Christian
Han pasado tres años desde que Felipe se fue del internado y hoy, por fin, termina mi reclusión aquí. Voy caminando con Frank, riéndome de las cosas que hemos hecho, de los líos en los que nos hemos metido pero, aunque mi boca parlotee y mis pies caminen, yo no estoy en este lugar, estoy en mi habitación, un Domingo hace tres años.
Lo recuerdo, lo que sentí cuando desperté y no estaba. Al principio creí que era una broma por lo que no presté atención y volví a dormirme, pero al caer en mi subconsciente mis sueños me revelaron cosas que no había visto. Cuando desperté tomé la carta del velador y la leí 5 veces, cada vez me costaba más distinguir las letras que estaban en el papel, las lágrimas no me dejaban ver.
...Si te despertaba no me podría ir...
Decía la primera línea.
Te amo, nos vemos dentro de tres años.
Decía la última línea.
Solo espérame afuera del internado en tu graduación, yo iré a buscarte porque, sé que lo que más querré es verte.
Decía el Post Data.
Entré a este internado con 16 años, era un niño tímido y sin rumbo. Ahora salgo con 20 años, con un amplio historial de problemas y rebeldía, con un piercing en la lengua, con la estúpida esperanza de ver a Felipe cuando salga hoy por la puerta principal. Felipe tendrá ahora 23, quizás me haya olvidado, quizás hasta tenga una familia, quizás haya muerto. Pero aún pienso en él, aún tengo guardada su carta, aún duermo en su cama.
Pestañeo y estoy sentado en la ceremonia de despedida con mi certificado en la mano. El cielo hoy está lindo, las nubes tapan en su totalidad al sol, pero los pequeños agujeros que la luz encuentra para llegar a la tierra, iluminan lo justo y necesario; un halo de luz cae donde está el director recitando su discurs..., otro más grande ilumina la salida. Miro a Frank que observa detenidamente su reloj.
-¿Es hora? -Pregunto, el entusiasmo recorre mis venas despacio y luego más y más rápido.
-Falta poco -dice nervioso, no haya la hora de salir de aquí.
Un «buena suerte» de nuestro director es la última frase del discurso, el cielo se ilumina de fuegos artificiales. Abrazo a Frank y grito de felicidad. Chicos de las secciones humanistas nos abrazan y felicitan, los científicos no. Da igual, nunca fui lo suficientemente cercano a mi sección, sin Frank hubiera estado solo estos 5 años... Sin Frank, sin Felipe, sin Colton.
Intento seguir conversando pero la salida es imposible de evadir. Ya no quiero salir, tengo miedo. Me mantuve firme estos tres años porque mi meta era este día; salir y ver a Felipe esperándome, que me abrazara y me besara y me dijera que nos fuéramos juntos a su departamento. Pero ¿Qué pasa si el no está?
-Camina más rápido tortuga, hay que salir de aquí lo más rápido posible -dice Frank empujandome la espalda con sus ansiosas manos -quiero ver a Colton.
Frank y Colton nunca dejaron de hablarse, su relación es estable la mayoría del tiempo, los celos juegan a veces malas pasadas pero ambos se adoran y eso es más poderoso que cualquier fisura en su amor.
La puerta esta cada vez más cerca y me siento débil, no quiero llegar a ella y darme cuenta de que él no está.
Tengo miedo.
Tengo miedo.
-Tengo miedo -digo, y Frank me escucha.
Mis manos tiemblan, mis pies no caminan, me detuve a pocos metros de la salida. Todos los demás pasan por mi lado, pero siento que no hay nadie; solo la puerta y yo.
Unas manos toman mis hombros con firmeza y ya no siento que floto.
-Tranquilo, Felipe estará ahí.
Hace mucho que no escucho su nombre, mi corazón se detiene y siento como la tierra comienza a tragarme.
-¿Cómo estás seguro? -Mi voz se quiebra, no lloro, pero me rompo de la misma manera que si estuviera llorando.
-No estoy seguro, pero algo me dice que él estará -dice tomándome la mano -Tranquilo. Él está ahí.
Me aferro a su mano y él da el primer paso, me guía hasta la puerta. Hago el intento de volver atrás pero la mano de Frank es tan sólida que me quita el miedo.
Las grandes puertas están abiertas y puedo ver, mientras me acerco, que todos los chicos abrazan a sus familiares, intento ver si alguien está para mí, pero no veo nada. Mi corazón se encoge, papá no estará, mamá tal vez. Pero yo solo quiero ver a Felipe.
La voz de Colton se esparce por el espacio y me cuesta poquísimo encontrarlo; con pantalones de chandal color caqui que se aprietan a los tobillos y una camisa floreada azul, que combina con su color de piel bronceada. Se saca sus lentes de sol y alza la mano, suelto a Frank y lo incito a que vaya pero él pone su brazo en mi espalda y me lleva consigo. Colton está solo, Felipe no está.
Felipe no está.
Colton me mira y se sorprende con mi cambio, era de esperarse; pelo rapado a la izquierda y un piercing en el mismo lado, tatuajes en los brazos y piernas. La verdad es que entiendo su sorpresa..., las mujeres se cortan su cabello al terminar una relación, bueno, yo fui más extremo.
-Están tan grandes los dos -dice sonriendo, toma la mano de Frank y lo besa.
Giro la cara para no ver el espectáculo de lenguas cuando veo mi oasis del desierto.
Al principio creo que alucino, le digo a mi mente que Felipe ya no está en nuestras vidas. «es él» me dice mi cerebro «ve con él». Mis pies se mueven con lentitud, no sé qué pensar, el calor me marea y el miedo de que él no sea Felipe me hiela los huesos.
El chico me mira y yo lo miro, estoy temblando de terror, retrocedo un paso y me preparo para huir cuando él alza la mano. Me está saludando.
Es él.
Con su sonrisa juguetona.
Es él.
Con sus ojos de avellana.
Es él.
Mi corazón estalla en electricidad y me muevo más rápido que mi mente, no sé qué diré ni que haré cuando esté con él pero no tengo tiempo para pensar, corrí tan rápido que ya estoy a pocos metros de él. Felipe extiende sus brazos y mi cuerpo salta sobre él. El contacto de su cuerpo con el mio libera una energía que llega a mis ojos..., y lloro como lo hice hace tres años.
Esperé tanto este momento, tenía tantas cosas pensadas; lo iba a ignorar o le iba a hablar como si nada hubiera pasado, como si tres años hubieran sido un fin de semana sin él. Pero no puedo obligarme a hacer algo por el estilo, porque lo amo igual que como lo amaba antes, mis sentimientos no han cambiado. Podré haber cambiado por fuera pero mi corazón sigue teniendo el mismo dueño.
Me libero de sus brazos, tiro de mis mangas para que tapen mis manos y me seco las lágrimas con ellas. No sé qué decirle, comienzo a balbucear y mirar al piso. Me estoy desesperando.
-Yo también te extrañé -me dice dejando sus palmas en mis hombros.
No puedo no sonreír con él.
-Aún te amo -Le digo sin pensar y lo veo sonreír, con esos bellos hoyuelos en las mejillas.
Mi corazón escucha fuerte y claro. Aún te amo, aún te amo.
-Yo siempre te amaré -dice él.
Acerca sus labios a los míos y me besa.
Y ya sé que no necesito nada más que a él.
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Atrapado con el demonio
Dla nastolatkówDe la noche a la mañana la vida de Christian cambió. Su madre decidió que un internado era lo mejor para su educación. El Internado Vertumno es el mejor instituto del país. Pero adentro le esperan muchas sorpresas... como su nuevo compañero de habit...
