Mi verdad

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La foto ocupa toda la pantalla, Victoria sentada en un sillón, una copa en una mano, luces de colores detrás, personas borrosas alrededor. Y sobre la mesa de vidrio frente a ella...

La línea blanca, perfectamente visible... Demasiado visible, como si alguien hubiera querido que fuera visible, mi estómago se cae al piso porque de golpe todo encaja, o parece encajar.

El video, sus silencios, las desapariciones, sus pupilas dilatadas, la conversación con Mariana, el bolso con polvo blanco aquella cita...Todo, absolutamente todo. Después de todo, había venido a despejar dudas y eso era lo que estaba obteniendo, un baño de realidad. 

...

Victoria sigue mirando la pantalla, como si estuviera viendo una tragedia.

Yo la estoy mirando a ella, y por primera vez desde que la conozco no sé qué pensar.

—Eso no es lo que parece.

Su voz rompe el silencio.

Bajita. Cansada.

—Entonces qué es. Pregunto.

Ella levanta la vista inmediatamente y puedo ver la desesperación real.

—Vale, te juro que no es lo que parece.

Mi pecho se aprieta porque quiero creerle, pero también quiero una explicación.

Y no me la está dando.

—Entonces explicámelo.

Victoria abre la boca y vuelve a cerrarla, como si no supiera por dónde empezar, como si supiera que cualquier cosa que diga va a sonar mal.

—¿Cuándo fue esa foto?

Pregunta Mariana.

Victoria se pasa ambas manos por la cara.

—No me acuerdo.

—¿Cómo que no te acordás?

—No me acuerdo la fecha exacta.

—¿Pero estuviste ahí?

—Sí.

—¿Es una fiesta real?

—Sí.

Cada respuesta empeora todo.Mariana cruza los brazos.

La conozco lo suficiente para entender que está procesando cosas, demasiadas cosas. Años de cosas. Y de repente ya no parece una manager, parece alguien revisando recuerdos, igual que yo.

—Victoria.

La voz de Mariana sale mucho más suave.

—Necesito que seas sincera conmigo.

La habitación queda inmóvil.

—Lo estoy siendo.

—¿Consumiste alguna vez?

Silencio, un silencio horrible, interminable.

Victoria baja la mirada y mi corazón se rompe un poco.

Porque si la respuesta fuera no...¿Por qué tarda tanto? ¿Por qué parece tan difícil?

...

—No.

Dice finalmente, pero ya es tarde porque la duda ya existe.

Y una vez que entra...Es imposible sacarla.

Mariana tampoco parece convencida, lo noto enseguida en la forma en que evita mirarla. En cómo aprieta la mandíbula y en cómo tarda unos segundos en responder.

—Okey.

Pero no suena como un "okey", suena como un "no te creo".

Y eso lastima a Victoria, lo veo, algo cambia en su cara, como una herida invisible. Pequeña pero profunda.

—Vos tampoco.

Susurra.

Mariana levanta la vista.

—¿Qué?

—Vos tampoco me creés.

Nadie responde, porque nadie puede responder.

Victoria deja escapar una risa amarga.

—Increíble.

—No es eso—

—Sí es eso.

Ahora me mira a mí y eso duele muchísimo más, porque preferiría que estuviera enojada. Pero no lo está. Está decepcionada.

—¿Tú también?

Pregunta. No sé qué decir, la verdad es que...No lo sé, no sé qué creer, no sé qué es verdad.

Y el silencio termina siendo una respuesta, la peor de todas. Victoria asiente lentamente.

Como si acabara de entender algo, como si acabara de aceptar algo.

—Claro.

Susurra.

—Perfecto.

—Vicky— su nombre sale de mis labios como una súplica

—No.

Por primera vez levanta la voz, no mucho, pero suficiente.

—No.

La habitación vuelve a quedarse en silencio.

—Estamos intentando entender—

—No.

Me interrumpe.

—Están intentando confirmar lo que ya decidieron creer.

La frase me golpea de lleno.

Porque una parte de mí sabe que tiene razón.

Victoria toma el teléfono de la cama, lo guarda, se pone de pie.

Y por primera vez desde que llegué a Texas siento distancia entre nosotras, distancia real, más dolorosa que los miles de kilómetros.

—Necesito aire.

Dice.

—Victoria— Habla Mariana

—Necesito salir de acá.

Su voz tiembla, a penas, pero tiembla.

Y antes de que alguna de las dos pueda detenerla, sale de la habitación. La puerta se cierra.

Fuerte, no de golpe, no con violencia. Pero sí con dolor.

...

El silencio que queda después es insoportable.

Mariana se deja caer lentamente sobre una silla, agotada. Yo sigo mirando la puerta, esperando que vuelva, esperando escuchar sus pasos, o cualquier cosa.

—¿Y si tiene razón?

Pregunto.

Sin apartar la vista de la puerta.

Mariana tarda varios segundos en responder.

—No lo sé.

Y por primera vez desde que la conozco, la escucho completamente perdida. Porque la verdad es que ninguna de las dos sabe si acaba de descubrir un secreto enorme, o si acaba de romperle el corazón a alguien inocente...

Me & She - Young MikoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora