Atando cabos

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Victoria respira del otro lado del teléfono, y yo me aferro a ese sonido como si pudiera decirme la verdad.

—Amor... —repite más despacio— no pasó nada. Cierro los ojos fuerte.

Quiero creerle, necesito creerle.

—Entonces por qué mierda desapareciste? —pregunto sintiendo mi voz romperse otra vez.

Escucho movimiento del otro lado. Una puerta cerrándose. Después silencio.

—Porque me peleé con Mauro —dice finalmente— Estábamos discutiendo por unas fechas y salí afuera a fumar.

Frunzo el ceño.

—Vos no fumás.

Silencio.

Uno mínimo, pero suficiente.

—A veces sí —responde más bajo— cuando estoy muy estresada.

Mi pecho se aprieta raro, nunca la había visto fumar, nunca.

—Y no podías atenderme? —pregunto tragando saliva.

—Tenía el celular muerto Vale, te juro.

Detrás suyo escucho el ruido lejano del aire acondicionado del hotel, su respiración cansada.

Y por un segundo... vuelve a sonar como ella, como mi Victoria.

—La chica del video... —susurro.

—No sé ni quién es.

Responde rápido esta vez, muy rápido.

—Se me acercó a hablar, nada más.

Me dejo caer lentamente en la cama, agotada emocionalmente.

—Me asusté mucho. La escucho suspirar.

—Yo también bebé... Cuando Mariana me mostró Twitter casi me da algo. —Se ríe apenas, nerviosa— Te juro que sentí horrible pensar que podías ver eso antes de hablar conmigo.

Muerdo el interior de mi mejilla y entonces aparece esa culpa horrible, la culpa por desconfiar.

—Perdón...

—No pidas perdón. —Su voz se vuelve suave enseguida— Entiendo cómo se veía.

Silencio.

—Te amo muchísimo Vale.

Ahí está, la frase que siempre logra destruir todas mis defensas.

Porque Victoria nunca fue demasiado buena hablando de sentimientos. Cada "te amo" suyo parecía arrancado a la fuerza del pecho y por eso dolía más.

—Yo también te amo...

—No llores más sí? —habla bajito— Te voy a llamar mañana apenas me despierte.

Asiento aunque no pueda verme.

—Okey.

—Prometeme algo.

—Qué?

—No leas Twitter.

Y me río apenas entre lágrimas.

—Muy tarde.

Victoria suspira del otro lado.

—Son unos hijos de puta.

—Un poco sí.

—Mírame.

Frunzo el ceño.

—Es llamada amor, no videollamada.

Me & She - Young MikoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora