cap 10 Lo llame oli por primera vez ❤

188 13 4
                                    


¿Ah? ¿enserio? ¿es idea mía o me acaba de ofrecer quedarme en su casa?

¿Lo habrá dicho de verdad? Quizás escuché mal... El oírlo decir eso provocó una serie extraña de nervios en mi cuerpo. Yo, ____, durmiendo en su casa... ¡no lo había imaginado antes! Creo que habría sido lo último que pudo pasar por mi cabeza.

- ¿Dormir en tu casa? -pregunté extrañada- ¿yo?

- Sí, ____. Tú -soltó unas carcajadas- No veo a nadie más aquí, ¿o sí?

Aw. Ha soltado una broma... ¡es como un avance! ¿será que le estoy agradando de apoco? O sea... por dios ____, claro que le agradas, si hasta te ha dado un abrazo muy tierno el otro día y hoy hubo un momento muy... cómo decirlo... especial.

- Es que... no sé si será correcto -yo siempre soy muy justa en ese aspecto. No suelo desobedecer órdenes de mi padre, ¿qué haría él si se enterara?

- Bueno, veámoslo de esta forma: te quedas aquí afuera, te enfermas gravemente y caes en el hospital. Tu padre se entera, le cuentas que dormiste todas las noches afuera y él te regaña por no haber buscado un lugar para alojarte. Eso suena mucho mejor que ir a la casa de alguien con quien has estado unos días, supongo. Será muchísimo mejor que quedarte en mi casa sin que nadie se entere...

- Si llegara a enfermarme... ¿sería muy grave? -pregunté algo nerviosa.

- Seguro que sí. Quizás hasta mueras -hizo una cara de desagrado- Imagínate ahí por la noche y al otro día estás más tiesa que una roca.

- No podría ser tan malo, ¿quién notaría mi ausencia?

- Yo la notaría -sonrió delicadamente, sus ojos tenían cierto brillo, eran hermosos- Anda, nadie se va a enterar.

- La gente aquí es muy chismosa -eso era muy cierto. Los vecinos siempre se andan fijando en lo que uno hace y si notan algo extraño los rumores corren hasta llegar a quien no debe. En este caso sería mi padre.

- Al diablo con los chismes. ¿Sabes qué? -alzó una ceja como si se le hubiera ocurrido una idea- Te llevaré conmigo quieras o no, ya tenga que hacerlo a rastras.

De un momento a otro me encontraba en los brazos de este chico. Me cargaba como si de un bebé se tratara. Yo pataleaba y reía, no podía parar. Le pedía que me bajara, que no iría a su casa, pero él hacía oídos sordos a mis súplicas. Mi risa hizo que él también se contagiara. Y entonces ya no era una guerra contra quien intentaba "secuestrarme", si no que era todo como un juego. ¡Me gustaba mucho estar así! Era como si no fuese yo, como si esto estuviera siendo diferente... como tener otra vida distinta a la mia...

Y supongo que ya saben lo que pasó después... nos subimos a su carro. Y para colmo lo extraño fue que estuvimos todo el camino callados, siendo que nos habíamos metido dentro con la risa más grande de nuestra vida por así decirlo.

- Llegamos -dijo mientras estacionó el carro frente a la puerta de su casa. Sonreí tímidamente para luego abrir la puerta.

Nos bajamos al mismo tiempo y caminamos hacia la puerta que daba a su jardín. Él puso la llave y la abrió. Entramos y volvió a cerrarla. Caminamos hacia la otra puerta, que ahora daba entrada a la casa. Al hacerlo y estar adentro admiré lo hermosa que era, tal y como lo hice la última vez que había estado ahí.

- ¿Qué te parece si cenamos algo? -propuso mientras se sacaba su chaqueta y la colgaba en un perchero que estaba arriba del primer escalón hacia el segundo piso.

- Me parece bien -acepté sonriente. La verdad si tenía algo de hambre.

- ¿Qué te gustaría? -preguntó cortésmente- Soy un asco cocinando, pero si quieres ordenamos pizza o hamburguesas... tú dime.

En medio de mi soledad (oliver sykes y tu )Donde viven las historias. Descúbrelo ahora