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La lluvia había terminado hacía varios minutos, pero el aire todavía conservaba ese olor húmedo que dejaba la ciudad después de las tormentas largas. Metí las manos en los bolsillos del abrigo mientras avanzaba por la acera casi vacía. Las luces de los postes se reflejaban sobre el pavimento mojado, deformándose cada vez que un auto atravesaba la calle.

Sentía el cuerpo extraño. Pesado. Como si la conversación con Javier hubiera removido algo que llevaba demasiado tiempo intentando mantener enterrado.

"Te extraño."

Todavía podía escuchar mi propia voz diciendo esas palabras. Y lo peor era que habían sonado reales. Más reales de lo que estaba preparado para admitir.

Seguí caminando sin demasiada prisa. La ciudad parecía más silenciosa a esa hora, como si incluso el ruido habitual del tráfico se hubiera cansado también. A lo lejos, algunas ventanas permanecían encendidas entre los edificios oscuros, pequeñas luces aisladas suspendidas sobre la noche.

Por un instante pensé en ti otra vez. Y sentí algo romperse suavemente dentro del pecho.

Desvié la mirada hacia el suelo mojado intentando contener el peso que comenzaba a instalarse otra vez dentro de mí, pero entonces ocurrió. La interrupción. Más fuerte esta vez.

El cuerpo se tensó antes de que pudiera reaccionar. El sonido de la calle pareció alejarse de golpe mientras una sensación violenta de desorientación me atravesaba la cabeza. Un pasillo oscuro. El eco de unos pasos. Tu voz diciendo algo que no logré entender. Después un golpe seco y violento.

Parpadeé con fuerza. Y durante un segundo no supe dónde estaba. Las luces, el ruido y el pavimento mojado bajo mis pies llegaron tarde. Escuché el claxon apenas un instante antes del impacto. El cuerpo reaccionó por reflejo, pero ya no había tiempo.

Una luz blanca atravesó mi visión y después sentí el golpe brutal contra mi costado. El aire abandonó mis pulmones de inmediato. Durante un segundo absurdo tuve la sensación de que el mundo entero perdía peso.

Y luego caí.

El pavimento golpeó mi cuerpo con una violencia seca que me arrancó cualquier posibilidad de pensar. Todo se volvió confuso. Fragmentado. Escuché voces, pasos corriendo y a alguien diciendo algo demasiado lejos, pero nada terminaba de llegarme completamente.

Intenté moverme y un dolor insoportable me atravesó el cuerpo antes incluso de lograr incorporarme. Solté el aire entrecortadamente y volví a caer contra el suelo mojado. La respiración me temblaba. Sentía algo cálido deslizándose por mi frente.

Las luces de la calle se deformaban sobre el asfalto húmedo, mezclándose unas con otras hasta volverse manchas borrosas e inestables frente a mis ojos. Y en medio de todo eso, pensé en ti. No en el accidente. No en el dolor. En ti.

Como si mi cabeza siguiera regresando al mismo lugar incluso cuando todo alrededor empezaba a derrumbarse.

"Benjamín."

La voz apareció entre el ruido distante. Por un instante creí que eras tú. Intenté levantar la cabeza, pero el cuerpo apenas respondió. El mundo volvió a inclinarse violentamente. Entonces sentí otra vez esa presencia.

Él.

No lo vi claramente. Nunca lo hacía. Pero estaba ahí. Al otro lado de algo. Observándome. La sensación me atravesó con una claridad enfermiza incluso en medio del dolor. Quise apartarla. Convencerme de que no era real, que solo era otra fractura más dentro de mi cabeza.

Pero esta vez se sintió distinto. Más cercano. Más presente.

El sonido de una sirena comenzó a acercarse a la distancia mientras las voces alrededor se volvían cada vez más confusas. Alguien tomó mi brazo. Otra voz dijo que no me moviera. Cerré los ojos apenas un segundo intentando recuperar el aire. Y entonces tu rostro apareció otra vez dentro de mi cabeza. La fuente. El parque. Tu voz diciendo: "Parar un poco."

Sentí una presión insoportable detrás del pecho porque entendí algo horrible en ese instante.

No importaba cuánto intentara seguir avanzando. Todo dentro de mí siempre terminaba regresando a ti. Después la oscuridad terminó tragándose el resto.

Cartas para nadieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora