cap 11 vamos entrando en confianza

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Woah. Era cierto. Él tenía razón. Era la primera vez que lo llamaba Olí . Pero tampoco es para tanto, ¿o sí? Es que... no sé por qué, pero nunca quise llamarlo Olí fue accidental se me salio . Aunque ahora que me doy cuenta, me gusta. Sí, se siente bien. Se siente bien llamarlo olí .

- ¿Pasa algo con eso? -le pregunté curiosa.

- No -se apresuró a decir- Es solo que ha sido raro. No me lo esperaba.

- Talvez tengas razón -solté unas pequeñas risas.

- Pero me ha gustado -comentó- Podrías hacerlo más seguido.

- ¿Enserio?

- Sí.


Nos quedamos callados luego de esa pequeña charla. Supuse que ahora debíamos dormir. Cerré los ojos sin cambiar de posición en la que estaba acostada e intenté hacer que me diera más sueño para así poder dormirme. Pero en ese entonces recordé lo de mi casa. Si no tenía las llaves y estaba todo cerrado, ¿qué iba a hacer? ¿cómo iba a entrar el resto de los días? ¿iba a tener que quedarme aquí hasta que papá llegara? Quizás, no lo sé. Pero es mejor que mañana piense en eso. Porque estoy segura de que Oliver bueno oli me ayudara:)


HORAS DESPUÉS...


Sonó el celular haciendo que pegara un brinco. O sea, en realidad no sonó, sino que vibró. Pero como estaba en la mesita de noche y la madera barnizada era sólida, hacía un ruido algo fuerte.


Estiré mi mano lo más rápido que pude, lo cogí, me paré de la cama y me fui rápidamente al baño, para así no hacer que oliver se despertara. Al entrar cerré la puerta con seguro, me paré frente al espejo y atendí.


- ¿Hola? -respondí tratando de parecer normal. Mi corazón aún latía rápido por el susto que me había dado el estúpido aparato.

- Hija, que bueno que has contestado -habló mi padre. Se notaba sereno y tranquilo- ¿cómo has estado?

- Bien, supongo. ¿Y tú? ¿Cuándo vas a volver?

- Hija, recién llevamos poco tiempo de luna de miel con Michelle, recuerda que hemos venido por dos meses -soltó unas risas. Me sentí algo triste, aunque tenía razón- Pero bueno, yo estoy muy bien.

- Lo sé... y qué bueno -traté de poner mi voz más animada, no quería que se pusiera mal o que luego me regañara, qué se yo.

- ¿Qué has hecho estos días? ¿has llegado tarde a casa? Sabes mis reglas -ya empezó.

- No he hecho nada de otro mundo, papá. Y no he llegado tarde a casa -mentí- sé tus reglas.

- Eso espero, porque de lo contrario no te gustará el castigo que te impondré -me avisó- Bueno, ya debo irme. Era una llamada corta, solo para saber cómo estabas, porque con Michelle saldremos del hotel para ir a la playa. Cuídate, hija. Te llamaré pronto.

- Está bien... tú también. Voy a esperar tu llamada -no era ni tan enserio, como que no tenía muchas ganas tampoco- Diviértanse.

- Gracias. Adiós.

- Chao -dicho eso, colgué.

Dejé el móvil al lado del lavamanos. Apoyé mis manos en el contorno de este, me apoyé y alcé la cabeza para poder verme al espejo. Es la rutina de mi vida estar sin mi padre o que no note mi presencia. A veces se me olvida que hace un tiempo me prometí a mi misma no amargarme por su falta de atención hacia mí. Tengo que ignorar todo eso y solo centrarme en mi vida, ¿de qué me sirve ponerme mal por la culpa de otras personas? No gano nada.


En medio de mi soledad (oliver sykes y tu )Donde viven las historias. Descúbrelo ahora