Harry asomó la cabeza cuando escuchó el portazo, y frunció el ceño cuando vio a su esposo pálido y con una mueca de dolor. Louis había salido a uno de sus paseos mensuales misteriosos, pero había tardado de más, algo inusual en él.
Poco le importó no cerrar el agua de la canilla que estaba usando para lavar los platos, sino que se acercó directo a él. Louis tenía dolor en los ojos, y que no amagara a saludarlo con un beso le confirmó que algo estaba mal, muy mal.
-¿Qué te pasa? -Harry le ladró aterrado, en un ruso que le era conocido a la lengua.
-Un auto me pasó por arriba del brazo.
-¡¿Qué?! -El grito de horror se le escapó. Amagó a agarrarle el brazo, pero Louis fue más rápido para correrlo con un leve gesto de molestia-. ¡¿Cómo que un auto?!
-Deja de gritar, Harry, no estoy sordo -dijo hosco-. Dejaste el agua corriendo.
-Se va a la mierda el agua, Louis, ¿qué pasó?
-Ve a cerrar el agua, príncipe -siseó-. Iré a bañarme para ir al hospital.
-¿Cómo es que manejaste hasta aquí con el brazo así, por Dios? ¿Estás loco? -Pero Louis le rodó los ojos y se alejó hacia la habitación que compartían. Harry lo siguió-. No me dejes hablando solo, joder, dime qué pasó.
-Me empujaron, me caí y un auto me pasó por encima. -No tenía fuerzas para nada más que esa explicación. El brazo le dolía como el infierno y Harry estaba histérico, no era una buena combinación para su susceptible humor-. Cierra el agua, joder, la escucho correr hasta aquí.
-Nos vamos en cinco minutos al hospital -le avisó. Louis se limitó a agarrar ropa interior, y suspiró cuando se quedó solo. Harry era capaz de sacarlo en el medio de su ducha si creía que estaba tardando demasiado.
Harry se ocupó de cerrar la bendita llave del agua y se secó las manos con rapidez. Apretaba los dientes para serenarse, y funcionó porque pudo buscar los papeles médicos de Louis, todo el dinero que tenían en la casa, las tarjeta de débito y crédito y sus documentos y credenciales. Se cambió por ropa más decente y apenas esperó a que su esposo salga del baño para decirle que lo esperaría en el auto. Su tono era brusco, pero Louis podía leer el susto en su voz, y eso le hizo fruncir el ceño. Lo último que quería era preocupar a su príncipe, sabía bien lo mucho que los médicos lo angustiaban, y por eso mismo volvió a casa en vez de ir directo al hospital. Sabía que Harry se hubiese vuelto loco por tenerlo lejos, y más aún sin el auto para alcanzarlo. Podía soportar un poco más de dolor si eso significaba que su esposo no iba a sentirlo.
Se secó como pudo y se vistió con lo primero que encontró, sin saber si la ropa era suya. La bendita gata que Harry había adoptado apenas se movió de su torre junto a la ventana, se limitó a maullarle bajito como si se estuviera despidiendo. Solo por eso le dejó la luz prendida.
Harry ya tenía el auto en marcha cuando se subió. Lo ayudó a ponerse el cinturón cuando se sentó con extremo cuidado de no golpear su maltrecho brazo derecho, y no se quejó cuando le acarició con suavidad la lastimada extremidad. Le dolió como el infierno, pero si eso ayudaba a que su príncipe se sintiera mejor lo dejaría.
Arrancaron en silencio. La tranquera de la entrada estaba abierta, Louis la había dejado así, así que pudieron salir rápido. Harry estaba demasiado tenso, preocupado hasta los huesos, así que el ruso deslizó una mano por el muslo gordito de su chico y ambos se relajaron un poco. El tacto siempre sería su mejor remedio.
-Cuéntame qué pasó -casi rogó Harry. Soltó apenas el volante para sacarse de la cara un rizo molesto. Hacía años que llevaba el pelo corto, pero eso parecía ser un incordio en ese momento.
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Aeternam
FanfictionCuando Alekséi muere de imprevisto, Louis no duda en dejar el Bolshói atrás y tomarse el primer vuelo que puede conseguir a Londres, con la fantasía de dejar Rusia para siempre. Solo y por fin libre, su primera decisión es unirse a un circo para vol...
