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Leal se negaba así misma lo que acababa de ocurrir con sus amigos y siguió apartando piedras.

Una.

Otra.

Y otra más.

Sus dedos ya no distinguían el dolor, las uñas comenzaron a romperse contra las rocas, la sangre resbalaba por sus manos, pero ella no se detenía.

—No... Por favor...

Apartó una enorme viga con todas las fuerzas que le quedaban, pero nada. Solo había polvo y madera destrozada.

—¡Aurora!

La desesperación hizo que gritara hasta desgarrarse la garganta.

—¡Respóndeme!

Nada.

El refugio seguía crujiendo a su alrededor. Pequeños fragmentos del techo continuaban desprendiéndose muy cerca de donde se encontraba, y, un así, ella no se detenía ni se movía. Seguía cavando como si pudiera vencer a la montaña de escombros con sus propias manos.

Estas ya estaban más que lastimadas.

—Lo siento... —Las palabras comenzaron a salir entre sollozos—. Lo siento... Les prometí que estarían seguros... Les prometí que...

Sus brazos dejaron de responder y, segundos después, cayó de rodillas, pero sus manos permanecieron enterradas entre las piedras.

El devoto causante de aquello, seguía observándola desde su lugar, pero no dijo una sola palabra, ya no era necesario. Su silencio era mucho más cruel. Sin embargo... este fue interrrupido por un estruendo y un estremecimiento después...

El aire comenzó a volverse pesado.

El devoto dejó de sonreír y giró lentamente la cabeza para mirar como una figura emergió entre la nube de polvo.

Su largo abrigo negro estaba cubierto de ceniza, su respiración era agitada y sus ojos escarlata recorrían el lugar con desesperación.

—Leal...

Leal levantó apenas la cabeza en cuanto lo reconoció y las lágrimas empezaron a caer sobre su rostro sin parar.

Lucifer no soportó ver eso...

Se acercó de inmediato y en cuanto llegó hasta ella... cayó de rodillas a su lado. Tomó sus manos ensangrentadas entre las suyas y la miró con preocupación, pues en ese momento era capaz de sentir en gran dolor que la estaba consumiendo.

—Mírame.

Leal negó lentamente.

—No pude... No pude salvarlos... No pude evitar que...

Lucifer desvió la mirada hacia el montón de escombros, y su rostro perdió cualquier rastro de calma.

Volvió a mirar a Leal y la abrazó con fuerza, como si intentara impedir que terminara de romperse. Leal dejó de contenerse y se aferró a él con la desesperación de quien acababa de perder el mundo entero. De alguien que acababa de descubrir que el amor también podía convertirse en la herida más profunda.

Lucifer empezó a llenarse de impotencia, de ira y de desesperación. No sabía cómo calmar lo que ahora ella estaba sintiendo, no había manera de remediarlo y eso lo sabía perfectamente. 

El corazón de Leal ya había sido herido de esa cruel manera y él lo estaba presenciando sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Sólo podía mantenerla refugiada entre sus brazos, pero era ahí en dónde ella continuaba quebrandose por completo.

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⏰ Última actualización: 8 hours ago ⏰

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Luzbel. (En Curso)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora