. Hasta ahora había visto muestras de afecto mucho más sutiles, más dulces, pero lo que presenció esa noche era diferente.

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⏰ Última actualización: May 18 ⏰

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